Guerra a muerte en Doñana: la falta de presas lleva al lince a comerse las crías del milano, que se exilia del parque
La mano del hombre y el cambio climático pueden alterar de manera radical un ecosistema. Y si no que se lo pregunten al milano negro, que en Doñana es el perdedor en la “carrera armamentística” que ha iniciado el lince, que se ha lanzado a por sus polluelos ante la falta de presas, especialmente conejos pero también otras aves. Esto está provocando el exilio de las rapaces del parque, lo que a su vez nos trae a un inesperado vencedor colateral como es el mochuelo, que va al alza al tener un voraz enemigo menos.
Así lo apunta un estudio publicado este miércoles en Nature, en el que se constata una reacción en cadena en Doñana a cuenta no sólo de la sequía, sino también de una enfermedad. Ésta en concreto es una vinculada a la actividad humana que ha diezmado la presencia de conejos, presa principal para linces y milanos, que históricamente han convivido sin mayores problemas.
Ahora, en cambio, el felino es capaz de trepar 12 metros por un árbol para llegar a un nido de esta rapaz y devorar sus polluelos, “un nivel de depredación que no tiene precedentes” y que ha provocado de que en un año se haya arrasado con la mitad de las crías de toda la población. Este “repentino conflicto” tiene además un patrón común: se produce sólo en los daños de sequía.
De paso, se quita rivales
El investigador principal de este estudio, Fabrizio Sergio, de la Estación Biológica de Doñana, apunta que la falta de agua provoca a su vez que haya menos patos, integrante principal del menú del lince cuando falta el conejo. Pero si no hay ni una ni otra presa, el que paga los platos rotos es el milano negro, con otra particularidad: la depredación de polluelos es más intensa en los árboles bajo los cuales se encuentran restos de conejos.
¿Qué significa esto? Pues todo apunta a “una posible motivación adicional”, que el lince aprovecha para eliminar competidores. “En términos humanos, podríamos decir que aquellos milanos que se atrevían a quitarles el alimento a los linces acababan pagando un precio muy alto”, subraya Sergio. “Los linces han sido capaces de eliminar casi la mitad de la población total de crías volantonas de milano”, lo que no es poca cosa.
Como consecuencia de todo esto, los milanos adultos a los que les han esquilmado el nido tienen una mayor probabilidad de cambiar de territorio, exiliándose del parque. “Esta respuesta sugiere una carrera armamentística de eliminación de competidores y contramedidas evasivas por parte de las víctimas”, apunta la investigación.
El mochuelo, tan feliz
Pero lo que son malas noticias para el milano lo son buenas para una de sus presas favoritas, el mochuelo, cuya población ha aumentado. Un “efecto en cascada” del que se ha beneficiado este pequeño búho insectívoro.
La “alteración de esta relación entre depredadores” provocada sobre todo por la sequía ha acabado por afectar a “eslabones tróficos más bajos”. En definitiva, que el cambio climático “está alterando las interacciones entre especies y su combinación con otras amenazas puede desencadenar consecuencias inesperadas y amplificarlas”.
¿Y qué se puede hacer para revertir esto que está pasando? Según el equipo científico, en el caso concreto de Doñana hay que recuperar las poblaciones de conejo y garantizar un régimen de inundación adecuado en las marismas del Guadalquivir, de modo que se mantenga la disponibilidad de presas y se reduzca la vulnerabilidad de estas especies frente a las sequías. Otra cosa es lo que piense de esto el mochuelo, claro.
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