Réquiem por el consenso lingüístico
Finalmente, el día 25 de junio, por obra y gracia del Partido Nacionalista Vasco, con el apoyo de EH Bildu, expiró su último aliento el consenso lingüístico en Euskadi. El final estaba escrito. Las dos propuestas de reforma de ley de empleo público, aparentemente distintas, apuntaban a un objetivo común, el corazón del consenso, la eliminación del índice de obligado cumplimiento que ancla la demanda de perfiles a la realidad sociolingüística del territorio.
Aquel PNV que impulsaba el euskera desde la acertada premisa institucional de que “cada una de las administraciones públicas vascas sea reflejo fiel de la comunidad humana a la que ha de servir” , ha decidido que ese reflejo no le vale, que se apunta a liderar la transición entre propuestas provenientes de la misma tradición política. El resto de tradiciones políticas, aquellas que aspiraba a unir EH Bildu, no existen en ese marco mental limitante de la Euskadi monocolor, nacionalista, con elites bien protegidas en la promoción educativa, en el acceso al empleo, y, fiscalmente, en el acceso a la Sanidad privada (en este caso da igual si las y los médicos tienen perfil, por cierto).
Conviene resaltar otros daños colaterales, empezando por el consenso en favor de la convivencia plurilingüe, objetivo de la diana nacionalista . Esta expresión es molesta para Markel Olano, pero es perfectamente compatible con pasar de largo ante la realidad de nuestras sedes vandalizadas. Otra consecuencia es la propia seguridad jurídica, a nuestro juicio muy tocada con una propuesta que deja en manos del libre albedrío de la administración de turno la dimensión de la perfilación exigida. Queda lejos del espíritu del propio Estatuto de Gernika cuando habla en su artículo 6.2 de regular la cooficialidad “teniendo en cuenta la diversidad sociolingüística del País Vasco” para garantizar el uso del euskera y del castellano.
Otro daño que conviene apuntar, para no olvidarlo, es el reputacional. En la sociedad vasca a la que aspira Markel Olano se disimula a través de discursos migratorios buenistas para quedar bien delante del Papa, mientras se avala que la Policía autonómica publique perfiles sobre el origen de las personas detenidas, se veta la creación de centros de personas refugiadas o se consolidan políticas segregadoras en el ámbito educativo.
El informe de Save the Children y ESADE sobre la equidad educativa en España y en las comunidades autónomas de 2022 corrobora con datos que, en Euskadi, el alumnado de origen migrante presenta una probabilidad significativamente mayor de repetir curso que sus compañeros. Es una probabilidad que ha aumentado en el periodo que analiza el informe (2018-2022). Los estudios coinciden en señalar que esta diferencia se explica principalmente por la desigualdad socioeconómica y la alta segregación escolar, la comunidad con la segunda más alta conforme al citado informe. Detrás de los datos hay familias. La de Mohamed, la de Amir, la de Sara, la de Lucas. No toco de oídas. Soy aita de una escuela pública donde el perfil de las y los niños que repiten es coincidente con ese análisis.
Pero hay más daños colaterales en este clima generado, también desde la política institucional, donde se vive con normalidad que expulsen a una organización de la Korrika, que sindicatos se manifiesten en contra de sentencias que salvan puestos de trabajo, o que se acuse falsamente a una organización como la nuestra de liderar “no sé qué” complot contra el euskera.
Hablo, por ejemplo, de la fractura social que se está generando también en entornos, incluso de la escuela pública, y progresistas, donde hay padres y madres que entienden que sus hijas e hijos sólo deben relacionarse con aquellas familias cuya lengua principal es el euskera. No entraré a juzgar a esas familias, pero sí me atrevo a afirmar que este hecho, que alguno juzgará como normal, me parece un signo de la anormalidad peligrosa de ese país soñado por Markel Olano que aspira a proteger a una comunidad pura lingüísticamente, parte de la cual es capaz de corear “Ojalá” de Silvio Rodríguez mientras invita a sus hijos a no relacionarse con los hijos de la persona que limpia su casa. Internacionalismo selecto.
Este sumatorio de factores, a saber, la eliminación del índice de obligado cumplimiento en la exigencia de perfiles, la consecuente exclusión en el acceso al empleo público, la segregación educativa no deseada y la segregación social alentada por este contexto de anormalidad vasca que señalaba antes, multiplicado por una realidad demográfica que nos dice que el crecimiento de la población de Euskadi se va a sostener sobre población migrante que representará una cuarta parte de la población total en unos años, puede dar como resultado el daño colateral más peligroso de todos. Es el daño a la convivencia. Es, como afirmaba Joan Subirats hace poco, la imposibilidad de construir un nosotros en una sociedad que acabe generando dos mundos paralelos, uno que decide y otro que obedece. O, lo que es lo mismo, uno de élites, con acceso prioritario a los mejores empleos, y otro que sirve.
Este obituario del consenso lingüístico puede servir, por desgracia, para anunciar el nacimiento de la prioridad nacional a la vasca. Nosotras vamos a trabajar por abortar esta pretensión, con la firme esperanza de que los sectores pluralistas de la tradición nacionalista consigan sumar al resto de tradiciones políticas vascas que configuran un país tan complejo, tan único y tan singular, como mestizo, plural y diverso.
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