Recuperan los restos de Mikel Alberdi, primer gudari asesinado en la Guerra Civil: “Le mataron, pero su memoria vive”

Maialen Ferreira

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Mikel Alberdi, nacido en 1907, es considerado el primer gudari asesinado del Ejército Vasco. Vecino de Tolosa, donde ejercía de telegrafista, estaba casado con María Esnaola Errazkin, y ambos eran padres de un niño de apenas unos meses cuando le mataron, el 16 de agosto de 1936, en Albiztur. Alberdi era miembro del movimiento político Jagi-Jagi, destacado dirigente de Gipuzko Mendigoizale Batza y apoyó la creación de Euzko Gudarostea, el ejército creado por el Gobierno Provisional del País Vasco durante la Guerra Civil española. Cuando se encontraba defendiendo un punto estratégico entre Bidania y Albiztur, en Gipuzkoa, llamó a la puerta de un caserío sin esperar que, tras la puerta, individuos le recibirían a tiros. Murió al instante.

Casi 8.000 de las 21.000 víctimas de la Guerra Civil en Euskadi siguen enterradas en paradero desconocido

Más

Dos días después y tras unas negociaciones, el comandante durante la Guerra Civil del Euzko Gudarostea, Cándido Saseta, consiguió recuperar el cuerpo de Alberdi y sus compañeros lo trasladaron a hombros hasta la Basílica de Loyola. “El último adiós que se le dio a Mikel Alberdi está recogido en una fotografía y es muy simbólica, porque al ser el primer asesinado durante la Guerra Civil, hay cuatro personas a los cuatro lados del féretro, cuidándolo. Según las fotografías fue una despedida multitudinaria en la que participó su familia y amigos, pero también conocidos gudaris”, explica la antropóloga de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Lourdes Herrasti, investigadora del caso.

Después de aquello la mujer y el hijo de Alberdi, al que también llamaron Mikel, se marcharon a vivir a Cataluña. “Decidieron no transmitirnos ni la información ni la lengua. Nosotros no sabíamos dónde estaba enterrado porque en casa nunca lo habían mencionado, pero mi hermana y mis sobrinos a través de la esquela de mi padre contactaron con gente en Euskadi y el hilo se ha ido estirando y se ha ido conociendo todo. Mikel Alberdi era mi abuelo, el abuelo que nunca llegué a tener”, sostiene 86 años más tarde Nuria Alberdi, una de sus nietas. La búsqueda llevada a cabo por la Sociedad de Ciencias Aranzadi desde que conocieron que su familia en Cataluña quería encontrar los restos de Alberdi tuvo éxito, pues estos se encontraban en el cementerio de Zarautz, en una tumba que guardaba los restos de varias personas. La abrieron y, al realizar comprobaciones entre los restos allí hallados y los del hijo de Alberdi, también fallecido, resolvieron el enigma: se trataba de Mikel Alberdi.

Le mataron, pero no perdió la vida, porque su memoria sigue entre los que estamos aquí

Este domingo los familiares de Alberdi han viajado desde Cataluña hasta Tolosa para encontrarse con los restos de su abuelo. Sin embargo, no han querido trasladarlos con ellos de vuelta, han preferido dejar que “descanse en la Euskadi por la que luchó”. “Pasar la memoria a la siguiente generación es importante, porque es nuestra historia. Él nunca se hubiera imaginado que sus descendientes vivirían en Cataluña, de hecho él hubiera querido que hubiéramos estado en Euskadi. Entonces llevarlo a Cataluña era llevarlo al exilio, por eso tenía que quedarse en Euskadi y, como nuestra abuela siempre nos habló de Tolosa, vimos que era ahí donde tenía que estar”, reconoce la nieta.

“Sus amores fueron nuestra abuela y Euskadi y luchó por ellos con todas sus fuerzas. Inteligente y apasionado, montañero, gran conocedor del territorio, con solo 29 años fue uno de los máximos dirigentes del Gipuzko Mendigoizale Batza. Cuando en julio del 36 se produjo la sublevación militar, se unió a las compañías que combatieron a los golpistas a pesar de las reticencias de los miembros de Jagi-Jagi a intervenir en una guerra española, que pensaban que no iba con ellos. Dejaba en casa mujer e hijo para defender su tierra. Un mes después fue a verlos y regresó a su puesto. Al día siguiente perdió la vida. Era el primer combatiente del Euzko Gudarostea muerto en acción de guerra”, ha expresado este domingo Nuria Alberdi durante el acto en Tolosa en el que han recuperado los restos de su abuelo.

La guerra tuvo responsables y víctimas. Sólo en el primer mes de la sublevación murieron 161 gudaris y milicianos, 141 de ellos en Gipuzkoa, Mikel Alberdi fue uno de ellos

“Nuestro abuelo era un hombre de valores, un hombre de fe, con ideales, y un amor que le llevó a dar todo lo que amaba por los que amaba. Murió demasiado joven, pero su muerte no fue en vano. Le mataron, pero no perdió la vida, porque su memoria sigue entre los que estamos aquí. Por su único hijo le nacieron tres nietos, once bisnietos y ya siete tataranietos y un octavo en camino. Él no pudo vernos crecer, pero nosotros guardamos su recuerdo y como compartimos la misma fe, creemos que volveremos a encontrarnos por toda la eternidad. Hoy no es un día triste, sino alegre”, ha concluido la nieta en su discurso.

Por su parte, la consejera de Igualdad, Justicia y Políticas Sociales y responsable de las políticas de memoria, Beatriz Artolazabal, que ha estado presente en el acto, ha reiterado el compromiso del Gobierno vasco con una construcción de la memoria histórica y democrática basada en el derecho a la verdad. “Derecho a la verdad que deje sentado que la Dictadura no fue un paréntesis histórico, sino un negro y largo túnel que duró 40 años. Cuarenta años de represión, negación de las libertades y vulneración de los derechos más básicos. La guerra tuvo responsables y víctimas. Sólo en el primer mes de la sublevación murieron 161 gudaris y milicianos, 141 de ellos en Gipuzkoa, Mikel Alberdi fue uno de ellos”, ha recordado la consejera.

Mikel Alberdi, nacido en 1907, es considerado el primer gudari asesinado del Ejército Vasco. Vecino de Tolosa, donde ejercía de telegrafista, estaba casado con María Esnaola Errazkin, y ambos eran padres de un niño de apenas unos meses cuando le mataron, el 16 de agosto de 1936, en Albiztur. Alberdi era miembro del movimiento político Jagi-Jagi, destacado dirigente de Gipuzko Mendigoizale Batza y apoyó la creación de Euzko Gudarostea, el ejército creado por el Gobierno Provisional del País Vasco durante la Guerra Civil española. Cuando se encontraba defendiendo un punto estratégico entre Bidania y Albiztur, en Gipuzkoa, llamó a la puerta de un caserío sin esperar que, tras la puerta, individuos le recibirían a tiros. Murió al instante.

Casi 8.000 de las 21.000 víctimas de la Guerra Civil en Euskadi siguen enterradas en paradero desconocido

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Dos días después y tras unas negociaciones, el comandante durante la Guerra Civil del Euzko Gudarostea, Cándido Saseta, consiguió recuperar el cuerpo de Alberdi y sus compañeros lo trasladaron a hombros hasta la Basílica de Loyola. “El último adiós que se le dio a Mikel Alberdi está recogido en una fotografía y es muy simbólica, porque al ser el primer asesinado durante la Guerra Civil, hay cuatro personas a los cuatro lados del féretro, cuidándolo. Según las fotografías fue una despedida multitudinaria en la que participó su familia y amigos, pero también conocidos gudaris”, explica la antropóloga de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Lourdes Herrasti, investigadora del caso.

Después de aquello la mujer y el hijo de Alberdi, al que también llamaron Mikel, se marcharon a vivir a Cataluña. “Decidieron no transmitirnos ni la información ni la lengua. Nosotros no sabíamos dónde estaba enterrado porque en casa nunca lo habían mencionado, pero mi hermana y mis sobrinos a través de la esquela de mi padre contactaron con gente en Euskadi y el hilo se ha ido estirando y se ha ido conociendo todo. Mikel Alberdi era mi abuelo, el abuelo que nunca llegué a tener”, sostiene 86 años más tarde Nuria Alberdi, una de sus nietas. La búsqueda llevada a cabo por la Sociedad de Ciencias Aranzadi desde que conocieron que su familia en Cataluña quería encontrar los restos de Alberdi tuvo éxito, pues estos se encontraban en el cementerio de Zarautz, en una tumba que guardaba los restos de varias personas. La abrieron y, al realizar comprobaciones entre los restos allí hallados y los del hijo de Alberdi, también fallecido, resolvieron el enigma: se trataba de Mikel Alberdi.

Le mataron, pero no perdió la vida, porque su memoria sigue entre los que estamos aquí

Este domingo los familiares de Alberdi han viajado desde Cataluña hasta Tolosa para encontrarse con los restos de su abuelo. Sin embargo, no han querido trasladarlos con ellos de vuelta, han preferido dejar que “descanse en la Euskadi por la que luchó”. “Pasar la memoria a la siguiente generación es importante, porque es nuestra historia. Él nunca se hubiera imaginado que sus descendientes vivirían en Cataluña, de hecho él hubiera querido que hubiéramos estado en Euskadi. Entonces llevarlo a Cataluña era llevarlo al exilio, por eso tenía que quedarse en Euskadi y, como nuestra abuela siempre nos habló de Tolosa, vimos que era ahí donde tenía que estar”, reconoce la nieta.

“Sus amores fueron nuestra abuela y Euskadi y luchó por ellos con todas sus fuerzas. Inteligente y apasionado, montañero, gran conocedor del territorio, con solo 29 años fue uno de los máximos dirigentes del Gipuzko Mendigoizale Batza. Cuando en julio del 36 se produjo la sublevación militar, se unió a las compañías que combatieron a los golpistas a pesar de las reticencias de los miembros de Jagi-Jagi a intervenir en una guerra española, que pensaban que no iba con ellos. Dejaba en casa mujer e hijo para defender su tierra. Un mes después fue a verlos y regresó a su puesto. Al día siguiente perdió la vida. Era el primer combatiente del Euzko Gudarostea muerto en acción de guerra”, ha expresado este domingo Nuria Alberdi durante el acto en Tolosa en el que han recuperado los restos de su abuelo.

La guerra tuvo responsables y víctimas. Sólo en el primer mes de la sublevación murieron 161 gudaris y milicianos, 141 de ellos en Gipuzkoa, Mikel Alberdi fue uno de ellos

“Nuestro abuelo era un hombre de valores, un hombre de fe, con ideales, y un amor que le llevó a dar todo lo que amaba por los que amaba. Murió demasiado joven, pero su muerte no fue en vano. Le mataron, pero no perdió la vida, porque su memoria sigue entre los que estamos aquí. Por su único hijo le nacieron tres nietos, once bisnietos y ya siete tataranietos y un octavo en camino. Él no pudo vernos crecer, pero nosotros guardamos su recuerdo y como compartimos la misma fe, creemos que volveremos a encontrarnos por toda la eternidad. Hoy no es un día triste, sino alegre”, ha concluido la nieta en su discurso.

Por su parte, la consejera de Igualdad, Justicia y Políticas Sociales y responsable de las políticas de memoria, Beatriz Artolazabal, que ha estado presente en el acto, ha reiterado el compromiso del Gobierno vasco con una construcción de la memoria histórica y democrática basada en el derecho a la verdad. “Derecho a la verdad que deje sentado que la Dictadura no fue un paréntesis histórico, sino un negro y largo túnel que duró 40 años. Cuarenta años de represión, negación de las libertades y vulneración de los derechos más básicos. La guerra tuvo responsables y víctimas. Sólo en el primer mes de la sublevación murieron 161 gudaris y milicianos, 141 de ellos en Gipuzkoa, Mikel Alberdi fue uno de ellos”, ha recordado la consejera.

Mikel Alberdi, nacido en 1907, es considerado el primer gudari asesinado del Ejército Vasco. Vecino de Tolosa, donde ejercía de telegrafista, estaba casado con María Esnaola Errazkin, y ambos eran padres de un niño de apenas unos meses cuando le mataron, el 16 de agosto de 1936, en Albiztur. Alberdi era miembro del movimiento político Jagi-Jagi, destacado dirigente de Gipuzko Mendigoizale Batza y apoyó la creación de Euzko Gudarostea, el ejército creado por el Gobierno Provisional del País Vasco durante la Guerra Civil española. Cuando se encontraba defendiendo un punto estratégico entre Bidania y Albiztur, en Gipuzkoa, llamó a la puerta de un caserío sin esperar que, tras la puerta, individuos le recibirían a tiros. Murió al instante.

Casi 8.000 de las 21.000 víctimas de la Guerra Civil en Euskadi siguen enterradas en paradero desconocido

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Dos días después y tras unas negociaciones, el comandante durante la Guerra Civil del Euzko Gudarostea, Cándido Saseta, consiguió recuperar el cuerpo de Alberdi y sus compañeros lo trasladaron a hombros hasta la Basílica de Loyola. “El último adiós que se le dio a Mikel Alberdi está recogido en una fotografía y es muy simbólica, porque al ser el primer asesinado durante la Guerra Civil, hay cuatro personas a los cuatro lados del féretro, cuidándolo. Según las fotografías fue una despedida multitudinaria en la que participó su familia y amigos, pero también conocidos gudaris”, explica la antropóloga de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Lourdes Herrasti, investigadora del caso.

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