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El 8M en Cáceres se divide en dos convocatorias: la manifestación general y el bloque del feminismo abolicionista

Más de 2000 personas, jóvenes y mayores, en la concentración reivindicativa

Sandra Moreno Quintanilla

8 de marzo de 2026 15:26 h

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La movilización principal, con alrededor de 2000 personas, partió a las 13.00 horas desde la Plaza de América, conocida popularmente como La Cruz, y recorrió las vías del centro hasta la Plaza Mayor, donde se dio lectura al manifiesto bajo el lema 'Igualdad. Derechos. Justicia. Acción'.

Como cada año, desde la Plataforma de Mujeres por la Igualdad se hizo un llamamiento urgente a la ciudadanía para defender los avances logrados y alertar sobre posibles retrocesos. En su manifiesto, las convocantes recordaron que la igualdad efectiva sigue siendo una tarea pendiente y defendieron que sin igualdad no hay democracia ni libertad. Entre sus principales reivindicaciones destacaron la defensa de derechos que no se negocien ni se recorten, el derecho a vivir sin violencia en todas sus formas —incluidas las agresiones sexuales, la trata o la explotación—, el acceso al aborto seguro sin trabas territoriales y la necesidad de recursos públicos para una conciliación corresponsable que no recaiga solo sobre las mujeres. También reclamaron una educación afectivo-sexual basada en el respeto.

La marcha estuvo acompañada por la Escuela Profesional de Danza y la batucada Santuka de Fuego, cuyo ritmo festivo generó, como cada año, un debate interno en el movimiento. Mientras algunas voces ven en la música una forma de movilización y visibilidad, otras critican que el 8 de marzo sea tratado como una fiesta en lugar de una jornada de reivindicación política frente a las desigualdades estructurales.

Paralelamente, el colectivo abolicionista 'María Telo' se concentró en el Paseo de Cánovas para reivindicar los principios que consideran fundamentales de la agenda feminista. Esta asociación decidió convocar un acto propio al no compartir posiciones de la manifestación general, como la presencia de colectivos que defienden la regulación de la prostitución o que no condenan la gestación subrogada. Las participantes sostuvieron que no quieren marchar detrás de pancartas donde convivan posturas que consideran formas de explotación de las mujeres e incompatibles con el feminismo. Durante su acto, defendieron la abolición de la prostitución, la pornografía y los vientres de alquiler, así como la eliminación de los estereotipos sexistas que convierten el cuerpo femenino en objeto de mercado.

Las abolicionistas, en el Paseo de Cánovas

Las abolicionistas subrayaron además la importancia de preservar la categoría jurídica y política de mujer. A su juicio, si desaparece esta referencia, resulta imposible identificar y combatir las discriminaciones específicas que afectan a las mujeres como grupo social. Allí mismo se ha informado de la Propuesta de Ley Orgánica Abolicionista del Sistema Prostitucional -LOASP-.

En este sentido, también hay corrientes que están advirtieron sobre la progresiva desaparición de la terminología que nombra a las mujeres como sujeto político en discursos institucionales. Pusieron como ejemplo la propia sigla '8M' que, al reducir la jornada a una letra y un número, elimina del nombre a las protagonistas de la lucha. Para estas corrientes, cuando el lenguaje deja de nombrar a las mujeres, se corre el riesgo de que se difuminen las realidades de discriminación de la mitad de la población y se pierda la capacidad transformadora del movimiento.

Pese a las diferencias, ambas convocatorias coincidieron en denunciar el machismo estructural y en advertir sobre el avance de discursos reaccionarios. En los manifiestos se señalaron especialmente los discursos de odio, la misoginia y el papel de la extrema derecha en la difusión de narrativas que niegan la violencia machista o relativizan la desigualdad.

La jornada reivindicativa en Cáceres reflejó así los debates actuales del feminismo en el resto de España, donde conviven visiones más integradoras y, por lo tanto, más flexibles, con otras posturas que exigen mantener los principios históricos del movimiento sin perder, bajo ningún concepto, de vista los objetivos reales del feminismo.

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