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Economía sin atajos: Cuerpo y la reivindicación del conocimiento experto

El ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, interviene durante una sesión plenaria en el Senado
27 de marzo de 2026 10:25 h

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Entre el ruido, la prisa y la confrontación, la figura de Carlos Cuerpo emerge como una excepción: un responsable económico que reivindica el valor del conocimiento experto y la calma institucional. Su llegada a la Vicepresidencia Primera del Gobierno simboliza un giro hacia el blindaje técnico en plena incertidumbre global y confirma la apuesta por una gestión donde el dato pesa más que el eslogan. Este movimiento del Gobierno, impulsado por el presidente, Pedro Sánchez, tras la salida de María Jesús Montero hacia la arena andaluza, no es solo un movimiento de piezas en el tablero; es la consolidación de un modelo de gestión donde el dato no es un accesorio, sino el cimiento de la credibilidad.

El relevo encierra una carga simbólica que redefine una etapa. Por primera vez en años, una vicepresidencia deja de tener nombre de mujer, rompiendo la secuencia marcada por Carmen Calvo, Nadia Calviño y la propia Montero. Este giro hace una grieta en la apuesta por la igualdad, y a la vez subraya una prioridad distinta: el blindaje técnico de la economía española ante un escenario geopolítico fracturado por la crisis en Oriente Próximo y la sombra de los aranceles globales.

Cuerpo es el reverso del político de aparato. Su currículum, forjado en la Universidad de Extremadura, la London School of Economics y consolidado en la Comisión Europea y la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) describe a un profesional que entiende los mercados y las instituciones comunitarias desde dentro. Esa falta de trayectoria orgánica en el PSOE es, paradójicamente, su mayor activo: le permite ejercer una suerte de “tecnocracia con propósito”, centrada en diagnósticos compartidos y no en la adaptación táctica a unas siglas.

Esta fórmula explica por qué su departamento es, de forma sostenida, el mejor valorado del Ejecutivo. Según el barómetro del CIS de enero de 2026, Cuerpo no solo encabeza la tabla, sino que es el único miembro del gabinete que logra el aprobado ciudadano, con un 5,27. La economía española, ajena al desgaste de otros ministerios, ha transitado con una estabilidad inusual. No se trata de invisibilidad, sino de una eficacia que silencia el ruido: cuando España lidera el crecimiento de la OCDE con un 2,8% al cierre de 2025, el relato se escribe solo.

Sin embargo, el éxito de Cuerpo no reside únicamente en la macroeconomía fría. Su gestión intenta humanizar el rigor a través de lo que él define como “actuar con guante de seda”. Lo vemos en iniciativas que trascienden el titular inmediato: la creación de la Autoridad de Defensa del Cliente Financiero y el Consejo Nacional de la Productividad no son meras estructuras burocráticas, sino cortafuegos institucionales diseñados para proteger a la ciudadanía frente a los abusos y evaluar el impacto real de las políticas públicas en el día a día.

Ese equilibrio entre control y operatividad se palpa en su agenda legislativa para este año. Medidas como la limitación de intereses en los créditos al consumo, que ahora exige un periodo de reflexión de 24 horas antes de aceptar una oferta, o la flexibilización de sistemas como Verifactu para no asfixiar a las pymes en su digitalización, demuestran que la técnica puede estar al servicio de la prudencia social.

Finalmente, hay un componente biográfico que otorga a su figura una autenticidad singular. Nacido en Badajoz y formado en la educación pública, Cuerpo encarna el éxito del ascensor social. Su “extremeñidad” no es un adorno folclórico; es la prueba de que se puede llegar al núcleo del poder económico europeo desde la periferia, sin necesidad de sobreactuaciones ni estridencias.

Ante los desafíos que restan —la emergencia de la vivienda, la integración de la inteligencia artificial o el aterrizaje final de los fondos europeos antes de agosto de 2026—, el liderazgo de Carlos Cuerpo plantea una lección de madurez democrática. En tiempos de máxima incertidumbre, la política más útil no es la que más grita, sino la que mejor sabe usar el conocimiento experto como herramienta de justicia. Su marca personal, discreta pero firme, empieza a dejar un eco difícil de pasar por alto.

Conviene recordar que no es la primera vez que Extremadura proyecta perfiles de relevancia en la política nacional. La figura de Magdalena Valerio, al frente del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, ya evidenció la capacidad de la región para situar talento en posiciones de responsabilidad institucional, con una gestión marcada por el conocimiento de lo público y la cercanía a los problemas reales. Anteriormente fueron: Alberto Oliart, María Antonia Trujillo y Celestino Corbacho.

Y si se amplía la mirada histórica, pasando por alto la época de la dictadura franquista, el eco conduce inevitablemente a Manuel Godoy, valido de Carlos IV y probablemente el extremeño que mayor poder acumuló en la estructura del Estado, convertido en figura central de la política española a finales del siglo XVIII. Dos contextos, dos estilos y dos épocas radicalmente distintas, pero un mismo hilo de fondo: la presencia, intermitente pero significativa, de Extremadura en los espacios donde se decide el rumbo de nuestro país.

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