No hay mirlos blancos, ni mirlas blancas
Obtuve la callada por respuesta. No desvelaré aquí los debates internos de aquella asamblea, pero sí expresar, por responsabilidad y con humildad, mi posicionamiento, por si pudiera ser de utilidad. Aprendí de Guillermo Fernández Vara que es imprescindible hacer un buen diagnóstico para aplicar un tratamiento eficaz. En diciembre de 2025 el PSOE de Extremadura, con Gallardo como candidato —un dirigente experto en ganar elecciones municipales— y con un proyecto regional renovado en el XV Congreso celebrado en Plasencia en enero de 2025, recibió la espalda de la ciudadanía extremeña. Se perdieron 10 diputados, 108.210 votos y se produjo una caída de 14,18 puntos respecto a las últimas elecciones con Guillermo en mayo de 2023.
Si se profundiza algo más en los datos, se observa que en las 32 localidades más pobladas de la región se perdieron 54.407 votos, es decir, más del 50 % del total. Aún más grave resulta lo ocurrido en Badajoz, donde el PSOE no gobierna el ayuntamiento desde hace más de 30 años y donde VOX adelantó al PSOE. Esta misma circunstancia —el adelanto de VOX y el relegamiento del PSOE a la tercera posición— también se produjo en localidades tan importantes como Almendralejo, Navalmoral de la Mata, Trujillo, Talayuela o Valencia de Alcántara.
Estos dos hechos —la pérdida de 10 diputados de una tacada y el adelanto de VOX en varias localidades relevantes— revisten una gravedad que debería haber provocado la convocatoria urgente del Comité Regional por parte de la Comisión Gestora. En cambio, puede afirmarse que la gestora, en cierta medida, “secuestró durante semanas al Comité Regional”, asumiendo funciones que los Estatutos encomiendan a este órgano. Se trató a la militancia como si fuera menor de edad: los “jefes” son quienes saben lo que pasó. Además, se cargó la responsabilidad de la derrota exclusivamente sobre Gallardo y su ejecutiva, mientras se intentaba buscar, en una suerte de mesa camilla, un candidato de consenso para la Secretaría General. Alguna responsabilidad tendrán que asumir, motu proprio, en la debacle del 21D los secretarios generales y las ejecutivas de esas 32 localidades, así como las ejecutivas provinciales.
Para el PSOE de Extremadura, el 21D ha supuesto el final de un ciclo político virtuoso que comenzó con el gran triunfo electoral de Guillermo Fernández Vara en 2007, con 38 diputados y 352.342 votos, con el paréntesis de 2011 con Monago. Si ampliamos el foco, se observa que entre mayo de 2007 y diciembre de 2025 el PSOE de Extremadura perdió 20 diputados —de 38 a 18—, 216.325 votos —de 352.342 a 136.017— y 27,28 puntos porcentuales —del 53 % al 25,72 %—.
Esta es la cuestión central: ¿por qué los extremeños y extremeñas dieron la espalda al PSOE de Extremadura? Sugiero, para la reflexión y el debate, cuatro claves.
Primera: la incapacidad para leer los cambios de la sociedad extremeña. El PSOE de Extremadura no ha sabido interpretar adecuadamente la evolución y las nuevas demandas de la sociedad extremeña. Los estudios del CIS vienen señalando de forma reiterada cuáles son las principales preocupaciones de la ciudadanía en la región: el acceso a la vivienda, el empleo digno, la lucha contra la precariedad laboral —que afecta incluso a miles de personas con empleo— y la necesidad de una conectividad interna y externa propia del siglo XXI, especialmente demandada por los jóvenes para no quedar encerrados y condenados en sus pueblos o en la región. Sin embargo, el partido no ha sido capaz de ofrecer respuestas claras, creíbles y sostenidas en estos ámbitos.
Segunda: la desconexión con militantes, votantes y ciudadanía. El PSOE de Extremadura ha dejado de escuchar, no solo a sus militantes, sino también a sus votantes tradicionales y al conjunto de la ciudadanía. Esta falta de escucha se traduce en una pérdida progresiva de valores esenciales de la izquierda: respeto, empatía, educación política, cercanía y solidaridad real, no meramente retórica.
Tercera: la ausencia de una apuesta decidida por el talento y la meritocracia. Se ha normalizado con excesiva frecuencia la mediocridad en determinados cargos, tanto orgánicos como institucionales. La falta de experiencia profesional previa al acceso a responsabilidades públicas se ha convertido en un problema recurrente. Son numerosos los casos de personas que inician su trayectoria en las Juventudes Socialistas y aspiran a desarrollar toda su vida laboral en el ámbito público, sin un proyecto profesional alternativo. Esta dinámica empobrece la toma de decisiones y limita la innovación y la capacidad transformadora del partido.
Y cuarta: un viejo proyecto regional superado que ha generado una Extremadura hemipléjica. Aprendí de Juan Carlos Rodríguez Ibarra un principio fundamental de la gobernanza política: la cohesión social y territorial es esencial. Repetía con insistencia que “es mejor ir más despacio, pero ir todos juntos en el equilibrio territorial, en las inversiones y en los servicios de la región”. En los últimos años este principio se guardó en un cajón: se predica mucho, pero la realidad es otra.
Algunos ejemplos lo ilustran: el cierre de las dos “fronteras ferroviarias” en la provincia de Cáceres mientras se mantienen abiertas las dos puertas ferroviarias en la provincia de Badajoz; el incumplimiento durante 15 años del Estatuto de Autonomía al no crear el Personero del Común; la centralización de museos, consorcios, eventos y servicios regionales principalmente en Badajoz y Cáceres, y en menor medida en Mérida; o la paralización durante 11 años en Moraleja de la vertebración del territorio norte con la autovía autonómica EX-A1.
A ello se suma la centralización de los 1.000 millones de euros que en este momento se están ejecutando en proyectos singulares —sin contar vivienda— por parte de la Junta de Extremadura y del Gobierno de España: más de 580 millones en Cáceres y 430 entre Mérida y Badajoz; para el resto, apenas quedan migajas. Todo ello tiene una consecuencia clara en el crecimiento poblacional durante la etapa autonómica de Badajoz, Cáceres y Mérida. Se habla de luchar contra la despoblación, pero se favorece la concentración interna en estas tres ciudades, que captan el talento y a los nuevos pobladores. El PSOE de Extremadura ha ignorado una realidad evidente: la población de la región está dispersa. El 70,52 % de los extremeños y extremeñas —744.197 personas— vive fuera de estas tres ciudades. La ciudadanía dio la espalda a un proyecto centralista y localista que no se ocupa de ellos ni de su territorio.
Consecuencias políticas y organizativas
Estas cuatro claves se traducen en efectos muy concretos: decisiones cortoplacistas orientadas a apagar incendios en lugar de construir proyectos sólidos; una profunda desmovilización del electorado progresista; la falta de credibilidad y empatía de dirigentes que en muchos casos llevan más de 20 o 25 años en los cargos, más preocupados por su conservación que por el interés general; y un proyecto regional cada vez más centralista y localista. El pasado diciembre la ciudadanía dictó una sentencia inequívoca que podría tener su réplica en la pérdida de múltiples alcaldías y de las diputaciones provinciales.
Tanto Juan Carlos como Guillermo fueron dos grandes secretarios generales y presidentes de la Junta de Extremadura, donde consolidaron sus liderazgos. Hoy no se vislumbra ningún mirlo —ni mirla— blanca que les llegue a la suela de los zapatos. Es necesario abrir un nuevo tiempo en el PSOE de Extremadura, con liderazgos compartidos y una ejecutiva fuerte formada por compañeros y compañeras con talento, compromiso acreditado y una vida laboral resuelta, capaces de desplegar un nuevo proyecto regional basado en la cohesión social y territorial que deberá aprobar el próximo Congreso.
El Comité Regional tiene ahora una oportunidad: actuar con valentía, visión política y coraje, abriendo un proceso de participación serena, ordenada y corresponsable de la militancia en asambleas
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