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El colapso de Plasencia

Fachada del Ayuntamiento de Plasencia

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En la ciudad de la bruma y de la atmósfera quieta, muda y sorda, Fernando Pizarro ha resumido 15 años de gestión en el Ayuntamiento de Plasencia en una frase: “Hemos hecho un milagro”. Sigo leyendo en voz alta el periódico y mi amigo Ángel, arruinando una utopía del mayo del 68, me dice: “De tanto ver baldosas rotas y abiertas en el pavimento de Plasencia, uno llega a desechar la idea de que debajo de ellas, existan playas”. Cuando la realidad no puede explicarse, los huérfanos de razones acuden a la mística etérea de los milagros, evitando la palabra colapso. 

En las mismas afirmaciones recientes del alcalde, justificaba el condicionamiento de su política a una deuda “heredada” por sentencias judiciales como la de las Huertas de las Isla. Podríamos recordarle un innumerable número de sentencias perdidas por su Gobierno, teniendo que responder con nuestro dinero público. Sentencias de hace unos días como la que nos obliga a pagar 230.000 euros por dos policías municipales, sería argumento suficiente para que hubiera habido dimisiones y asunción de responsabilidades.  

Que la justificación del alcalde sea no disponer de medios y recursos humanos cuando la primera decisión en su último mandato fue la liberación de siete ediles de su partido con subidas salariales del 20%, con un coste anual cercano a los 400.000 euros, se contrapone a la hora de justificar la losa de la sentencia de las Huertas de La Isla como condicionante. 

No seré yo quien niegue las dificultades en estos años, también con la crisis mundial de 2011, o la inflación disparada. Incluso la pandemia que el alcalde aprovechó para lanzar su campaña a la Presidencia de la Junta de Extremadura, escenificando caceroladas o caravanas de coches por demandas oportunistas sectoriales que nada tenían que ver con el Gobierno de una ciudad. Tampoco podrá negar haberse beneficiado de un incremento espectacular de la economía de nuestro país en los últimos años, redundando en mejoras del mercado de trabajo o en un aumento de la población, que en Plasencia se elevan, tímidamente, por un aumento exponencial de personas mayores.  

Si han hecho un milagro por reducir un 40% la deuda en Plasencia, cabe preguntarse si nos quedan otros 15 años, de milagros, de calles sin luz, de escaleras mecánicas arruinadas, de autobuses urbanos averiados… para pagar la deuda restante.

Cuatro mayorías absolutas sin oposición

La lectura real es que Plasencia lleva tiempo colapsada. Da la sensación de una ciudad pedaleando sobre una bicicleta estática para terminar viendo el horizonte, cada día, un poco más lejos. La realidad actual es que la deuda per cápita de los placentinos ha pasado de 562 a 559 euros a lo largo de los sucesivos gobiernos de Fernando Pizarro. El fracaso inapelable en la gestión de los fondos europeos con respecto a las obras referenciales de la ciudad -residencia de mayores, parking y Ronda del Salvador…- queda constatado por las declaraciones de PYMECON, por la pérdida de cuatro millones de euros, “poniendo en juego el futuro de una ciudad”, manifestando “la parálisis y su franca decadencia”.  

Tras cuatro mayorías absolutas, en las que no ha sufrido cortapisa alguna por la oposición, el alcalde de Plasencia, también, afirma: “Hoy, Plasencia está mucho mejor que hace 15 años” y con toda la razón recuerda que su gestión económica está avalada “cuatro veces consecutivas por las urnas”; eso sí, con una abrumadora abstención. Como diría Feijóo a Mazón, lo importante es el relato: “Lleva la iniciativa de la comunicación… Es la clave”. 

Pero el relato veraz son los resultados. No, señor alcalde, no estamos mejor que hace 15 años porque por entonces gozábamos de mayor población activa, había más alumnado en nuestros colegios, el número de empresas era más elevado y el papel de Plasencia en la Junta de Extremadura o en la Diputación de Cáceres no era testimonial como ahora. 

A comienzos de la década de 2010, estaba proyectada y presupuestada, en la finca de Fuentidueña, la ubicación de la estación de la alta velocidad, pero la confluencia de su partido -Rajoy-Monago-Pizarro- nos dio gato por liebre a todo el Norte de Extremadura. Próximo el cierre de Monfragüe, una vez finalizada la electrificación Plasencia-Talayuela, aún no sabemos cuál será la ubicación de la citada estación, retrasando el futuro y la conectividad de nuestra ciudad. Tras este error estratégico, el devenir fue la inacción, la falta de proyecto de ciudad y la mimetización por el postureo como modelo de supervivencia política. Más que sonar a milagro es la constatación del fracaso de una forma populista de hacer política.

La dimensión del colapso se verá tras el postpizarrismo, una vez que anuncia por algún motivo, que es su última legislatura. Las costuras de la ciudad se están abriendo y cada día que pasa todos somos más cómplices de su final. 

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