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Por un puñado de ladrillos

Ayer quedó vista para sentencia en el Senado la Ley de Costas de 1988. La reforma de la Ley es brutal, pervierte completamente la exposición de motivos de la norma original y regala a unos pocos lo que ha sido hasta ahora, de todos.

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Por descarado que parezca, la reforma viene apadrinada por un ministro que, para serlo, tuvo que dejar el consejo de administración de la constructora Bami Newco, con claros intereses en la costa. Se trata de la misma persona, Miguel Arias Cañete, que, tras afirmar con rotundidad en una reunión formal con los directores de varias ONG ambientales que la reforma de la Ley se plantearía de forma abierta y transparente en otoño de 2013, llevó el anteproyecto la semana siguiente al Consejo de Ministros.

La reforma no sólo dinamita cualquier intento de protección futura de la costa y desprecia 25 años de esfuerzos (y dinero público) para mantener una costa pública para todos apostando claramente por la privatización de los servicios públicos (algo, a lo que el ministro llama “fomentar la actividad económica sostenible”, “¿para quién? me pregunto yo), sino que, con una frivolidad inadmisible, no estima el coste económico y social que acarreará el cambio propuesto. ¿De donde va a salir el dinero para indemnizar a los que han acatado la Ley?

De todos los puntos destacables de la reforma, que lamentablemente son tantos que apabullan, dos me quitan especialmente el sueño: la reforma no contempla los efectos del cambio climático en la costa (el PP ha tratado de solucionarlo enmendando al propio gobierno en el Senado) a pesar de que estudios realizados por científicos españoles prevén los terribles impactos que las subida del nivel del mar tendrá sobre nuestro litoral. El segundo es la posibilidad de que los ayuntamientos legalicen todas las edificaciones que tengan accesos rodados desde antes de 1988, ¿conocen alguna playa sin acceso rodado en nuestro país? porque se cuentan con los dedos de la mano...   si ni el Algarrobico se salva, ¿hacía falta llegar a este punto?

Sólo el Sr. Ministro sabrá por qué fía su credibilidad por un puñado de ladrillos....


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