ENTREVISTA

Antonia Urrejola, ministra de Exteriores de Chile: “Frente a las crisis, no hay que recurrir a la represión y el autoritarismo”

La ministra de Exteriores de Chile, Antonia Urrejola, durante la entrevista en Casa de America, en Madrid.

España ha sido el primer destino europeo elegido por la ministra de Exteriores de Chile, Antonia Urrejola, desde que asumió su cargo el pasado marzo en el gobierno del izquierdista Gabriel Boric. Y no es casualidad, según dice en esta entrevista con elDiario.es: “Con España tenemos una cercanía cultural, comercial e histórica, de valores democráticos y de derechos humanos”. Urrejola, quien se ha reunido en Madrid con su homólogo José Manuel Albares y ha firmado un acuerdo de cooperación en materia de política exterior feminista, se muestra orgullosa de lo que el nuevo Ejecutivo de su país ha logrado en los últimos meses: volver a la agenda internacional, después de un turbulento periodo marcado por el estallido social de 2019 y la pandemia.

La gestión de la violencia callejera en Chile pone en apuros al Gobierno de Boric

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Esas multitudinarias manifestaciones sin precedentes en el país abrieron paso al camino constituyente y en unos meses Chile deberá decidir en plebiscito si aprueba o no el texto de su nueva Constitución para enterrar de forma definitiva la que fue redactada en la dictadura de Augusto Pinochet.

¿Cómo han sido estos meses para usted como ministra desde que Gabriel Boric tomó posesión en marzo?

Ha sido una agenda muy demandante y desafiante, más aún con un gobierno de transformaciones como el que representa el presidente Boric, sobre todo después de un periodo marcado por un estallido social, la pandemia y un gobierno (el de Sebastián Piñera) que abandonó los foros multilaterales. Uno de los principales desafíos de estos meses ha sido poner a Chile en la agenda internacional y lo primero que hicimos fue la adhesión al Acuerdo de Escazú, un tratado regional en materia ambiental, y su tramitación en el Congreso. Otro ejemplo de que Chile vuelve al multilateralismo es que estamos participando en el pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular -conocido como pacto de Marrakech- y que en su momento Chile tampoco suscribió. Precisamente los flujos migratorios, sobre todo con la llegada al país de miles de personas venezolanas y haitianas que buscan un mejor futuro, han generado en los últimos años una crisis humanitaria en Chile.

¿Cuál es el objetivo de la nueva ley migratoria?

Hay un servicio nuevo de migraciones y nuevas facultades también para la propia cancillería. Es muy reciente y se está trabajando en el reglamento, porque hay algunas cosas que queremos mejorar. Pero más allá de la ley, el eje fundamental es el cambio de la mirada que tenemos como gobierno sobre el tema migratorio. Entendemos que el enfoque de derechos humanos tiene que estar presente y ser transversal, sin olvidar que hay un desafío para las comunidades locales y de acogida. Estamos trabajando en ese enfoque de derechos humanos que dé garantías de una migración segura y ordenada, pero también respetuosa, teniendo en cuenta que la mayoría de las personas migrantes no se van de sus países porque quieren, sino por motivos económicos, por temas relacionados con violaciones a los derechos humanos, persecución política o por el simple derecho a la vida para aquellos que están siendo amenazados.

Ha utilizado una expresión que aquí en España ha generado polémica cuando algún político lo ha mencionado: “migración segura y ordenada”. ¿A qué se refiere?

La migración irregular, la migración sin documentación, los flujos que entran por pasos no habilitados, generan un desorden en términos de no saber cuánta población migrante existe, y así tampoco se les puede entregar servicios básicos como educación y salud. La migración ordenada exige, por un lado, cierta documentación, pero no es solo para regularizarla, sino para poder otorgarle los servicios básicos, ya que cuando es irregular, esas personas quedan al margen de los servicios y prestaciones sociales. La migración ordenada permite, por un lado, poner barreras a quienes se cuelan y a quienes están involucrados en el crimen organizado, pero también permite dar respuesta a las prestaciones sociales y hacer frente a la trata y explotación sexual de mujeres que hemos visto, lamentablemente, en la región.

La Convención Constitucional ha concluido recientemente la redacción de una nueva Constitución. ¿Qué supone para Chile, un país cuya Carta Magna fue redactada en la dictadura de Augusto Pinochet?

Este 4 de julio el presidente Boric recibe ese texto final y en septiembre tenemos un plebiscito (con voto obligatorio), donde la población podrá decir si aprueba o rechaza el nuevo texto. Más allá del texto, creo que Chile ha sido un ejemplo, ya que este proceso constituyente se planteó como una salida a una grave crisis política, institucional y de derechos humanos. El estallido social de 2019 dio cuenta de que a pesar de todos los avances en materia de democracia, de crecimiento, de institucionalidad en el país, había un conjunto de problemas que no habíamos visto, sobre todo en materia de derechos económicos, sociales y culturales. De la noche a la mañana hubo un estallido que se salió de control: salió a la calle la sociedad chilena en toda su diversidad a reclamar una agenda muy diversa, valga la redundancia. Esas manifestaciones pacíficas terminaron después en actos de violencia y saqueo, y creo que ahí la clase política chilena dio una lección fundamental: que frente a las graves crisis no hay que aplicar una mayor represión o autoritarismo, o esconder los problemas bajo la alfombra como ha hecho Chile tantas veces, sino buscar una salida institucional y esa salida fue esta Convención Constituyente que logró encauzar esas distintas demandas. La propia Convención es un reflejo de lo que fue el estallido social, pues es la primera paritaria en el mundo, con escaños reservados a representantes indígenas, cuando la actual Constitución ni siquiera reconoce la existencia de los pueblos indígenas. Después apareció el activismo LGBT y ecologista… es un reflejo de las demandas que vimos en la calle.

La clase política chilena dio una lección fundamental: que frente a las graves crisis no hay que aplicar una mayor represión o autoritarismo, o esconder los problemas bajo la alfombra como ha hecho Chile tantas veces

¿Qué puntos destacaría de esa nueva Constitución?

Hay que ver el texto definitivo, pero hace un esfuerzo por incluir en la nueva Constitución los derechos fundamentales económicos, sociales y culturales, y un nuevo Estado, un Estado democrático y social frente a un Estado neoliberal, que claramente es un modelo que no da respuesta a lo que hoy en día Chile requiere. También destacaría la democracia paritaria, el involucramiento de la mujer en todas las esferas.

Un total de 14 mujeres y 10 hombres forman el actual gabinete y se han definido como un gobierno feminista. ¿Qué implica eso y cómo va a aplicar a su propia cartera la perspectiva de género?

Uno de nuestros ejes es la política exterior feminista. De hecho, en esta visita hemos firmado con el Gobierno de España un acuerdo de cooperación en materia de política exterior feminista. España está mucho más avanzado que nosotros y nos queremos fijar en el camino que ha recorrido en este tema. Desde la perspectiva de la Cancillería, la política exterior feminista tiene dos ejes. Uno, la propia Cancillería, que tiene que ponerse al día en cuanto a representación diplomática de mujeres, porque tenemos un 21% de embajadoras mujeres y el resto es todo hombres. Hay todo un tema con la carrera diplomática y va a demorar, pero tenemos que trabajar en ello y ver cómo vamos involucrando a las mujeres en los espacios de decisión dentro de la Cancillería. El otro eje de la política exterior feminista tiene también que ver con cómo ejercemos la política exterior en general y transversalidad que tiene el enfoque de género y de diversidades sexuales en las relaciones bilaterales, en los tratados de libre comercio, en los distintos memorandos de entendimiento y en los foros multilaterales. Otro eje central del nuevo gobierno en materia de política exterior ha sido enfrentar la grave crisis climática e hídrica, y para ello tenemos la llamada política “turquesa”, que es mezclar la biodiversidad -verde- con el azul de los océanos y ahí nuestra prioridad en los foros multilaterales es cómo trabajamos de manera conjunta para combatir estas crisis.

Hemos firmado con el Gobierno de España un acuerdo de cooperación en materia de política exterior feminista. España está mucho más avanzado que nosotros y nos queremos fijar en el camino que ha recorrido en este tema

Boric ha llevado a la izquierda al poder, algo impensable en Chile hace unos años. ¿Cómo es esa nueva izquierda chilena? ¿Cómo la definiría?

El presidente Boric representa una visión fresca, no solo por su juventud, sino por su estilo de liderazgo, que es muy empático y permanentemente dialogante. Representa una izquierda democrática con un sello distintivo en materia de derechos humanos.

Chile no es el único ejemplo. En América Latina hay una nueva ola de gobiernos de izquierda, como ha ocurrido recientemente con Gustavo Petro en Colombia, si bien Argentina, Bolivia, Perú, México y Honduras también están liderados por gobiernos progresistas. ¿En qué se diferencia esta nueva izquierda de la vieja liderada por Hugo Chávez, Néstor Kirchner o Lula da Silva durante la primera década de siglo?

No me gusta comparar esos liderazgos porque se entienden en los contextos políticos que se dieron. En la década de 2000 la región no era la misma que hoy día y creo que los liderazgos deben responder a los desafíos que enfrentan en su momento. El propio presidente Boric ha dicho que ha mirado con mucha atención esos liderazgos y ha aprendido de los aciertos y errores, y ahí es donde por ejemplo él rescata el tema de los derechos humanos. Él siempre habla de un sello distintivo de los derechos humanos sin sesgo. Y otra de las cosas que ha destacado el presidente es que América Latina debe tener una sola voz y debe hacerlo a través de un dialogo con los diferentes gobernantes, independientemente de las ideologías. Los gobernantes latinoamericanos deben dialogar y buscar soluciones, más allá de las diferencias ideológicas, porque enfrentamos un conjunto de desafíos urgentes y hay que buscar una agenda común en la región.

¿Por qué a cierta izquierda latinoamericana le cuesta tanto admitir que en países como Venezuela, Nicaragua o Cuba no se respetan los derechos humanos y se restringen las libertades de la población?

Cuando hay una sobre-ideologización uno termina siendo preso de su propia ideología y siente que si dice que se violan los derechos humanos en un gobierno con ciertas afinidades ideológicas es que está traicionando su ideología. Creo que es un error y es lo que ha debilitado en este caso a las izquierdas, pero no es patrimonio exclusivo de la izquierda, los gobiernos de derecha tampoco han aceptado sus propias violaciones a los derechos humanos. Es la sobre-ideologización y ahí es donde se diferencia hoy día el presidente Boric, más allá de que él tiene un compromiso ideológico muy claro de transformaciones en Chile, que son transformaciones hacia un estado social que el país no tiene.

Cuando hay una sobre-ideologización uno termina siendo preso de su propia ideología y siente que si dice que se violan los derechos humanos en un gobierno con ciertas afinidades ideológicas es que está traicionando su ideología, creo que es un error

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