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El auge de la extrema derecha en Europa, en datos

Ilustración de Fede Yankelevich.

Paco Camas García / José Pablo Ferrándiz

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Un fantasma recorre Europa: el fantasma de la extrema derecha. No se trata de un espectro novedoso, pero sus cadenas amenazan con extenderse por el continente en mayor medida de lo que lo están ahora. No tanto como probablemente ellos esperan y anhelan, pero lo suficiente para constatar que algo no funciona adecuadamente en la mayoría de las democracias liberales. Según una macroencuesta llevada a cabo por Ipsos para Euronews en 18 países europeos entre el 23 de febrero y el 5 de marzo pasados, la ola de la extrema derecha no cobraría la categoría de tsunami, pero, siguiendo el símil oceanográfico, la marea está cada vez está más alta y le come terreno a la playa democrática.

Lo cierto es que la progresión de la derecha radical a nivel europeo ha sido evidente en estas últimas décadas. Mientras que los eurodiputados de grupos euroescépticos y de extrema derecha representaban solo el 8,7% de todo el hemiciclo hace 20 años, esta cifra aumentó constantemente después de las elecciones de 2009 (11,8%), 2014 (15,7%) y 2019 (18%). Y ahora, según la proyección de Ipsos, este año podrían representar por primera vez más de una quinta parte de los diputados al Parlamento Europeo (21,8%).

Los dos grandes perdedores de este ascenso de la ultraderecha serían los grupos PPE (demócratas cristianos y conservadores) y S&D (socialdemócratas). El primero, que representaba el 36,6% de los diputados al Parlamento Europeo en 2004, se espera que solo represente el 24,6% después de las elecciones de junio. En cuanto a los socialdemócratas, pasarían del 27,3% al 18,9% de los escaños en el mismo periodo.

La composición numérica del Parlamento Europeo ha cambiado significativamente entre las elecciones de junio de 2019 y la actualidad. La cantidad de eurodiputados ha disminuido debido a la salida de los británicos tras el Brexit, lo que redujo el número de escaños de 751 a 705. En junio de 2023 se llevó a cabo una redistribución y la consecuencia es que el próximo junio elegiremos a 720 eurodiputados.

127 escaños de un parlamento de 705 

Al mismo tiempo, se produjo una modificación de los pesos de los diferentes grupos políticos presentes en el Parlamento: el grupo de la derecha radical, Identidad y Democracia (ID), sufrió bajas como consecuencia del traslado de algunos diputados de la Liga y de Agrupación Nacional a Hermanos de Italia y Reconquista, respectivamente, así como al cambio de grupo del Partido de los Finlandeses, que se unió al grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR). Por su parte, el Grupo S&D sufrió sus correspondientes bajas principalmente como resultado de la retirada de los eurodiputados laboristas británicos y la suspensión del SMER eslovaco.

En estos momentos, los dos grupos parlamentarios que agrupan a los partidos de esta ideología radical de derecha cuentan con 127 escaños en un Parlamento conformado por 705 asientos: el 18% que se distribuye entre Identidad y Democracia (ID) y Conservadores y Reformistas Europeos (ECR).

Hasta la reciente expulsión de Alternativa por Alemania (AfD) tras las declaraciones de su candidato sobre las SS, el grupo Identidad y Democracia estaba integrado por ocho partidos de ocho países diferentes y contaba con 59 escaños. Los partidos que lo componen ahora son: Liga (Italia), Agrupación Nacional (Francia), Partido de la Libertad (Austria), Vlaams Belang (Bélgica), Partido Popular Conservador (Estonia), Partido Popular Danés (Dinamarca) y Libertad y Democracia Directa (República Checa).

A su vez, el grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) está conformado por 19 partidos de 17 países diferentes y actualmente cuenta con 68 diputados en el Parlamento Europeo. Los partidos que lo integran son: Alianza Alemana (Alemania), Nueva Alianza Flamenca (Bélgica), el Partido Nacional Campesino Demócrata Cristiano (Rumanía), el Movimiento Nacional Búlgaro (Bulgaria), el Partido Conservador Croata (Croacia), Libertad y Solidaridad (Eslovaquia), Vox (España), Partido de los Finlandeses (Finlandia), Solución Griega (Grecia), Hermanos de Italia (Italia), Alianza Nacional (Letonia), Acción Electoral de Polacos en Lituania (Lituania), Foro para la Democracia (Países Bajos), Ley y Justicia (Polonia), Partido Democrático Cívico (República Checa) y los Demócratas de Suecia.

Ahora, la extrema derecha ganaría terreno y las dos familias ultraconservadoras existentes actualmente sumarían por primera vez una quinta parte de la representación en el Parlamento Europeo en los comicios del próximo junio y, sumando sus respectivos escaños, se situarían como segunda fuerza tras el Partido Popular Europeo (PPE). En un Parlamento que pasa de 705 a 720 escaños, la extrema derecha se haría con 157 asientos: el 21,8% del total y, por tanto, casi tres puntos más que lo logrado en los comicios de 2019.

En todo caso, un crecimiento insuficiente para conformar posibles mayorías. Según el sondeo de Ipsos, solo una coalición entre conservadores, socialdemócratas y liberales podría conformar una mayoría estable, si bien es cierto que se podrían encontrar mayorías ad hoc alternativas para la aprobación de algunas leyes. Esto es importante porque aunque las instituciones europeas no funcionan igual que los parlamentos nacionales de cada país, para configurar un gobierno sí existen ciertos paralelismos como el hecho de que la mayoría resultante tendrá que elegir al sucesor o sucesora de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea. No obstante, la estimación llevada a cabo por Ipsos está sujeta a una serie de factores que aún no se pueden anticipar como, por ejemplo, la actitud de los diputados del grupo de los no inscritos o los cambios de grupo de algunos diputados que puedan producirse después de las elecciones.

A la cabeza en términos de escaños en el Parlamento se encontraría el Partido Popular Europeo que también ocuparía el primer lugar en el mayor número de países de la Unión Europea: 12 de 27, incluidos países grandes como Alemania, España o Polonia. Por su parte, los socialdemócratas quedarían en segundo lugar en términos de eurodiputados, siendo primera fuerza política en solo cuatro países: Suecia, Dinamarca, Lituania y Malta. Los grupos de Renovación e Izquierda solo quedarían en primer lugar en un país cada uno (República Checa e Irlanda, respectivamente), y el grupo de los Verdes/ALE en ninguno.

En todo caso, la magnitud del aumento de los partidos de extrema derecha no es similar en todos los países de la Unión, sino que varía mucho de un país a otro. Es importante tener en cuenta que los partidos de extrema derecha no son todos iguales ni en todos los casos defienden las mismas cuestiones. Sobre todo porque provienen de culturas políticas distintas y tradiciones diferentes. De hecho, como alguna vez ha señalado el investigador del Real Instituto Elcano, Ignacio Molina, en los países en los que los partidos de izquierda no existen o son muy débiles y, por tanto, la competición electoral es menor, existen mayores posibilidades de que la derecha populista llegue al poder (Hungría y Polonia serían ejemplos de este hecho). En estos países, la oposición a la extrema derecha proviene de partidos de centroderecha.

Así, los partidos de extrema derecha serían primera fuerza política en seis países: por un lado, en Francia, Países Bajos, Bélgica, y Austria (en los que sería primer partido alguno de los integrados en el grupo Identidad y Democracia) y, por otro lado, en Italia y Letonia (con partidos que se integran en el grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos).

El votante de extrema derecha

Es cierto, por tanto, que se está produciendo un lento, pero continuo avance de las fuerzas política de extrema derecha en el conjunto de Europa y esto se va a reflejar en la composición del próximo Parlamento Europeo. No obstante, sigue siendo minoritario el porcentaje de ciudadanos de la Unión Europea que apoyan a este tipo de formaciones políticas. ¿Tienen estas un perfil diferente de las personas que optan por otros partidos políticos de ideología diferente? El estudio de Ipsos nos da una oportunidad de comparar las características sociodemográficas y de opinión con respecto a una serie de cuestiones políticas referidas al funcionamiento de la Unión Europea de ambos tipos de votantes: los de partidos de extrema de derecha (a partir de aquí VPED) y los del resto de partidos de otra ideología diferente (VOP).

En primer lugar, hay que señalar que el peso de los electores de partidos de extrema derecha no es el mismo en todos los Estados. Teniendo en cuenta la intención de voto a estos partidos, hay ocho países que se sitúan por encima de la media europea (que es del 16,9%): Francia (33,1%), Austria (27%), Italia (23,6%), Países Bajos (23,4%), República Checa (22,7%), Bélgica (21,5%) y Polonia (18,7%). En el resto, la media es inferior, y ocupa los últimos puestos (por debajo del 10% de intención directa de voto): España, Eslovaquia, Dinamarca y Hungría.



Por otro lado, los VPED tienen un perfil claramente más masculinizado: la mayoría de sus votantes son hombres (57%) al contrario que sucede entre los VOP entre quienes hay un mayor equilibrio, pero con predominio de las mujeres (53%). Es decir, entre los VPED hay 10 puntos más de hombres que entre los VOP.

En cuanto a la edad, no existen grandes diferencias entre la composición de ambos grupos, aunque cabe reseñar que hay mayor propensión a votar a partidos de extrema derecha entre quienes se sitúan en los grupos de edad intermedios (de los 30 a los 64 años) que entre los más jóvenes o los más mayores.

Y aunque tampoco se perciben diferencias significativas en función de la ocupación laboral, sí hay cierta mayor propensión a votar por estos partidos de extrema derecha entre los trabajadores de “cuello azul” que entre los de “cuello blanco”, en especial entre quienes cabe ubicar dentro de la categoría de la working class.

Críticos con la UE y sus instituciones 

Los VPED son claramente más críticos con la Unión Europea y sus instituciones. Aunque prevalecen quienes piensan que la pertenencia de sus países a la UE es algo más positivo que negativo (39% frente a 30%), la diferencia con respecto a los VOP es muy elevada (66% frente a 11%). Además, la mayoría de los VPED (53%) comparte una opinión negativa del trabajo desarrollado por la Comisión Europea que actualmente lidera Ursula Von der Leyen.



Y aunque hay coincidencia entre ambos grupos de electores en dos de las tres prioridades que debería tener la Unión Europea en materia política de cara a los próximos años, el área en el que se diferencian no es menor ni poco significativa. Ambos coinciden en señalar como prioridades la lucha contra el incremento de los precios y el apoyo al crecimiento europeo. Pero para los VPED, la principal prioridad europea debería ser la inmigración, un tema que los VOP sitúan en sexta posición. 

Ni la agricultura ni la guerra de Ucrania

Para los VEPD, el impacto que ha tenido la Unión Europea en seis cuestiones planteadas en el sondeo ha sido más negativo que positivo. Sobre todo en lo referente a la política migratoria. En este tema, el saldo entre quienes creen que la UE ha tenido un impacto positivo y quienes piensan que ha sido negativo es de -59 puntos. 

Pero el balance también es negativo en lo que se refiere al impacto en la protección de la agricultura europea y la autonomía de la UE en materia alimentaria (-46, y aquí es el único punto en el que coinciden con los VOP). Hay que recordar que durante el mes de febrero se produjeron una serie de protestas de agricultores y tractoristas europeos que protestaban por lo que consideraban un exceso de burocracia y prácticas comerciales desleales, y por el aumento de las medidas medioambientales. De hecho, los VPED también evalúan negativamente el impacto de la UE con respecto a la protección medioambiental (-16). Y tres de cada cuatro (75%) piensan que en los próximos años la UE debería dar prioridad a mejorar el poder adquisitivo de los ciudadanos europeos, incluso si esto supone retrasar las medidas para luchar contra el cambio climático. Porque este electorado también cree que el impacto de la UE sobre el crecimiento económico también ha sido negativo (-16 de saldo). De este balance negativo no se libra tampoco ni la guerra de Ucrania (-14) ni la lucha contra el COVID (-12). 

Por el contrario, y con la señalada excepción del asunto referido la agricultura europea (-19), entre los VOP el saldo es positivo en todas estas cuestiones, es decir, son más quienes creen que el impacto de la UE ha sido más positivo que negativo. 

¿Cuál sería la mejor forma de afrontar estos riesgos de la UE? Los VPED lo tienen claro: reforzando el poder de decisión de cada uno de los Estados miembros frente a la UE. Más poder para los Estados frente al poder supranacional. Aunque está menos extendida, esta es la solución que prevalece también entre los VOP (41%) y viene a coincidir con algunos analistas que hablan del fin de la globalización y una vuelta a los términos del Estado nación con la búsqueda de mayores beneficios para sus ciudadanos. 

Contrarios a la ampliación

Estos datos encajarían con la oposición que manifiesta la mayoría de los VPED a la admisión de nuevos países en la UE. De los seis propuestos en el sondeo, el mayor rechazo lo obtiene Turquía (65%) seguido de Albania (55%), Ucrania (51%), Georgia (50%), Serbia (48%) y Bosnia (47%).

En el caso de los VOP, las opiniones entre los favorables y los detractores a ampliar la UE con cada país están mucho más igualadas. Solo se percibe un apoyo más claro a la incorporación de Ucrania (46% a favor) y un rechazo mayoritario a la entrada de Turquía (51%).

Mala imagen de los líderes

Los VPED tienen una opinión más negativa que positiva de cinco de los ocho presidentes sobre los que se les ha preguntado en el sondeo. El que cuenta con peor imagen es Vladímir Putin: el 73% tiene una opinión negativa de él (frente a un 11% que la tiene positiva). Le sigue el presidente francés, Emmanuel Macron (48/30); el alemán, Olaf Scholz (38/23); y el húngaro, Viktor Orbán (35/29).

Hay tres presidentes que dividen la opinión de estos electores. Son el presidente ucraniano, Volodímir Zelensko (40/41); el polaco, Donald Tusk (26/23); y el español, Pedro Sánchez (20/19), si bien estos dos últimos son desconocidos para la amplia mayoría de los ciudadanos europeos. Solo la presidenta del Consejo de ministros de Italia, Giorgia Meloni, obtiene un saldo positivo entre los VPED: 41/14 (+27 puntos).

En conclusión, la amenaza del crecimiento de la extrema derecha en Europa es real y el hecho de que este no se produzca de manera abrupta, sino lenta, pero inexorable, no debería ser un hecho menos preocupante. Al contrario, si el paso del tiempo no hace disminuir sus apoyos sino que la clara tendencia es a aumentarlos, significa que las cuestiones de raíz que alientan su voto por parte de una porción cada vez más grande de la ciudadanía europea siguen sin ser resueltas por el resto de los partidos de corte democrático. Y las nuevas tensiones geopolíticas parecen estar configurando un escenario político en el que las tesis y los mensajes nativistas y proteccionistas pueden ganar aún mayor protagonismo. Y con ellos, las opciones políticas de extrema derecha.

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Paco Camas (@pcamasgarcia, en X) es director de Investigación de Ipsos y profesor del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), José Pablo Ferrándiz (@JPFerrandiz) es director de Opinión Pública y Estudios Políticos de Ipsos y profesor asociado de la Universidad Carlos III de Madrid. 

Texto publicado en el número 44 de la revista de elDiario.es, 'Qué ha hecho Europa por nosotros'.

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