La caída del ultra Jordan Bardella en Francia: de favorito a la presidencia a desautorizado por su propio partido
Jordan Bardella no parecía especialmente contento el día de su trigésimo primer cumpleaños, a mediados de septiembre. En la localidad de Hénin-Beaumont, feudo electoral de la extrema derecha francesa, el joven presidente de Agrupación Nacional (RN) asistió en primera fila, con gesto serio y sin tomar la palabra, al primer gran mitin de Marine Le Pen en este curso político, que estará marcado por las elecciones presidenciales que tendrán lugar en Francia los próximos 18 de abril y 2 de mayo.
La decisión del pasado 7 de julio, cuando el Tribunal de Apelación redujo la inhabilitación a la que fue condenada Le Pen en el caso de malversación de fondos del Parlamento Europeo, abrió la puerta a una nueva candidatura de la líder de Agrupación Nacional y relegó a Bardella —que ya se preparaba para ser aspirante presidencial— a volver a su papel de delfín, a la sombra de la líder del partido.
Horas después de conocerse la modificación de las penas, Le Pen anunció su intención de relanzar su candidatura, aunque eso suponga acabar la campaña con un brazalete electrónico, en caso de que el tribunal de casación confirme la sentencia en los próximos meses. Entre tanto, los medios de comunicación franceses, si bien consideran improbable una ruptura entre ambos, se preguntan dónde encaja Bardella en la próxima campaña de Le Pen.
Y los primeros movimientos no han contribuido a despejar las dudas. Descartada la posibilidad de una candidatura propia, los guiños de Bardella en los últimos meses para llevar al partido hacia una política más liberal y más compatible con la derecha tradicional se han frenado en seco. El financiero François Durvye, que había ganado peso en el entorno de Bardella y de Le Pen como mediador ante los grandes empresarios, abandonó de manera repentina la campaña.
Durante un tiempo, Marine Le Pen afirmaba que Bardella sería “su primer ministro” en caso de llegar al poder, algo que no ha repetido en los últimos meses. Sobre la reforma de las pensiones, sobre los impuestos, sobre la prohibición del velo islámico o sobre la ayuda a Ucrania, las diferencias entre Bardella y los lugartenientes más fieles de Marine Le Pen son evidentes.
Y si el partido se felicita de las excelentes perspectivas que tiene en las encuestas de cara a la primera vuelta de las presidenciales, los desacuerdos con Bardella —que sigue gozando de gran popularidad, en particular entre el electorado joven— amenazan con crispar la campaña de Le Pen.
De entrada, el discurso del pasado día 13 en Hénin-Beaumont parece querer marcar una vuelta a algunos de los principios fundamentales de la línea populista de Le Pen. En particular, la llamada prioridad nacional, como respuesta a la mayor parte de los males del país, especialmente la crisis de vivienda.
Diferencias sobre la jubilación, el velo y Ucrania
Bardella, que tomó el relevo de Le Pen como presidente del partido ultra en 2022, ya se había desmarcado en los últimos meses de la línea oficial de la formación respecto a las pensiones y la política fiscal. Le Pen defiende la anulación progresiva de la reforma aprobada en 2023 y la vuelta a los 62 años; Bardella, por su parte, ha declarado que la idea de una edad legal no tiene sentido y es el único en el partido que defiende introducir la capitalización en el sistema.
“Es natural que cada uno tenga su propia personalidad; a veces tenemos sensibilidades, palabras o formulaciones que pueden diferir”, trató de relativizar hace unas semanas en declaraciones a la emisora BFM-TV. Pero en las últimas semanas otro episodio ha subrayado las divergencias entre ambos: una enésima polémica sobre la prohibición del velo islámico.
Según reveló el semanario L’Express, el eurodiputado y joven presidente de RN cree que la medida es un lastre electoral, que les aleja de los votantes moderados y que la prohibición es inaplicable. Y así lo declaró en varias reuniones de preparación del programa electoral (en público ha declarado que “ser la policía de la moda” no es el papel del Estado).
Le Pen, por su parte, afirma en público que el velo es un instrumento de “sumisión” de la mujer y, en privado, mantiene que abandonar otro de sus principios fundamentales sería políticamente costoso: en los últimos años, ya se han eliminado del programa la salida de la Unión Europea y del euro, el restablecimiento de la pena de muerte y la jubilación a los 60 años.
Según la prensa francesa, las reuniones preparatorias se zanjaron con una decisión salomónica: la prohibición del velo en los espacios públicos se mantiene en el programa, pero solo se propondrá en un referéndum —que muchos expertos consideran irrealizable en el actual marco constitucional— a mediados del mandato.
Un equilibrio que rompió el pasado 30 de agosto uno de los lugartenientes de Le Pen más fieles a la línea populista del partido, el diputado Jean-Philippe Tanguy: “Sancionaremos el uso del velo en solidaridad con todas las mujeres. Se les impondrá una multa, así de sencillo. Está decidido”, afirmó en una intervención en televisión.
El regreso de Marion Maréchal
Bardella y su entorno están viendo que, más allá de las pequeñas humillaciones políticas, se les va apartando del primer círculo de Marine Le Pen. Siguiendo la tradición histórica del partido fundado por Jean-Marie Le Pen, su hija ha reorganizado el estado mayor de la campaña para estar rodeada de familiares directos, en particular sus hermanas, las parejas de éstas y sus sobrinas.
El retorno a ese círculo de Marion Maréchal, cuatro años después de haber abandonado el partido familiar para aliarse de manera efímera con Éric Zemmour, habría molestado especialmente a Jordan Bardella. Según el periódico Libération, hace unas semanas Marine Le Pen le anunció su decisión de dar más visibilidad a Maréchal, comenzando por uno de los actos de inicio de curso político del partido. Visiblemente enfadado, el presidente de RN habría abandonado la sala advirtiendo “C’est elle ou moi [es ella o yo]”.
Otro de los pesos pesados del partido hostil a Bardella y que gana peso en la nueva configuración es el alcalde de Perpiñán, Louis Aliot (que fue pareja oficial de Marine Le Pen hasta 2019). Aliot ha sido el elegido para reafirmar otro elemento de la línea lepenista sobre el que en los últimos años había cierta ambigüedad, la hostilidad hacia el apoyo a Ucrania. “Varios países, entre ellos Francia, mantienen [sobre Rusia] una presión que nos está costando cara. Y ya no disponemos de los medios”, insistía hace unos días en BFM-TV, afirmando que si llegan al poder “le cortarán el grifo” a Ucrania.
A pesar de que los votos de Bardella y los otros eurodiputados del partido lepenista son generalmente favorables a los intereses de Rusia, en sus declaraciones, tanto Bardella como los diputados cercanos a él habían intentado distanciarse de la postura tradicional de apoyo a Putin.
En un primer momento, Bardella afirmó no estar al tanto de las declaraciones de Aliot. Posteriormente, en una rueda de prensa al lado de Nigel Farage, el presidente de RN trató de matizar las posturas y aseguró que Francia “seguirá respetando sus compromisos internacionales”, pero que está “arruinada” y no podrá financiar la guerra “indefinidamente”.
Fiasco en Inglaterra
Precisamente, el viaje de Bardella a Birmingham para reunirse con Nigel Farage marcó otro serio revés para su imagen. Ambos escenificaron la firma de un protocolo de acuerdo —pese a que ninguno de los dos ostenta ningún cargo gubernamental— que, en caso de victoria de ambos en las futuras elecciones nacionales de Francia y Reino Unido, debería redefinir la gestión de los migrantes que crucen el Canal de la Mancha en pequeñas embarcaciones.
La imagen de Farage y Bardella, en el escenario, firmando un documento en formato XXL en francés e inglés fue reproducida en todos los medios de comunicación franceses. “El Reino Unido interceptará las embarcaciones que partan de las costas francesas y entren en aguas territoriales británicas y devolverá a Francia a las personas que se encuentren a bordo”, lee el líder de Reform UK antes de firmar, ante la ovación de la sala y la mirada fija de un Bardella cuyo gesto no deja claro si está entendiendo lo que acaba de oír.
Unos días después un equipo de la televisión pública francesa comparó los dos documentos, en francés e inglés: en la versión inglesa había una pequeña frase que no figuraba en la francesa y es “Francia aceptará habitualmente a estas personas”. Los medios franceses se interrogan sobre si Bardella fue engañado por Reform UK a través de la traducción.
La derecha francesa acusó al partido lepenista de renunciar a sus principios, acogiendo migrantes de otros países, mientras la izquierda criticaba la incompetencia y el hecho de pactar con el partido del Brexit. Algunos miembros de RN trataron de quitar hierro al episodio afirmando que era “simbólico” y no vinculante. Preguntada al respecto, Marine Le Pen optó por no defender a Bardella y guardó silencio. “Hablaré de ello cuando me decida a hacerlo, dentro de poco”.