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De paria a socio necesario: la extrema derecha de Francia busca seducir a los empresarios pese al cisma de sus líderes

Marine Le Pen y Jordan Bardella, en un acto en París en 2025.

Amado Herrero

18 de junio de 2026 21:48 h

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El entonces presidente de la principal organización patronal francesa, Ernest-Antoine Seillière, salió en 2002 de la reserva a la que le obligaba su cargo e hizo un llamamiento público a votar contra Jean-Marie Le Pen, que había clasificado a la extrema derecha francesa para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Diez años más tarde, su sucesora, Laurence Parisot, primera mujer al frente del Movimiento de Empresas de Francia (Medef), publicó un libro en el que llamaba a los círculos económicos del país a desconfiar del proceso de normalización que Marine Le Pen, que había tomado el relevo de su padre como líder de la extrema derecha francesa, había iniciado.

La situación es muy diferente hoy, cuando los encuentros entre el partido lepenista y los grandes empresarios franceses han dejado de ser tabú. En abril, la dirección del Medef anunció con antelación una reunión en París con Jordan Bardella. El pasado verano, Bardella ya había sido invitado a las reuniones que cada año el Medef organiza con los representantes de los principales partidos políticos.

El actual presidente de la patronal francesa, Patrick Martin, considera que la evolución viene impuesta por la necesidad de “pragmatismo”, ya que los empresarios “deben prepararse para el futuro”. Respecto a las acciones de sus predecesores en el cargo, Martin justificaba recientemente a France Info que “Laurence Parisot se pronunció en una época en la que era menos arriesgado, porque la posibilidad de que Agrupación Nacional (RN) llegara al poder era mínima. Hoy en día el contexto es diferente”.

En realidad, los grandes empresarios franceses y sus representantes siguen considerando los programas electorales de RN como poco serios y la patronal francesa, que ha reclamado mejores vías de regularización para los migrantes en los sectores que necesitan más mano de obra, ve con inquietud la retórica antiinmigración del partido. Pero, a un año de la próxima elección presidencial, las encuestas de cara a la primera vuelta son muy favorables a la extrema derecha lepenista y, para la segunda, por primera vez, algunos sondeos dicen que Jordan Bardella podría ser capaz de derrotar a un candidato de centroderecha o a uno de izquierdas.

Los encuentros se normalizan

Así que los empresarios se preparan, escuchan y permiten al partido cofundado por Jean-Marie Le Pen presentar un nuevo éxito en su estrategia de normalización. Durante mucho tiempo las puertas de las grandes empresas francesas estuvieron cerradas al Frente Nacional (hoy Agrupación Nacional) y a la familia Le Pen.

Por un lado, las declaraciones racistas y antisemitas de Jean-Marie Le Pen le hacían indigno de frecuentar a la mayoría de los grandes nombres del capitalismo francés; por otro, sus propuestas económicas, consideradas irreales, y las posiciones políticas antiélites y soberanistas de su hija inquietaban en los círculos empresariales. Incluso a día de hoy, el partido sigue teniendo problemas para encontrar bancos franceses dispuestos a concederles un crédito para no verse relacionados con ellos.

Pero los tiempos están cambiando y hoy los grandes nombres del capitalismo francés aceptan dialogar de manera más o menos pública con la extrema derecha lepenista. Le Nouvel Obs informó hace unos meses de que Marine Le Pen había cenado en el célebre restaurante Drouant (en el que cada año se anuncian los grandes premios literarios) con una quincena de dirigentes de las principales empresas francesas (Accor, Engie o Renault, entre otros). Una velada en la que también estaba el patrón del conglomerado del lujo LVMH y hombre más rico de Francia, Benard Arnault.

El discurso estatista y antiélites se ha ido moderando hasta desaparecer en muchos aspectos. Hoy en RN ya nadie habla de la salida de Francia de la Unión Europea, ni de la vuelta al franco, medidas que inquietaban profundamente a los círculos empresariales

Unos meses antes, en octubre de 2025, Le Pen se había reunido con Patrick Pouyanné, el director general de TotalEnergies. Y lo que es más llamativo aún, La Tribune Dimanche reveló en la misma época que Le Pen había sido invitada a la mansión del multimillonario Vincent Bolloré en su exclusiva residencia en la Villa Montmorency.

A pesar de coincidir en algunos aspectos, como en la retórica contra la inmigración o los ataques constantes a la radiotelevisión pública, la prensa francesa siempre ha hablado de una mutua desconfianza entre el magnate francés y la diputada. De hecho, en 2022 Bolloré lanzó a través de sus medios de comunicación a su propio candidato, Éric Zemmour, y sus medios parecen mostrar hoy una mayor proximidad ideológica con el actual presidente de Los Republicanos, Bruno Retailleau.

Jordan Bardella y Vincent Bolloré

Pero si las reticencias de Bolloré y el resto del mundo empresarial francés respecto al partido lepenista han ido reduciéndose, es previsible que la proximidad aumente si el 7 de julio la Justicia confirma la inhabilitación de Marine Le Pen. En ese caso, Jordan Bardella será el candidato. El joven protegido de Marine Le Pen ya ha dado algunas indicaciones sobre el giro liberal y proempresarial que puede tomar su campaña presidencial.

Bardella publica sus libros en Fayard, editorial controlada por Bolloré, en la que también aparecen las obras de Éric Zemmour o las crónicas carcelarias de otro de sus modelos en política, Nicolas Sarkozy. “Es verdad que Bolloré y Marine Le Pen defienden líneas políticas diferentes; ella es más intervencionista y se reivindica como 'ni de derecha ni de izquierda', mientras que Bolloré es un liberal (en lo económico) claramente de derechas”, explica Jean-Yves Camus, politólogo francés especialista en la extrema derecha.

Director del Observatorio de Radicalismos Políticos de la Fundación Jean-Jaurès, Camus también apunta que la candidatura de Bardella aportaría una ventaja adicional al empresario. “Es más joven y con menos experiencia que Marine Le Pen, es más influenciable. Y no hay que olvidar que, como hombre influyente y empresario, Bolloré sin duda piensa que esto será favorable para sus negocios, ya que habrá contribuido a su victoria”. 

Simpatía creciente por la empresa

Marine Le Pen afirmaba en 2011: “Que las empresas del CAC 40 [el índice bursátil francés] estén en desacuerdo con mi proyecto es casi una garantía de que va por buen camino. Ellos son el 1% que se ha enriquecido durante años mientras el pueblo pagaba la factura. Es totalmente normal que estén en mi contra”. Pero el hecho es que ese discurso estatista y antiélites se ha ido moderando hasta desaparecer en muchos aspectos. Hoy en RN ya nadie habla de la salida de Francia de la Unión Europea, ni de la vuelta al franco, medidas que inquietaban profundamente a los círculos empresariales.

Bardella es más joven y con menos experiencia que Marine Le Pen, es más influenciable. Y no hay que olvidar que, como hombre influyente y empresario, Bolloré sin duda piensa que esto será favorable para sus negocios, ya que habrá contribuido a su victoria

Jean-Yves Camus Director del Observatorio de Radicalismos Políticos de la Fundación Jean-Jaurès

La propia Le Pen se alarma ahora “del muro de la deuda” y “del desequilibrio de las finanzas públicas” que lastran la economía del país. Los diputados (RN es, de largo, el partido más representado en la Asamblea Nacional) han votado junto a la derecha tradicional en la mayoría de cuestiones fiscales y a menudo han rechazado los impuestos sobre las empresas y las grandes rentas, como la tasa propuesta por el economista Gabriel Zucman.

Y ciertas propuestas en las que Jordan Bardella comienza a distanciarse de su mentora van más allá: Bardella ha propuesto grandes “rebajas de impuestos” para las empresas y eliminar “los obstáculos normativos” que, a su juicio, frenan el desarrollo económico. Defiende un acercamiento con Alemania —habla de “convergencias ideológicas” con Friedrich Merz— y mira con envidia los puentes que Giorgia Meloni ha tendido con Berlín (Le Pen, por su parte, siempre ha preferido a Mateo Salvini y criticado la industria alemana).

Divergencias con la jubilación

El joven presidente del partido lepenista ha ido un paso más allá en las últimas semanas y, por primera vez, ha defendido una reforma de las pensiones totalmente diferente de la que propone su mentora. Una situación que, según la prensa francesa, genera tensiones internas en un partido acostumbrado a una única línea política.

Bardella sugiere eliminar toda referencia a una edad legal de jubilación e incorporar al sistema de reparto un componente de capitalización. En declaraciones recientes ha hecho suyos varios de los argumentos esgrimidos por el Gobierno macronista que impulsó la última reforma, que Marine Le Pen defiende suprimir.

“Jordan Bardella no se apellida Le Pen: eso es hoy una baza dentro del RN. En ese sentido, puede encarnar un momento de ruptura y renovación para el partido, que aspira a convertirse en una formación de derecha radical y no ya de extrema derecha, pero también en más liberal en el plano económico”, analizaba en enero el politólogo Luc Rouban, director emérito de investigación del CNRS en una entrevista en The Conversation. “Ese nuevo RN encajaría bastante bien con una cultura trumpista que se está abriendo camino en Francia. Permitiría, en particular, atraer a votantes de Los Republicanos y Reconquista [el partido de Zemmour]”.

Encontrar un equilibrio entre la conquista de nuevos votantes y la satisfacción de la base será, en cualquier caso, el desafío del candidato de la extrema derecha lepenista. Si el tribunal confirma la sentencia sobre Le Pen, y el joven presidente del partido se convierte en el candidato, las tensiones entre el populismo reivindicado de su mentora y el liberalismo Bardella serán una de las claves de la campaña.

La propia Le Pen parece ser consciente de esta dualidad y de la posible emancipación de Bardella, si la decisión judicial le es adversa. En mayo se lo explicaba así al diario Le Parisien: “Las decisiones [programáticas] no se tomarán antes del 7 de julio, ya que ninguno de los dos quiere verse atrapado en un proyecto que no es el suyo”.

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