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Macron, de fan de las 'start-ups' a capitanear una batalla contra los bulos y el impacto de las redes en los menores

Emmanuel Macron revisa su teléfono móvil durante un receso en la COP30 de Brasil.

Amado Herrero

París —
25 de julio de 2026 22:46 h

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El Parlamento francés aprobó la semana pasada una ley destinada “a proteger a los menores de los riesgos a los que les expone el uso de las redes sociales”, que prohíbe su uso a los menores de 15 años, una de las prioridades de Emmanuel Macron para su segundo mandato. El presidente espera que la nueva legislación entre en vigor al comienzo del curso escolar en septiembre, lo que convertiría a Francia en el primer país de la Unión Europea en regular el acceso de los más jóvenes a este tipo de plataformas.

Con escaso margen de maniobra, por su impopularidad y a la pérdida de la mayoría parlamentaria en 2024, Macron se ha ido alejando en estos últimos años de la política interior para concentrarse en las cuestiones internacionales. La regulación del mundo digital es una de las pocas excepciones en las que el jefe de Estado francés ha querido seguir implicado, tanto en el debate público como en la tramitación legislativa.

Se trata del resultado de un largo proceso de toma de conciencia por parte del presidente más joven que ha tenido Francia bajo su actual régimen político. El jefe de Estado francés era un ardiente defensor del mundo digital y de las start-ups en el momento de su elección, en 2017. Aquella campaña —como la que se celebró ese mismo año en EEUU— ya se vio marcada por las Macron leaks, el pirateo de los correos electrónicos de su equipo y la oleada de desinformación que siguió a la fuga de datos.

Su primer mandato, de 2017 al 2022, se centró más en la regulación de los gigantes del big tech, que en la protección de los usuarios. Así, Francia instauró en julio de 2019 un impuesto sobre los servicios digitales, aprobó una ley para obligar a las plataformas a retirar los contenidos de odio y convirtió el control de las plataformas en una prioridad durante su presidencia del Consejo de la Unión Europea.

Pero la pandemia –con una explosión de desinformación y de teorías conspirativas– y los años posteriores marcaron un punto de inflexión y la necesidad de ir más lejos en la regulación. El presidente consultó con investigadores, intelectuales y especialistas de diversos campos que le alertaron también sobre el impacto negativo de los algoritmos y la adicción que provocan, sobre todo en el cerebro de los más jóvenes. Su esposa, Brigitte Macron, fue víctima de un bulo conspiracionista y de una campaña de ciberacoso en las redes sociales que se ha prolongado durante años.

Las pantallas muestran los resultados de la votación de un proyecto de ley sobre protección infantil, con 378 votos a favor y 7 en contra, en la Asamblea Nacional francesa en París, Francia, el 21 de julio de 2026.

Al mismo tiempo, las campañas de injerencia y desestabilización extranjeras, con peso importante de las redes, siguieron cobrando fuerza en Francia. El país lleva años adaptando su arsenal jurídico. El Gobierno ha presentado hace pocos días al Consejo de Ministros un proyecto de ley que prevé “un nuevo procedimiento de medidas cautelares que permita solicitar la retirada de información falsa en Internet que atente contra determinados intereses fundamentales de la Nación”.

“Nuestro problema con las redes sociales es que no hay un responsable editorial si se difunde información falsa. Si soy X o TikTok, no tienen ninguna responsabilidad”, explicaba hace unos meses Macron en una intervención pública, reconociendo que “él mismo ha sido víctima” de campañas en estas plataformas.

Disturbios de 2023

En junio de 2023, un suceso marca otro momento importante en el compromiso público del presidente francés contra las redes sociales. La muerte del joven Nahel Merzouk, abatido por un policía en Nanterre, a las afueras de París, durante un control de tráfico, provocó varios días de disturbios.

“Las plataformas y las redes sociales desempeñan un papel considerable en los movimientos de los últimos días”, afirmó entonces Macron tras una reunión de crisis en el Elíseo. “Hemos visto en varias de ellas, como Snapchat o TikTok, cómo se organizaban las concentraciones y también que hay una especie de mimetismo de la violencia. Lo cual, entre los más jóvenes, conduce a un cierto alejamiento de la realidad”.

Esos días los representantes de Meta, Snapchat, Twitter y TikTok en Francia fueron convocados por el Gobierno y se les pidió “comprometerse activamente a retirar de inmediato los mensajes que les señalen” y “responder con celeridad a las solicitudes de las autoridades administrativas y judiciales”.

Semanas después, se aprobó una primera proposición de ley destinada a “establecer una mayoría de edad digital y luchar contra el odio en Internet”. Sin embargo, la Comisión Europea consideró que el Gobierno francés estaba invadiendo competencias comunitarias y anuló la medida, como también ha pasado con otras leyes sobre el mundo digital, como su intento de regular la actividad de los influencers.

Comisiones

Pero el tema ya se había convertido en una prioridad para Macron, como también para líderes de otros países. A principios de 2024, el entonces primer ministro, Gabriel Attal, anunció la creación de una comisión de expertos sobre “el uso adecuado [de las pantallas] para nuestros hijos en el ámbito familiar”. Dirigida por la neuróloga y neurofisióloga Servane Mouton y el catedrático en psiquiatría Amine Benyamina, la comisión recomendó en sus conclusiones prohibir las pantallas a los menores de tres años y en los teléfonos móviles para los menores de 11. A partir de los 13, los expertos proponían smartphones sin acceso a las redes sociales, a partir de los 15 años, acceso únicamente a las redes “éticas”.

Tras recibir el informe de los expertos en el Elíseo, Macron anunció —por redes sociales— que daba “un mes al Gobierno para examinar estas recomendaciones y traducirlas en medidas concretas”. Pero la inesperada disolución de la Asamblea, decidida de forma sorpresiva tras las elecciones europeas, trastocó completamente la agenda del Elíseo.

La cuestión no se abandonó totalmente, pero necesitó un nuevo punto de partida. En este caso, una nueva comisión parlamentaria sobre los efectos psicológicos de TikTok en los jóvenes, muy mediatizada en Francia por las comparecencias de influencers y representantes de las grandes plataformas.

Tras seis meses de trabajo, sus ponentes presentaron un informe final muy crítico sobre el funcionamiento de TikTok y su impacto en la salud mental. Una de ellas, la diputada macronista Laure Miller, avanzó una nueva proposición de ley en la que retoma la prohibición de las redes sociales para los menores de 15 años, así como la de los móviles en los institutos.

“Tour de Francia sobre los peligros del mundo digital”

Al mismo tiempo, Macron se lanzó a una gira regional, que bautizó como “Tour de Francia sobre los peligros del mundo digital”, para divulgar sobre el tema. El Elíseo se apoyó en la prensa regional —“primer baluarte contra las fake news”— para organizar seis debates en distintas ciudades con los lectores de La Voix du Nord, Le Dauphiné libéré, Ouest-France, Sud Ouest, La Dépêche du Midi y La Montagne.

Entre los temas de discusión figuraban la desinformación, la prohibición de las pantallas para los más pequeños, la transparencia de los algoritmos, las teorías de la conspiración, la influencia en las elecciones y las injerencias extranjeras. Al “Far West” de los gigantes digitales, es necesario oponer la “regulación de las plataformas, la educación de los más jóvenes y la formación en el espíritu crítico de la ciudadanía”, explicó Macron a los lectores de La Voix du Nord en Arras. Con un nivel de popularidad en mínimos, el presidente encontró un tema de consenso entre los franceses.

El mandatario propuso también acabar con las cuentas falsas y el anonimato de los usuarios, “una lucha política que hay que librar junto con el Parlamento Europeo”. También “hacer todo lo posible para que se establezca un sello profesional” para las redes sociales y los sitios web de información con el objetivo de luchar contra la desinformación electoral, una propuesta que provocó un torrente de fake news en medios de la extrema derecha francesa.

Rivalidad con Attal

Pero, sobre todo, Emmanuel Macron reiteró su intención de fijar la “mayoría de edad digital” en los 15 años, afirmando que “existe un consenso científico al respecto”. Macron consultó también con otros líderes mundiales para promover una alianza sobre la cuestión y en su discurso de fin de año en 2025 reiteró su promesa de “proteger a nuestros niños y adolescentes de las redes sociales y las pantallas”.

En un primer momento, anunció un nuevo proyecto de ley, abriendo un nuevo capítulo en la rivalidad entre Macron (y su actual primer ministro), por un lado, y el líder de los diputados macronistas, Gabriel Attal, por otro. Finalmente, se llegó a un acuerdo para que el Gobierno se sumase a la iniciativa parlamentaria de Laure Miller, apoyada por Attal.

En una entrevista concedida al medio en línea Brut en enero, Macron agradeció a “Gabriel” y a los diputados de Renacimiento su trabajo y anunció que había ordenado al Gobierno que iniciara el procedimiento acelerado para que la proposición de ley pudiera entrar en vigor “al comienzo del próximo curso escolar”.

“Con un mensaje muy claro: el cerebro de nuestros niños y adolescentes no está en venta. Sus emociones no están en venta, ni deben ser manipuladas, ni por las plataformas estadounidenses, ni por los algoritmos chinos”, añadió.

Límites y críticas

Con una interpretación jurídica objeto de disputa entre la Asamblea Nacional y el Senado (los senadores querían una lista negra de las plataformas afectadas, algo que finalmente no se llevará a cabo), el texto tuvo que ser reescrito en comisión parlamentaria, tras un dictamen crítico del Consejo de Estado. Se descartaron ciertas medidas, como un “toque de queda digital” para los menores de entre 15 y 18 años.

Así, la propuesta fue definitivamente aprobada por los diputados franceses el pasado martes con 279 votos a favor y 81 en contra. Contó con el apoyo mayoritario del centro, la derecha y la extrema derecha. Francia Insumisa, que se opuso, denunció un “paternalismo digital” en la nueva ley y anunció que llevará el texto al Constitucional, que dispone de un mes para responder. Los ecologistas y los socialistas votaron divididos.

EFE/ Ritchie B. Tongo

Por otro lado, algunos expertos plantean estos días dudas sobre los obstáculos en su aplicación, como por ejemplo la falta de una solución eficaz para la verificación de la edad o la posible calificación de red social para plataformas cuya actividad principal es la mensajería grupal o los chats de ciertos videojuegos. Otros critican que no se aborde la raíz del problema, el papel del modelo económico de las plataformas.

“Existe consenso científico a la hora de condenar la responsabilidad abrumadora del modelo económico de las grandes tecnológicas en el deterioro de nuestras democracias”, escriben los profesores universitarios Julien Falgas y Dominique Boullier en un artículo en The Conversation. “Ésa es la conclusión demoledora del IPCC [expertos de la ONU] sobre los ecosistemas de la información, tras analizar minuciosamente cerca de 1.700 publicaciones científicas”. Un aspecto reconocido públicamente por el propio Macron.

“Cada vez nos informamos más a través de redes sociales cuyo modelo económico no consiste en informarnos, sino en vender publicidad”, señaló hace unos meses durante su Tour de Francia. “Las redes sociales potencian las emociones negativas para generar emoción y, por lo tanto, adicción”. Un modelo que genera problemas de atención, de aprendizaje o incluso trastornos alimentarios entre los más jóvenes, según el presidente: “Una generación ha pagado el precio de todo esto”.

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