Una campaña presidencial en el aire: Le Pen decide seguir adelante sin saber si la Justicia frenará su carrera hacia el Elíseo
La decisión pilló a todo el mundo por sorpresa. La vista llevaba apenas 20 minutos en marcha en el histórico Palacio de Justicia de París cuando la presidenta del tribunal de apelación anunció las penas impuestas a Marine Le Pen. Condenada de nuevo por malversación de fondos públicos, la líder de la extrema derecha francesa se benefició de una mayor clemencia por parte de los jueces de segunda instancia, con una inhabilitación reducida al mínimo imprescindible —que ya ha cumplido— en nombre de “la libertad de candidaturas” de cara a las próximas citas electorales.
Habilitada para las elecciones presidenciales del año que viene pese a estar condenada, la triple candidata a la presidencia —finalista en 2017 y 2022— salió del tribunal sin hacer declaraciones, rumbo a las lujosas oficinas de la nueva sede del partido en el 16º distrito de la capital francesa.
Fue una tarde de reuniones con la plana mayor del partido, Agrupación Nacional, con su joven presidente, Jordan Bardella, y con sus asesores jurídicos y de comunicación para evaluar las opciones, el relato mediático y tomar una decisión sobre las próximas etapas.
Salvado el problema de la inhabilitación, Le Pen necesitaba decidir si recurría la sentencia y si seguía adelante con su candidatura, ya que también pesa sobre ella una pena de un año de prisión firme, que cumpliría bajo vigilancia electrónica. La líder de extrema derecha había afirmado que consideraba imposible hacer campaña en esas condiciones. “Cuando se es candidato a las presidenciales, hay que tener total libertad de movimiento”, declaró hace algunos meses.
Pero la noche del martes, en el informativo de mayor audiencia de la televisión francesa, anunció su voluntad de ser candidata a las elecciones presidenciales de 2027 —“pase lo que pase”— y su decisión de recurrir de nuevo la sentencia y agotar la vía judicial, acudiendo al tribunal de casación. “Ya no hay ningún escenario en el que no pueda presentarme como candidata en 2027”, afirmó en la entrevista.
Un día después, acompañada de Bardella, Le Pen realizaba su primer acto de precampaña visitando un mercado en La Flèche, feudo electoral de los lepenistas, entre aplausos de sus defensores y abucheos de unos 60 manifestantes que se desplazaron para protestar contra ella.
Campaña bajo tensión
Aunque Le Pen quiere pasar página, en realidad su horizonte judicial está lleno de incertidumbres. Pese a que se niega a aceptar la hipótesis de una condena definitiva, la posibilidad de que el tribunal confirme la sentencia y tenga que realizar una parte de la campaña con un brazalete electrónico es real, lo que la obligaría a retirarse a última hora o a contradecir sus propias declaraciones.
“Sí, existe el riesgo de terminar la campaña con una pulsera electrónica, pero el riesgo es inherente a la justicia”, confirmó el miércoles Rodolphe Bosselut, abogado de Marine Le Pen, invitado a los micrófonos de France Inter. En la misma entrevista, Bosselut esbozó la que puede ser la nueva línea de defensa: confiar en que el Tribunal de Casación no se pronuncie antes de las presidenciales de abril de 2027, alegando que levantada la inhabilitación, ya no existe una urgencia democrática.
En ese escenario, Le Pen podría beneficiarse de la inmunidad presidencial en caso de victoria. Pero, a día de hoy, no parece lo más probable. Dada la relevancia del caso y su posible impacto en las próximas elecciones, el tribunal de casación había anunciado su voluntad de ofrecer una decisión a principios del año que viene. Una voluntad reiterada esta semana con la precisión de los magistrados de que harán todo lo posible para que la decisión llegue “antes de abril de 2027”.
Presión mediática
En cualquier caso, la estrategia de Marine Le Pen pone bajo presión a la vez a la Justicia y a la campaña electoral para las presidenciales. Porque si el tribunal de casación desestimara el recurso solo unas semanas antes de los comicios, cabría esperar una ofensiva de ataques políticos y mediáticos como la que ya vivió el tribunal de primera instancia en marzo de 2025, que acabó con sus miembros bajo protección policial a causa de las amenazas recibidas.
Si el tribunal de casación desestimara el recurso sólo unas semanas antes de las presidenciales, cabría esperar una ofensiva de ataques políticos y mediáticos como la que ya vivió el tribunal de primera instancia
En ese escenario Le Pen volvería a adoptar el papel de víctima de un supuesto “sistema” que lleva toda su carrera atacando. Mientras, aprovecha la segunda oportunidad que le ha dado la justicia al reducir su inhabilitación y alimenta un nuevo relato de “renacimiento” y de candidata capaz de remontar todas las adversidades (en este caso, una doble condena por malversación de fondos destinados a los asistentes parlamentarios de los eurodiputados que acabaron financiando otras actividades del partido en Francia).
Esta respuesta apela a su base de electores, pero va en contra de la estrategia de normalización y profesionalización del partido lepenista. “La base electoral de Marine Le Pen y Jordan Bardella se va a sentir aliviada por recuperar a su candidata electoral”, señalaba hace unos días Brice Teinturier, director la empresa de sondeos de Ipsos BVA en Francia. “Pero para ganar la segunda vuelta de la elección hay que ir más allá de la base, y ahí la idea de una candidata condenada tiene un impacto. Es una especie de mancha, algo que puede influir y que sus rivales van a señalar”, vaticinó.
Bardella, relegado
La arriesgada apuesta de Le Pen, que se lo juega todo a una carta en el plano judicial y político, relega a Jordan Bardella —favorito en las encuestas de cara a las presidenciales, con mejores cifras que su mentora— a un papel secundario. Y muestra que, a ojos de Le Pen y su círculo, una candidata condenada por malversación de fondos públicos es preferible a ceder el testigo a su delfín, ya sea por desconfianza sobre su capacidad de llevar la campaña o bien por dudas sobre sus tendencias más liberales en lo económico.
No obstante, Le Pen es consciente de que necesita a Bardella como pieza para atraer a un electorado más joven y como posible vínculo de unión con otros partidos de la derecha, elemento importante de cara a las elecciones legislativas.
“Hay una complementariedad que funciona entre ellos, ya habían encontrado una buena fórmula: Marine Le Pen candidata a la presidencia y Jordan Bardella como su posible primer ministro, haciendo pequeñas aperturas liberales que en realidad no comprometen a nada si Le Pen no las aprueba. Es perfecto como sistema”, analizaba el politólogo Jerôme Jaffré en una intervención en la televisión pública.
En todo caso, el paso de Bardella a un segundo plano está haciendo que muchos en Francia recuerden una frase de Jean-Marie Le Pen tras la caída en desgracia de su número dos: “El destino de los delfines es acabar varados”.
Marine Le Pen, antaño defensora de las penas de inhabilitación de por vida para los cargos electos condenados por malversación de fondos públicos, será la primera candidata a las elecciones presidenciales condenada en dos ocasiones —a la espera del resultado de su recurso de casación—, una realidad que sus rivales no le van a dejar olvidar durante toda la campaña.
De momento, la sentencia y la anulación del plan Bardella, ha provocado diferentes reacciones en el resto de fuerzas políticas, que en muchos casos ya estaban centrando sus críticas en el joven presidente del partido lepenista, dando por hecho que el rival la próxima primavera sería él.
Uno de los más moderados en sus reacciones ha sido Édouard Philippe, favorito para liderar el bloque de centroderecha. “En una democracia no se elige al candidato con el que te enfrentas, lo haces contra quien presenta el partido político. En este caso concreto, ha sido la justicia la que ha decidido por ellos”, señaló el antiguo primer ministro de Emmanuel Macron. “Prefiero derrotar a la señora Le Pen en las urnas que verla desaparecer por una decisión judicial”.
Los socialistas y los ecologistas han sido los más vehementes en señalar las contradicciones entre el discurso populista contra la corrupción de los otros partidos que siempre ha mantenido Le Pen y la doble condena contra ella
Su principal rival en el centro, Gabriel Attal, fue mucho más crítico con la situación que crea la candidatura de Marine Le Pen. “Lo que vuelvo a constatar es que tenemos a una responsable política condenada en dos ocasiones por malversación de fondos públicos, que está llevando a cabo una especie de guerrilla judicial y jurídica para poder presentarse y que, además, está tomando como rehén toda la campaña presidencial”, afirmó el también ex primer ministro en France Inter. “De aquí al mes de marzo, todo puede cambiar aún en esta campaña presidencial”, advirtió.
Entre los partidos de izquierda, los socialistas y los ecologistas han sido los más vehementes en señalar las contradicciones entre el discurso populista contra la corrupción de los otros partidos que siempre ha mantenido Le Pen y la doble condena contra ella y contra la formación lepenista (condenada también como persona jurídica).
El secretario general de los socialistas, Olivier Faure denunció la “trumpización” del partido lepenista. La secretaria nacional de Los Ecologistas, Marine Tondelier, señaló que “en un mundo normal, en el que Agrupación Nacional tuviera la más mínima pizca de moralidad, Marine Le Pen renunciaría por iniciativa propia a presentarse como candidata”.
“[Bardella y Le Pen] están cortados por el mismo patrón. ¡Echémoslos a todos!”, se limitó a escribir en X Jean-Luc Mélenchon, al que el inesperado regreso de Marine Le Pen a la carrera por el Elíseo le brinda la oportunidad de reavivar un duelo que lleva augurando desde 2012.
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