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Chile rechaza la nueva Constitución, ¿y ahora qué?

Seguidores de la opción "rechazo" celebraban el domingo el resultado del plebiscito constitucional en Santiago (Chile).

Meritxell Freixas (EFE)

Santiago de Chile (Chile) —

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La abrumadora victoria del “rechazo” en el plebiscito constitucional de Chile este domingo abre un incierto y complejo escenario de diálogo entre el Gobierno, los partidos políticos y la sociedad civil sobre cómo debe proseguir el proceso constituyente que empezó tras las protestas ciudadanas de 2019.

La única certeza es que, con este resultado, Chile mantiene como marco legal la actual carta magna, escrita en 1980 durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y reformada de forma parcial en democracia.

El artículo 142 del actual texto fundamental, referido al plebiscito constitucional, señala que “si la cuestión planteada al electorado en el plebiscito ratificatorio fuera rechazada, continuará vigente la presente Constitución”.

“Con el triunfo del ‘rechazo’ seguimos con la misma Constitución y dependemos de la voluntad del Congreso para continuar o no con el proceso”, dice a la agencia EFE la académica del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica Julieta Suárez-Cao.

“Chile, al igual que España, tiene problemas a la hora de romper con su pasado y, de hecho, su dictadura acabó en 1990. Es muy difícil mover y cambiar las culturas”, dice también en una entrevista a elDiario.es Vijay Prashad, historiador indio residente en Chile, sobre los motivos del rechazo. “Además, parte del voto, aunque no todo, es un castigo a Boric. Por último, mucha gente está atacando a la clase trabajadora porque parece que votaron ampliamente por el rechazo. No es que apoyen a Pinochet, sino que están castigando el sistema. Es un voto contra todo”.

¿Un nuevo proceso?

En julio, el presidente Gabriel Boric estableció la hoja de ruta en caso de que la propuesta constitucional fuese rechazada. “Tiene que haber un nuevo proceso constituyente” –afirmó– que se prolongará por un año y medio más, y en el que “va a tener que discutirse todo de nuevo desde cero”.

“Hay que ponerse de acuerdo en cómo puede ser este nuevo proceso electoral. Boric ya ha mostrado una apertura con eso, que no existía de ninguna manera en el comienzo”, explica el director de la encuestadora Tresquintos, Kenneth Bunquer.

En este contexto, Boric aseguró el domingo que la ciudadanía ha hablado claro y anunció que ya había convocado a los líderes del Congreso y a representantes de la sociedad civil a una reunión el lunes en el Palacio de La Moneda para estudiar el nuevo itinerario y ver cómo darle la mayor celeridad.

“Mañana el Gobierno puede poner un mensaje para llamar a elecciones convencionales, pero no tengo claro que vayan a estar los votos necesarios en el Congreso para llevarlo adelante, con lo cual la incertidumbre hoy es tremenda”, apunta Suárez-Cao.

Varias fórmulas en la mesa

Las semanas previas al plebiscito se pusieron encima de la mesa varias alternativas ante la posibilidad de llegar a este escenario, que era el más probable según las encuestas.

Hace tres semanas el Congreso aprobó una norma que facilitaría ese camino, ya que reduce el quórum de dos tercios a cuatro séptimos para poder hacer reformas en la carta magna actual. En caso de mantener la idea de redactar un nuevo texto, las opciones pasan por ahora por el Congreso o un comité de expertos.

Dentro del conjunto de partidos que ha defendido el ‘rechazo’, que abarcan desde la extrema derecha hasta el centroizquierda, no hay unanimidad o consenso de cómo continuar el proceso ni a través de qué mecanismo hacerlo.

Los ultraderechistas del Partido Republicano, por ejemplo, no quieren una nueva Constitución y su apuesta es reformar la vigente.

“En los próximos meses habrá un momento inicial de inestabilidad institucional ya que, si bien hay un acuerdo de que la Constitución debe cambiar, aún no está definido el mecanismo”, comenta el analista político y profesor de la Universidad Estatal de O'Higgins Juan Pablo Araya.

En estas definiciones, el Congreso asumirá un nuevo protagonismo y se requerirá llegar a acuerdos. Aunque el conjunto de fuerzas de derechas tiene la mayoría, las elecciones parlamentarias del mes de noviembre dejaron un Parlamento muy fragmentado.

Boric, golpeado

Voces expertas coinciden en señalar que el resultado perjudica al presidente y a su Ejecutivo. “Es un fuerte golpe para el primer año del Ggobierno de Boric, quien decidió apostar su capital político por el ‘apruebo’”, dice Araya.

“Será muy complejo implementar el programa gubernamental y mantener la unidad y estabilidad en la coalición de gobierno”, añade.

Boric tuvo un rol clave en la firma del acuerdo suscrito de forma transversal por el conjunto de fuerzas políticas en noviembre de 2019 y que dio paso al proceso constituyente. Durante la campaña insistió varias veces en la idea de que el proceso llegase a buen puerto e incluso como presidente se ha manifestado a favor del ‘si’.

“Me cuesta mucho imaginar que, tras todo lo que ha pasado en Chile, decidamos volver a fojas cero respecto de la Constitución de 1980″, indicó.

Según Araya, el nuevo escenario precipita la necesidad de ejecutar un cambio en su gabinete porque “es necesario llegar a acuerdos amplios y hay integrantes que tienen un capital político muy desgastado”. Entre los posibles cambios, la ministra de Interior, Izkia Siches, podría salir del Gobierno.

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