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ENTREVISTA

Kathleen Belew, historiadora: “No hay salida a los años de Trump que implique una desescalada pacífica”

Kathleen Belew, profesora asociada de Historia en la Universidad del Noroeste y autora de Traed la guerra a casa (Capitán Swing).

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
27 de octubre de 2026 21:30 h

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La historiadora Kathleen Belew acaba de publicar en España el libro Traed la guerra a casa (Capitán Swing), en el que repasa la presencia del supremacismo blanco en la política estadounidense. Y lo hace en un momento en el que Estados Unidos está gobernado por una Administración que se aproxima como pocas a las posiciones ultras de la historia reciente del país.

Hasta tal punto es así que se pueden trazar paralelismos entre personajes, políticas y decisiones hasta ahora impensables en EEUU, como el desfile de supremacistas por las calles de Washington DC el pasado 4 de julio con total impunidad y los indultos exprés a los asaltantes del Capitolio del 6 de enero de 2021.

¿Qué lecciones enseña el libro en este momento histórico de Estados Unidos?

La historia de este libro llega hasta el momento en que el movimiento del poder blanco volvió a irrumpir con fuerza en el núcleo de nuestra política.

Se publicó en inglés justo después de la manifestación Unite the Right, en Charlottesville [Virginia, agosto de 2017] y antes de otros muchos acontecimientos decisivos, como el asalto al Capitolio del 6 de enero [de 2021] y la reelección de Trump [noviembre de 2024], cuando hemos visto cómo muchos de estos militantes han abandonado la clandestinidad para presentarse a cargos públicos, llevar a cabo actividades públicas a plena luz del día, proporcionar seguridad a los candidatos republicanos y cosas por el estilo.

Esta historia tiene ahora la función de ofrecernos una hoja de ruta sobre la ideología que motiva a estos actores y, en cierto modo, de explicar por qué eligen determinadas acciones en momentos concretos y cómo funciona todo eso.

Es interesante porque en la década de 1980 optaron por pasar a la clandestinidad porque pensaban que la política nunca les daría lo que querían. Pensaban que esa puerta estaba cerrada, y esa puerta ya no lo está. Hay muchas formas en las que este movimiento se ha incorporado como eje central de la política.

El pasado 4 de julio vimos al Patriot Front manifestándose con total impunidad por las calles de Washington DC y, por la noche, a Trump en su mitin señalando al comunismo como el enemigo interno, pero nunca hace ninguna mención a los supremacistas.

Estamos viviendo un momento muy autoritario en Estados Unidos, y eso se refleja en grupos como el Patriot Front, que se manifiestan en Washington DC. También se refleja en cosas como los indultos masivos que Trump concedió a las personas condenadas por conspiración sediciosa por los sucesos del 6 de enero, en el registro del domicilio de la diputada Ilhan Omar y en la falta sistemática de acciones judiciales por otras muchas acciones del movimiento de supremacía blanca. Y creo que una de las cosas con las que tenemos que contar es hasta qué punto esta actividad probablemente se ha convertido en violencia de Estado.

Así, por ejemplo, no sabemos quién se ha alistado en las operaciones de ICE, pero sin duda muchos de los actores sobre los que escribí estarían encantados de pasar a un lugar donde pudieran hacer el mismo trabajo, pero para el Estado y a cambio de un sueldo. Creo que debemos ser conscientes de que es muy, muy probable que se produzca parte de ese trasvase.

Hemos visto cómo muchos de estos militantes han abandonado la clandestinidad para presentarse a cargos públicos, llevar a cabo actividades públicas a plena luz del día, proporcionar seguridad a los candidatos republicanos y cosas por el estilo

¿Hasta qué punto el combate de la UFC en la Casa Blanca, esa celebración de la violencia con motivo del cumpleaños de Trump y del 250º aniversario de la independencia, conecta con lo que estamos hablando?

Totalmente. Mis alumnos y yo estamos estudiando el 250º aniversario, pero también lo ocurrido en 1976, y la diferencia de tono entre esos dos momentos es abrumadora.

Estoy de acuerdo en que tiene que ver con cosas como la pelea de la UFC en el jardín de la Casa Blanca, pero también con que se haya considerado llevar a cabo una ejecución [por fusilamiento] televisada. Sí, estamos viendo tantos rasgos característicos de un Gobierno autoritario que creo que vivimos una época de locos en Estados Unidos.

¿Echa de menos algún sistema de controles y contrapesos aquí, en EEUU? Siempre se nos había enseñado que esta es una democracia longeva, con muchos controles y contrapesos: el poder del Congreso, el del sistema judicial... Pero ahora, en estos dos años de esta presidencia, estamos viendo lo frágil que es esta democracia.

No se trata solo de que tengamos un líder al que parecen no importarle en absoluto las normas y la ley, sino de que muchas de las instituciones que se supone que deben actuar como frenos simplemente han obedecido de antemano, han cedido ante la presión o, de otras formas, no han ejercido esos controles sobre un poder sin límites. Vemos ataques directos a nuestro sistema universitario, a nuestra investigación científica, a nuestros tribunales de justicia y a nuestras elecciones. Realmente es una situación muy compleja.

Manifestantes de extrema derecha durante las protestas de Charlottesville, Virginia, en 2017.

Usted ha investigado también el papel de las mujeres en estos movimientos, que aparentemente podríamos pensar que son un entorno muy masculino.

Lo que vemos en el activismo del poder blanco, sobre todo cuando nos fijamos en los actos de violencia, en las marchas y desfiles públicos y en la actividad online, es principalmente a hombres. Es un movimiento muy machista. Es paramilitar. Se visten de forma agresiva y coordinada. Llevan armas, etc. E incluso cuando hablamos de “lobos solitarios” o de radicales online, estos suelen ser hombres, normalmente de entre 18 y 24 años. Pero es un movimiento que funciona como movimiento social y, al estar organizado de esa manera, a la larga ha requerido realmente el trabajo de las mujeres para mantener las relaciones sociales, suavizar los desacuerdos entre los distintos líderes, crear vínculos sociales, reclutar y llevar a cabo también el trabajo de relaciones públicas destinado a hacerlo más aceptable para la gente.

Creo que, en este momento, el ejemplo que señalaría es el movimiento de las trad wives movement [esposas tradicionales] en las redes sociales. Es decir, las mujeres que se visten más o menos como imaginan que se vestía en la antigüedad, que adoptan una visión heteronormativa de las relaciones y se someten a sus maridos, y hablan de todas las formas en que se sienten más realizadas en lo que ellas llaman el “papel tradicional de la mujer”.

Por supuesto, matizaría eso diciendo que, como historiadora, te diré que se trata de una historia ficticia de la que hablamos de muchas formas diferentes, sobre todo por el hecho de que tienen lavadoras. Pero eso no viene al caso. Así que las “esposas tradicionales” pueden parecer algo que carece de dimensiones políticas o que es simplemente una forma de activismo individual, pero en realidad está vinculado de muchas maneras a otras formas de activismo y, a menudo, es una puerta de entrada a una actividad extremista más profunda. Así pues, todas esas cosas se combinan para crear un modo de activismo que permite a las personas entrar y salir del movimiento en función de la intensidad con la que se identifiquen con ese sistema de creencias.

No sabemos quién se ha alistado en las operaciones de ICE, pero sin duda muchos de los actores sobre los que escribí estarían encantados de pasar a un lugar donde pudieran hacer el mismo trabajo, pero para el Estado y a cambio de un sueldo. Creo que debemos ser conscientes de que es muy, muy probable que se produzca parte de ese trasvase

La primera edición del libro se publicó hace algunos años y, en este tiempo, hemos visto una evolución considerable de las redes sociales. Además, hemos observado algunas tendencias tecnológicas muy vinculadas al supremacismo. Me refiero a Peter Thiel, Elon Musk, etc. Ellos pueden influir en las narrativas políticas y en los debates y las discusiones. ¿Cómo analiza la importancia y el papel que tienen ahora estas redes sociales?

Claro. Una cosa que es importante recordar es que el movimiento del poder blanco fue pionero en el activismo en las redes sociales y la radicalización a través de Internet mucho antes que nadie. Así pues, este movimiento se trasladó a Internet en 1983-84 mediante foros de acceso con contraseñas y códigos informáticos, y lo que publicaban en Liberty Net, que así se llamaba, no eran solo cosas como sus creencias o listas de personas a las que asesinar, sino también anuncios personales para que sus miembros pudieran conocerse y concertar citas, o incluso recetas de cocina. Así pues, lo que comprendieron desde el principio fue que el contenido ideológico, junto con el contenido social, constituía una forma más duradera de construir un movimiento en línea. Y, como la tecnología ha creado cada vez más espacio para esa labor, creo que no debería sorprendernos que sigan siendo algunos de los usuarios más expertos de Internet a la hora de radicalizarse y hacer crecer su movimiento social. Y, por supuesto, en parte se trata de una historia sobre la tecnología.

Todos pasamos más tiempo en línea y, tras la COVID, gran parte de nuestra vida social se ha trasladado a Internet. Pero ahora tenemos decenas de autores de tiroteos masivos vinculados al “poder blanco” que actúan sin haberse conocido nunca en la vida real, al tiempo que vemos ese uso casi casual de símbolos del “poder blanco” por parte de oligarcas y otras personas en el poder, tal y como tú mencionas. El saludo de Elon Musk ha vuelto a aparecer hoy en mi feed, y alguien lo había publicado diciendo: “¿Te puedes creer que esto haya pasado?”. Y es como si ya nos hubiéramos olvidado de ello. Hay tantos sucesos de este tipo que ni siquiera se perciben como una emergencia tan grave como antes y, sin embargo, la saturación es realmente lo más alarmante.

Sí, y vemos cómo esos comentaristas de MAGA tienen muchísimos seguidores en las plataformas.

Como siempre les enseño a mis alumnos cuando hablamos de teorías de la conspiración y desinformación, no funcionan porque la gente sea simplemente incauta y carezca de criterio o algo así. Funcionan porque conectan con algo que es una parte realmente auténtica de la experiencia vital de alguien, y por eso no basta con presentar argumentos basados en hechos. Se han hecho estudios al respecto.

Es imposible convencer a alguien de que deje de creer en una teoría de la conspiración. No sirve de nada. No hay ningún argumento basado en hechos que te saque de ahí, porque se trata de un sistema de creencias emocional. Y creo que lo que MAGA ha hecho de forma realmente eficaz, al igual que el movimiento del poder blanco, aunque de otra manera, es movilizar a la gente en torno a estos miedos muy profundos a desaparecer, a ser arrollados, al cambio demográfico y también a miedos relacionados con la infancia y con tener lo suficiente. Creo que ambos son movimientos distintos, aunque quizá se solapen. Ya sabes, se trata de miedos relacionados con el fin del mundo que están realmente latentes en la cultura estadounidense.

Sí, podríamos pensar que el movimiento del poder blanco es bastante antisistema, pero…

Especialmente en el periodo que estoy analizando, desde 1983 hasta 2016, sin duda hasta el primer mandato de Trump, el movimiento del poder blanco tiene muy claro lo que quiere: derrocar a los Estados Unidos y establecer una nación exclusivamente blanca, lo cual es una de las razones por las que no suelo utilizar la palabra “nacionalista” para describirlo.

Porque, aunque es nacionalista, la nación es la raza, no Estados Unidos. Y la gente se confunde. No sé si esto es un problema en España, pero en Estados Unidos creo que muchas personas que no han recibido educación histórica pueden oír “nacionalista” y pensar: “Ah, es como el patriotismo. Amo a la nación. Debería ser nacionalista, ¿no?”. Y esto, por supuesto, no es correcto, pero genera cierta confusión. Así pues, en ese periodo, de 1983 a 2016, el movimiento del “poder blanco” era sin duda antidemocrático, intentaba claramente derrocar al país y estaba dispuesto a aceptar daños colaterales, incluida la muerte de personas blancas, como parte de su guerra. Después se abre de nuevo la puerta a la política, y no sabemos qué ocurre exactamente en la clandestinidad en ese momento, desde 2016 hasta la actualidad.

Mi hipótesis es que hay mucha discusión al respecto, porque se trata de un espectro bastante amplio de personas que no siempre se ponen de acuerdo en lo que hacen, y sí vemos una actividad clandestina sostenida por parte de unos pocos grupos. Pero también existe esta oportunidad enorme, tras 2016, de presentarse a las elecciones, hacerse con el poder y crear una especie de estructura gubernamental legítima inspirada en el movimiento del poder blanco. Así que creo que estamos asistiendo a una especie de mezcla de estrategias y, sin duda, están buscando un gobierno autoritario en las esferas del poder.

Cuando hablamos de teorías de la conspiración y desinformación, no funcionan porque la gente sea simplemente incauta y carezca de criterio o algo así. Funcionan porque conectan con algo que es una parte realmente auténtica de la experiencia vital de alguien, y por eso no basta con presentar argumentos basados en hechos

Sí, y luego vemos la conversación entre Tucker Carlson y Nick Fuentes y el papel de la Fundación Heritage, que forma parte del establishment, y tiene conexión con la Casa Blanca.

Es el nacionalismo cristiano.

También lo hemos visto en Dallas, en la cumbre republicana.

Exactamente. Y creo que eso nos lleva a la pregunta de qué es exactamente la nación que está definiendo esa Administración, porque en muchas iglesias del nacionalismo cristiano se habla de volver al voto familiar. Las mujeres no deberían votar y solo deberían seguir a sus maridos. Hablan de que, si no te adhieres a las creencias cristianas, no deberías ser un ciudadano de pleno derecho.

Son ideas profundamente antidemocráticas y, para que quede claro, esto no es lo mismo que el movimiento del poder blanco, pero sin duda es otra corriente dentro de la actual Administración Trump, y eso supone una reconfiguración completa de la nación. Así que pienso: ¿qué es la nación? ¿Qué es el nacionalismo? Se encuentra en un momento de redefinición total y turbulenta.

Esta Administración está redefiniendo la nación.

Exactamente.

También con la represión migratoria. Me refiero al papel de la religión dentro de la Administración, y a que solo tienen a una persona afroamericana en el gabinete.

Sí, y también tenemos a personas de alto rango como Stephen Miller que difunden material sobre el poder blanco.

Tenemos a gente en las más altas esferas que se reúne con personas como Nick Fuentes. El propio Trump cenó con Nick Fuentes. Tenemos a muchos expertos en Trump cuyo trabajo consiste exclusivamente en intentar descifrar a Trump y cuáles son sus motivaciones en un momento dado. Yo no soy una de ellas. Creo que es un trabajo muy, muy difícil. Así que no me siento cómoda diciendo en qué podría creer él, ni siquiera en qué podría creer alguien como Stephen Miller, pero está muy claro que están utilizando este movimiento.

Porque hay una agenda política, tienen objetivos políticos con todos estos elementos.

Sí, exactamente.

Y también tienen ese alcance internacional, esa conexión. Es como si fueran los líderes del movimiento reaccionario internacional. Están interfiriendo en todas las elecciones del hemisferio occidental y también en Europa. Intentan remodelar el sistema geopolítico.

Sí, exactamente, y es un movimiento que lleva mucho tiempo pensando en intentar unificar lo que ellos consideran países blancos “salvables” bajo una misma bandera de gobierno del poder blanco. Llevan mucho tiempo pensando en ello, pero creo que el auge de estos regímenes en muchos lugares diferentes supone realmente un punto de inflexión hacia ese conjunto de resultados que me preocupan en lo que respecta a la preservación de las democracias en todo el mundo.

Desde 1983 hasta 2016 el movimiento del poder blanco tiene muy claro lo que quiere: derrocar a Estados Unidos y establecer una nación exclusivamente blanca

¿Cree que este es un momento crucial en Estados Unidos?

Sí, sin duda. Creo que, en cualquier caso, las elecciones de mitad de legislatura tendrán un profundo impacto tanto en Trump como en el movimiento del poder blanco. Creo que no hay ninguna salida a los años de Trump que implique una desescalada pacífica de todas estas personas. Esto está fuera de control.

Ha desplazado nuestro centro político tan hacia la derecha que ninguna de estas personas va a desaparecer simplemente porque mañana Trump ya no sea nuestro presidente. Habrá luchas por el poder. Habrá enfrentamientos entre facciones e, incluso si la política dominante vuelve a cerrarse, este movimiento ha llegado a un grupo mucho más amplio de personas que ahora están radicalizadas y activas, y que podrían entonces emprender acciones violentas según sus propios términos. Así que creo que, pase lo que pase a continuación, habrá que afrontar el hecho de que esto forma parte de nuestra política contemporánea.

Imaginemos que los republicanos pierden las elecciones de mitad de legislatura y se produce un cambio en la Casa Blanca dentro de un par de años. ¿Todo el daño que se está causando puede revertirse?

Bueno, hay diferentes tipos de preguntas. Creo que una es qué pasará con los propios activistas del poder blanco. Algunos ocupan cargos públicos y seguirían ocupándolos independientemente de lo que ocurra con la política presidencial. Pero si pierden el poder político y ven que la política vuelve a estar cerrada para ellos, entonces deberíamos esperar un repunte de las actividades violentas clandestinas del movimiento del poder blanco.

Ha desplazado nuestro centro político tan hacia la derecha que ninguna de estas personas va a desaparecer simplemente porque mañana Trump ya no sea nuestro presidente. Habrá luchas por el poder

Hemos visto el asalto del 6 de enero. Bueno, hemos visto algunos episodios de violencia política. ¿Podemos esperar más violencia política? El país parece estar bastante dividido.

Lo que hay que recordar sobre Estados Unidos, especialmente para los países que no tienen este problema en concreto, es que sí, Estados Unidos está profundamente dividido y polarizado, y sigue habiendo un enorme grupo de personas en el centro del espectro político que no tiene una opinión al respecto ni a favor ni en contra. La polarización es enorme, y la violencia a todos los niveles, tanto física como retórica, se ha intensificado hasta un punto que resulta muy, muy preocupante.

Quiero decir, sí, creo que habrá más violencia política, pero yo, en cierto modo, pongo mis esperanzas en la idea de que quizá haya formas de reformar la sociedad estadounidense para que sea más resiliente frente a esa batalla política.

Y luego está lo que se puede ver en los barrios: mucha cooperación comunitaria, asociaciones para todo y a gente del barrio que se ayuda entre sí.

Sí, ese tipo de vínculo vecinal local y ese espíritu de servicio mutuo es, creo, en lo que pongo mis esperanzas. Pero sé que suena un poco utópico si pensamos en los próximos años.

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