Más de 3.000 años de antigüedad y un tortuoso viaje: así llegó el Obelisco de Luxor al centro de París

Vista general que muestra el Obelisco de Luxor en el centro de la Plaza de la Concordia, junto a la Torre Eiffel.

Andrea Blez

27 de octubre de 2026 21:43 h

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Actualmente se considera que hay más de 22 obeliscos egipcios originales repartidos fuera de Egipto, una cifra que no parece muy alta, pero que lo es si tenemos en cuenta que se estima que aproximadamente 30 son los que sobrevivieron a la Antigüedad, por lo que hay más fuera que en el propio país, en el que quedarían entre unos 6 y unos 8 en pie. 

Roma es la ciudad donde se acumulan más obeliscos egipcios, con 13 en total, pero solo 8 siendo auténticamente egipcios, aunque uno de los más conocidos es el que se sitúa en pleno centro de París, el Obelisco de Luxor, que se ha convertido en uno de los monumentos más significativos de la capital, pero también de Francia. 

Este obelisco, sin embargo, guarda una historia más que curiosa, no solo de su origen, sino también de cómo llegó al centro de París a mediados del siglo XIX, que además explica gran parte de su reciente situación que llevó a una importante restauración en 2022. 

Del Templo de Luxor al centro de París 

El Obelisco de Luxor actualmente se ubica en el centro de la plaza de la Concordia, situado en el eje monumental entre la Avenida de los Campos Elíseos y el Jardín de las Tullerías, con el Museo del Louvre al fondo. Sin embargo, originalmente se situaba en la entrada del templo de Luxor en la antigua Tebas, en Egipto. 

Estaba junto a otro obelisco, de hecho, eran dos gemelos que Mehmet Alí, entonces virrey de Egipto, a principios de 1830 ofreció como regalo al rey francés Carlos X. El de la derecha fue el que se retiró y fue trasladado a Francia, mientras el otro permaneció en su origen, aunque pertenecía también al país europeo. 

En 1836 fue cuando se decidió su emplazamiento actual en el centro de la Plaza de la Concordia, y en 1845, se le ofreció un regalo a cambio a Egipto, de la mano del rey Luis Felipe I, que regaló un reloj de cobre que se puede ver todavía en la ciudadela de El Cairo, pero que nunca ha funcionado debido a posibles daños durante su entrega. 

El tortuoso trayecto del Obelisco de Luxor a París 

Una vez aceptado el regalo, se construyó una embarcación específica para el traslado del Obelisco llamado el ‘Louxor’, que zarpó en Tolón en abril de 1831 y llegando al Nilo en agosto de ese mismo año. No sería hasta 1832 cuando recogería el monumento, teniendo que esperar la crecida del Nilo, y así fue como salió de Egipto un 25 de agosto de ese año.  

Sin embargo, ahí no acaba su viaje. El 2 de octubre alcanzó Rosetta y aquí el barco quedó bloqueado por varios bancos de arena, no pudiendo poner rumbo a Alejandría hasta enero de 1833 y volver a parar por las tormentas de invierno, hasta que el 1 de abril pusieron marcha de nuevo. No sería hasta el 23 de diciembre de 1833 cuando llegaría a París, rodeando la Península Ibérica, y fue erigido a finales de octubre de 1836 en su ubicación actual. 

Por su parte, el segundo obelisco que quedó en Tebas, siguió perteneciendo a Francia, pero en Egipto, hasta que cuando fue presidente François Mitterrand se devolvió definitivamente la propiedad a los egipcios. 

En cuanto al Obelisco de Luxor, durante muchos años, pasó por problemas de incrustación de hollín, líquenes y micro contaminación provocados por el tráfico que ponían en problemas su conservación, por ello se tuvo que llevar a cabo una importante restauración en la que se consolidó y limpió el granito, y los jeroglíficos se mantienen perfectamente legibles, a pesar de sus 3.300 años de antigüedad. 

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