El heredero de la vieja monarquía absolutista de Irán toma posiciones
—¿Por qué no ha sido capaz de unir a la oposición? ¿Por qué no es la voz de todo el pueblo iraní? ¿Por qué los países occidentales no le apoyan como la voz de la oposición de Irán? —preguntaba un periodista de la BBC.
—Es una pregunta típica que espero del canal que usted representa. Lo que dice no es verdad. Dígame, ¿ha escuchado que en Irán se cante otro nombre que no sea el mío? Es mi nombre el que está escrito en las paredes. Soy yo a quien han elegido para confiar y liderar este movimiento —contesta enfadado Reza Pahlavi.
Hasta ese momento, la presencia del heredero de la brutal monarquía absolutista de Irán en la Conferencia de Seguridad de Múnich —la gran cumbre internacional sobre temas de seguridad y defensa— de este fin de semana había sido un plácido paseo.
Mientras el régimen camina por la cuerda floja entre las protestas internas, la represión brutal, la inflación y las amenazas directas de Trump sobre un cambio de régimen en plenas negociaciones; Pahlavi lideraba una mesa presentando su papel político en el futuro del país y encabezaba una protesta multitudinaria en las calles de la ciudad alemana contra el régimen de los ayatolás.
Segundos antes de aquella pregunta, un periodista francés hacía otra intervención incómoda: “Menciona la opción del establecimiento de la monarquía [en un referéndum] ¿Cómo puede ser una opción realista si no reconoce lo que fue mal con la anterior?”. Muy serio, Pahlavi responde: “¿Estamos hablando del futuro? Entonces ¿por qué habla usted del pasado? El pueblo iraní es lo suficientemente listo para entender que en cualquier democracia, la eliminación de opciones no es el camino ¿Por qué deberíamos eliminar una opción? Si quiere recurrir a precedentes, puede que haya muchas monarquías malas igual que hay muchas repúblicas malas”.
El viento sopla fuerte en Teherán y cada jugador reposiciona estratégicamente sus fichas. Este martes comienza en Ginebra una nueva ronda de negociaciones entre EEUU e Irán —que Reza Pahlavi está deseando que fracasen—. Mientras tanto, Trump envía nuevos portaaviones a la zona, entre ellos el más grande del mundo que desplegó en aguas del Caribe días antes de secuestrar a Maduro en Venezuela. “Si no llegamos a un acuerdo, lo necesitaremos”, aseguraba Trump, que también ha sido claro con sus intenciones, describiendo un cambio de régimen en Irán como “lo mejor que podría pasar”. Según informa Reuters, EEUU se prepara para la posibilidad de operaciones militares de varias semanas de duración si Trump ordena finalmente el ataque.
Mientras tanto, la represión brutal del Gobierno continúa tras una de las mayores oleadas de protestas desde la revolución de 1979 con historias espeluznantes como agentes esperando en las salas de emergencias de los hospitales para detener a los heridos o incluso obligando a las familias a pagar enormes cantidades de dinero para recuperar a sus muertos o incluso declarar que eran miembros de una milicia oficial para elevar así la tasa de fallecidos de las fuerzas progubernamentales y culpar a los manifestantes.
Esperamos que este ataque acelere el proceso y que la gente pueda finalmente volver a las calles y llevar a cabo la caída definitiva del régimen
Entre los que están recalibrando su posición está Reza Pahlavi. Si en octubre de 2025, unos meses antes de las protestas y las amenazas de Washington, decía que estaba en contra de una intervención militar extranjera —“Esa no es la dirección en la que queremos ir”—, este fin de semana en Múnich la ha defendido de manera ferviente: “Cada día que pasa mueren más personas, así que una intervención rápida ayudará a salvar más vidas al tiempo que nos ayudará a superar este régimen”. Horas antes, en declaraciones a Reuters, señaló: “Esperamos que este ataque acelere el proceso y que la gente pueda finalmente volver a las calles y llevar a cabo la caída definitiva del régimen”. En esta misma línea, el heredero, exiliado en EEUU, ha denunciado abiertamente el proceso de negociación actual, afirmando que no sirve para nada.
Trump, por su parte, no ha señalado abiertamente a Pahlavi como posible sucesor, mostrando dudas sobre su apoyo dentro del país. “Parece bueno, pero no sé cómo actuaría dentro de su propio país”, dijo el mes pasado. “No sé si su país aceptaría su liderazgo, pero si lo hicieran, por mí estaría bien”. Viendo lo que pasó con María Corina Machado en Venezuela, Pahlavi debe estar siguiendo cuidadosamente todas las intervenciones del presidente.
Pahlavi incluso ha defendido las sanciones que asfixian al país. “Creo que solo los apologistas del régimen defienden la idea de que sancionar al país es malo y que esto va a empobrecer a la población. Miren, como iraníes, estamos en guerra contra este régimen. Y estamos dispuestos a apretarnos el cinturón para sobrevivir. Nuestro problema no es asumir las sanciones”, dijo en una entrevista en octubre del año pasado.
El heredero también ha mostrado su apoyo firme a Israel, afirmando llevaría a Irán a firmar los Acuerdos de Abraham impulsados por EEUU para que los países de la región normalicen relaciones con un Israel que última la anexión de Cisjordania mientras sigue matando en Gaza. “Creo que solo hay dos naciones en este planeta que pueden afirmar que tienen una relación bíblica entre sí: una es Israel y la otra es Irán”, decía durante su intervención de este fin de semana en Múnich.
La simpatía es mutua. El periódico israelí Haaretz destapó en octubre una campaña encubierta en redes procedente de Israel para restablecer la monarquía y aupar la figura del “príncipe heredero”, como lo calificó la entonces ministra de Inteligencia de Israel cuando lo recibió a principios de 2023.
De Hitler al golpe de la CIA
El abuelo de Reza Pahlavi, Reza Khan, fue expulsado del poder por Reino Unido y la Unión Soviética en 1941 por su admiración por Adolf Hitler y el temor a que cortase una de las principales vías de abastecimiento en plena Segunda Guerra Mundial. Le obligaron a abdicar en su hijo, Mohammed Reza Pahlavi, padre de nuestro protagonista, que entonces tenía solo 22 años.
Tras el final de la guerra surge un nacionalismo iraní encarnado en la figura del primer ministro Mohammad Mosaddeq, cuya principal ambición era la nacionalización del petróleo iraní en detrimento de los británicos, que lo explotaban de manera abusiva desde hace años. Mosaddeq logró que el Parlamento nacionalizase el petróleo con un voto unánime en 1951, pero entonces desencadenó un golpe de Estado liderado por Reino Unido y EEUU.
La CIA puso en marcha una operación encubierta para avivar la ira iraní contra Mosaddeq pagando a periodistas, mulás y políticos para que lo atacaran tachándolo de corrupto y ávido de poder. Al mismo tiempo, se pagaría a bandas callejeras para que atacaran a figuras públicas, aumentando la inestabilidad y alimentando las sospechas de que Mosaddeq estaba atacando a sus críticos. A continuación, manifestantes a sueldo marcharían hacia el Parlamento para exigir su destitución. Forzado por las potencias extranjeras, el padre del Pahlavi actual destituyó al primer ministro, pero Mosaddeq se negó a retirarse y el sha acabó huyendo a Roma, poniendo en riesgo toda la operación. Sin embargo, en los cuatro días siguientes, la operación dio un nuevo vuelco en favor de EEUU y Reino Unido. El sha volvió y Mosaddeq acabó condenado a prisión y muchos de sus cercanos, torturados y asesinados.
A la pregunta de si era verdad que la CIA había gastado millones de dólares para reclutar a personas que se manifestasen en la calles y para otras acciones dirigidas para derrocar a Mosaddeq, el jefe de la agencia dijo a la CBS: “Solo puedo decir que es del todo falsa la afirmación de que gastamos mucho dinero para conseguir este objetivo”. La CIA no reconoció públicamente su papel en el golpe hasta el año 2013.
Pahlavi padre volvió para imponer una monarquía autoritaria en la que reprimió cualquier atisbo de oposición de la mano de la temida Savak (oficina de Inteligencia y Seguridad del Estado). Utilizó el petróleo para enriquecerse y para gastar millones en la construcción de uno de los mayores ejércitos del mundo mientras la población sufría para sobrevivir. En una entrevista poco antes de su muerte, declaró que tenía cerca de 50 millones de dólares.
Según informa el Financial Times, no se conoce que el Reza Pahlavi actual haya tenido nunca un trabajo, más allá de inversiones con su patrimonio. El año pasado vendió una mansión en Washington por tres millones de dólares y registros empresariales de Francia muestran que Reza, su madre y su hermana tienen también dos pisos en el centro de París. Todos ellos tienen también la nacionalidad del Principado de Mónaco y poseen pasaportes diplomáticos de este país.
Reza Pahlavi hijo, pese a las reticencias a la hora de criticar el legado de su padre, habla de democracia, libertad y derechos humanos. Asegura que su objetivo no es hacerse con el poder en Irán, país que no pisa desde hace cinco décadas, sino liderar una transición en la que los iraníes puedan votar entre monarquía constitucional o república pero que, en cualquier caso, lleva la democracia al país.
Ni coronas ni turbantes
Quiero terminar con la reflexión que hacía hace unos días en elDiario.es la escritora iraní Mahsa Mohebali en un artículo precioso. “Que no se nos olvide, que se grabe en nuestra frente. Ojalá esta generación, que hace cualquier cosa por sobrevivir, recuerde que debe ser exigente. Debe reclamar su parte del poder. Ojalá estos 47 años sean una luz en su camino, y no la hayan vuelto tan estúpida y abyecta como para poner el homay-e Sa'adat [pájaro de la fortuna, un símbolo mitológico de prosperidad] sobre los hombros del Sha o del Mulá. El pájaro de la fortuna está sobre los hombros de los hombres y mujeres que reclaman el derecho a una vida normal”.
Mohebali recuerda que en los primeros días tras la revolución de 1979 contra el sha Reza Pahlavi, su padre le preguntó si le gustaría usar el hijab. Ella dijo que no. “Entonces votaremos ‘no’ a la República Islámica”, contestó el padre. Desde entonces, durante 47 años, ha luchado contra el régimen. “Mis amigos fueron detenidos y azotados por beber alcohol. Fui detenida por caminar por la calle con un novio”, cuenta. La escritora relata en el texto un episodio muy simbólico de cómo su padre acabó colgando en su casa una foto enmarcada de su clase cuando era niña y todas llevaban el velo, menos ella (es la foto que ves ahí arriba).
“Tenía nueve años cuando la directora de la escuela vino a la clase y ordenó que todas usaran hiyab porque un fotógrafo quería tomarnos una foto. Yo no tenía pañuelo; me senté e intenté hacerme pequeña, pequeña e invisible, para que nadie se diera cuenta de que yo era la única sin hiyab entre esas 40 personas. De milagro, me volví invisible. Mi padre enmarcó aquella foto como señal de que su hija era una ”luchadora“ y la puso sobre su escritorio”.
Tienes que leer...

Con todo esto, estoy leyendo El sha o la desmesura del poder’, de Ryszard Kapuscinski, un libro breve, escrito de una manera bellísima, en la que el mítico periodista reconstruye la dictadura del sha Reza Pahlavi a través de notas, fotografías y grabaciones de su paso por Irán durante la caída del último monarca, el padre de nuestro protagonista de hoy.
Gracias por llegar hasta aquí.
¡Hasta la semana que viene!