Netanyahu sufre una derrota que no le impedirá seguir en el poder
67 diputados de un Parlamento de 120 escaños quieren que Netanyahu desaparezca para siempre. Aspiran a que sea juzgado por delitos de corrupción y que se forme una comisión de investigación independiente sobre el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. El veredicto de las elecciones israelíes del martes parece claro, pero en realidad no lo es. La primera frase de este artículo ignora una realidad que todo el mundo conoce en el país, aunque no se exprese en estos términos. En Israel, en términos políticos hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda.
Estos últimos son los palestinos de Israel, a los que allí se llama “árabes” o “árabes israelíes”. Los dos partidos a los que vota esa comunidad, que representa al 20% de la población, obtuvieron un resultado histórico: 19 escaños. Unidos a los 48 del bloque de la oposición que dirige el exgeneral Gabi Eisenkot llegan a los 66 escaños mencionados, según el escrutinio que ha llegado ya al 85%. La coalición de Netanyahu se queda en 53 con el Likud como el partido más votado con 26. En las elecciones de 2022, ese bloque obtuvo 64.
Es una derrota que no condena a Netanyahu y que le deja un amplio margen de maniobra para continuar en el poder o, si eso es imposible, confiar en que se repitan las elecciones dentro de unos seis meses. Él seguiría al frente de un Gobierno en funciones que no se limitaría a tramitar asuntos de relevancia menor.
Netanyahu ha demostrado en años anteriores su habilidad para generar realidades políticas que le favorecen y dejan a sus enemigos sin capacidad de respuesta. Sobre todo cuando estos últimos se autoimponen condiciones que les condenan a continuar en la oposición. Por ejemplo, que los gobiernos de Israel deben ser “sionistas”, es decir, no contar con el apoyo de los partidos árabes.
El primer ministro se apresuró a señalarlo en el discurso que dio a las tres de la mañana. “El bloque de derechas tiene una mayoría clara y decisiva entre la gente sionista”, dijo. “Es impensable poner en peligro a Israel y montar un Gobierno que se opone a nuestra existencia, que considera a Hamás una organización benéfica y que llama criminales de guerra a nuestros soldados”, continuó. Estas tres acusaciones no son ciertas, pero lo que importa a Netanyahu es que sus partidarios piensan igual y sabe que muchos de los votantes de la oposición coinciden con él.
Deslegitimar a los partidos árabes es la clave de esta estrategia. Es un punto de vista que comparten dos de los dirigentes de la coalición de la oposición, Naftalí Bennett y Avigdor Lieberman, cuyos partidos suman 19 escaños en la futura Cámara. Lieberman odia a Netanyahu y lo conoce bien porque fue su jefe de gabinete en los años noventa y su ministro de Defensa y Exteriores en gobiernos posteriores, pero sus puntos de vista sobre los palestinos son casi idénticos a los del primer ministro, a veces incluso más radicales.
Eisenkot dijo en la campaña que aspiraba a formar un Gobierno únicamente sionista y todo el mundo sabía a qué se refería. En la noche del martes, repitió la misma idea ante sus partidarios.
Solo Yair Golan, de la coalición de izquierdas Demócratas que recoge los restos del laborismo, se mostró a favor de llegar a un pacto con los partidos árabes al conocerse los resultados de los sondeos: “No tenemos ningún futuro si no dejamos de tener miedo y si no detenemos el racismo. No podemos seguir aceptando la división racista que hace Netanyahu entre votos judíos y votos árabes”.
En la noche del martes, los sondeos a pie de urna colocaron al Likud como partido más votado, pero concedieron 53 escaños a la coalición de Eisenkov y 50 a la de Netanyahu. El escrutinio dio la vuelta a esos números. Amplió el número de escaños del Likud hasta 26 y puso a Netanyahu por encima del bloque de Eisenkov, que se quedó en 21. Por eso, Netanyahu esperó hasta la madrugada para pronunciar su discurso cuando sus rivales ya habían abandonado las sedes de sus partidos.
Los datos del escrutinio aún pueden cambiar porque es al final del recuento cuando se contabilizan los votos de los soldados. Son muchos en estas elecciones porque incluyen a decenas de miles de reservistas. En anteriores comicios, esos votos han favorecido a los partidos de derecha y reducido el porcentaje de votos recibidos por los partidos árabes.
A corto plazo, la repetición de las elecciones es la opción más favorable para los intereses de Netanyahu. Calcula que los miles de israelíes que viven en el extranjero y que volaron al país para votar –el voto por correo desde el exterior está limitado a colectivos muy concretos, como los diplomáticos– no lo harán en unos nuevos comicios. También puede confiar en que descienda la participación electoral de los árabes, decepcionados por el hecho de que sus votos no sirven para cambiar un Gobierno. En las elecciones anteriores, ese porcentaje fue del 53%. Los expertos calculaban que ahora podrían superar esa cifra en diez puntos. En todo el país, la participación el martes fue del 77%.
“El día de las elecciones, masas de ciudadanos árabes extendieron su mano a la gente que se considera liberal y les dijo que quieren formar parte del país”, escribió la periodista Noa Landau en el diario Haaretz, “a pesar del coste emocional y social que les supone votar para la mayoría de ellos. Eisenkov prefirió escupirles en la cara y meterse en un agujero sin esperar ni siquiera cinco minutos a que salieran sondeos más actualizados sobre la votación”.
La formación del futuro Gobierno no dependerá solo de unas negociaciones largas y complicadas. Ahí interviene otra de las cartas con que cuenta Netanyahu. La reanudación de la guerra contra Irán le permitirá reclamar la formación de un Gobierno de unidad nacional presidido por él. Eso depende más de Donald Trump que de sus decisiones.
A la misma hora en que se estaba realizando el recuento electoral, The Wall Street Journal publicó que el Gobierno norteamericano ha informado a sus aliados en el Golfo Pérsico que deben estar preparados para una “corta pero intensa” campaña de bombardeos contra Irán después de las elecciones legislativas de EEUU, que se celebran el 3 de noviembre. Es el tipo de noticia que Netanyahu está esperando.
Nota: noticia actualizada con los últimos datos del escrutinio.
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