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Occidente trata de empujar la solución de los dos Estados para Israel y Palestina tras décadas en el olvido

Imagen de archivo de enfrentamientos en Ramallah entre palestinos y las fuerzas de seguridad de Israel en diciembre de 2022

Irene Castro / Javier Biosca Azcoiti

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Los atentados de Hamás contra Israel del pasado 7 de octubre y la beligerante respuesta de Benjamín Netanyahu sobre la Franja de Gaza ha monopolizado la política internacional los últimos dos meses. La ONU, la UE, Estados Unidos, por supuesto los países árabes, y otros como China dedican esfuerzos diplomáticos a buscar una salida a la masacre sobre la población gazatí y, en medio de la guerra, con el recrudecimiento de la tensión en el resto de la región, emergen voces, como la de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que ve la solución de los dos estados ahora más cerca que antes. Y Joe Biden, a quien escuchan más en Tel Aviv, ha recordado que esa es la apuesta mientras Israel ha retomado los ataques dejando, de nuevo, cientos de muertos.

En la UE reconocen que fue un error dejar aparcado el conflicto entre Israel y Palestina durante años. Lo ha hecho especialmente el alto representante, Josep Borrell, que repitió el mensaje el pasado lunes ante la Unión por el Mediterráneo: “Lo que está ocurriendo hoy en Palestina y en particular en Gaza es una quiebra moral y política de la comunidad internacional, que durante 30 años ha estado repitiendo que la solución era construir dos Estados; pero haciendo poco o nada para hacerla una realidad. Hoy somos conscientes de que la pérdida de vidas civiles continuará generación tras generación y funeral tras funeral si no podemos llegar a un acuerdo político que permita hacer realidad lo que tantas veces hemos pregonado”.

A esa cita, que congrega a todos los países que hacen frontera con el Mediterráneo, no asistió Israel, que se escudó en el cambio de agenda en el orden del día, que se centró en la ofensiva en Gaza. Fue la vez que más ministros asistieron y, salvo alguna excepción muy puntual, todos los países coincidieron en la necesidad de impulsar la solución de los dos Estados. 

“Es ahora o nunca”, dijo un par de días después la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La alemana reconoció que “debido a los terribles acontecimientos en Oriente Medio, la solución de los dos Estados es mucho más probable de lo que era hace unos meses o años”. “Tiene que haber una solución política, tiene que haber una perspectiva política y esa perspectiva es la solución de los dos Estados”, dijo en una entrevista en Politico. 

Jørgen Jensehaugen, investigador sénior del Peace Research Institute of Oslo (PRIO) y especializado en el conflicto, se muestra sorprendido ante la afirmación de Von der Leyen. “¿Dónde está la oportunidad aquí? Hay muchos más obstáculos que oportunidades y quién tendrá el control de Gaza en el futuro es uno de ellos”, dice el experto a elDiario.es. “Es extraño que pongan ahora la solución de los dos Estados de nuevo sobre la mesa en el sentido de que ahora es más difícil que nunca. No solo por la guerra en Gaza, sino también por el hecho de que hay más de 700.000 colonos y de que Israel tiene el Gobierno más a la derecha de su historia en el que el Likud es considerado el adulto en la habitación y tiene un programa que se opone a la solución de dos Estados”.

Algunos países como España están ejerciendo especial presión en este sentido. Pedro Sánchez aprovechó su viaje a la zona para, además de afear a Netanyahu su ataque a la población gazatí, abrir la puerta al reconocimiento unilateral del Estado palestino. Cerca de 139 países ya lo hacen, de los que una decena forman parte de la UE (Malta, Grecia, Chipre, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Polonia, y Suecia).

En la UE hubo una fractura en el comienzo de la guerra en Gaza por el equilibrismo de algunos países, especialmente Alemania, hacia Israel. Pero una vez que la masacre avanza, va calando la idea de que es necesario prolongar la tregua que permita vislumbrar una salida. “Es interesante. He estado hablando mucho con los israelíes, pero también con [el presidente egipcio] Al Sisi, con el rey de Jordania, he tenido una llamada telefónica con Abás [el presidente de la Autoridad Palestina] y parece que hay una lenta pero segura formación de ideas de cómo esto podría ser”, agregó Von der Leyen en su entrevista en Politico. 

El 7 de octubre, punto de inflexión

“Antes del 7 de octubre, todas las estructuras hacían imposible la solución de los dos Estados. Paradójicamente, el ataque del 7 de octubre y la terrible reacción de Israel han llevado a la gente a darse cuenta de que se necesita algún tipo de solución”, dice Jensehaugen. “Y los dos Estados es la única solución en la mente de los europeos y de EEUU. El problema es que ha estado muriendo durante años y los políticos europeos y estadounidenses no han hecho una operación de rescate. La han visto morir y pensaban que mientras el conflicto estuviese controlado y a bajo nivel no era necesario malgastar capital político, pero el 7 de octubre se dieron cuenta de que este conflicto hay que resolverlo porque es muy peligroso”.

Las bases mínimas para la solución de los dos Estados pasan por “un reconocimiento de la estatalidad de Palestina por parte de países occidentales, que la mayoría no reconocen el Estado Palestino, pero también por parte de Naciones Unidas, donde hasta ahora no se ha reconocido por el veto de Estados Unidos”, explica a elDiario.es Haizam Amirah Fernández, investigador principal en el Real Instituto Elcano. “Aunque las fronteras no estén definidas, tampoco están definidas las de Israel. Esto enviaría un mensaje claro de que se está trabajando en serio, que esta vez hay una voluntad de hacer algo diferente, de igualar el terreno de juego para una negociación entre los israelíes y los palestinos, que hasta ahora no se había hecho”, explica.

“A partir de ahí, propiciar unas negociaciones que traten los temas espinosos. En ausencia de ese horizonte de esperanza para los palestinos, seguirá habiendo ocupación, seguirá habiendo resistencia y falta de seguridad para unos y para otros, cada vez con una mayor amenaza de que se extienda hacia otras partes del mundo, incluidos los países europeos en forma de oleadas de refugiados, en forma de radicalización y también de mayor polarización de las sociedades europeas”, señala Amirah Fernández, que considera que “no ha desaparecido el riesgo de guerra regional”.  

“El conflicto sin solución acaba saliendo a la superficie y arrastrando a la región hacia situaciones altamente peligrosas en las que seguimos estando, que implican riesgo de guerra regional. No ha desaparecido el riesgo de limpieza étnica de la población palestina de Gaza, e incluso de Cisjordania. Esas son líneas rojas que rompería todo Oriente Medio, que podrían desencadenar una guerra regional. Jordania ha dicho que sería una declaración de guerra una transferencia de población palestina fuera de Gaza hacia Egipto o de Cisjordania hacia Jordania”, argumenta el analista experto en mundo árabe.

Los obstáculos

Borrell ha puesto sobre la mesa una hoja de ruta que pasa, en primer lugar, por una pausa en las hostilidades (si bien los ataques se han reanudado tras una tregua de siete días). A partir de ahí, lo que tienen claro en la UE es que Hamás tiene que desaparecer del control de la Franja de Gaza y que una Autoridad Palestina “revitalizada” debe hacerse con las riendas. “Hamás es una organización terrorista para nosotros los europeos. Para otros países representa una idea y no puedes matar una idea. La única forma es presentar otra mejor. Frente a una mala idea tienes que presentar otra que sea buena y viable y que garantice que la gente pueda vivir en paz y acabar con este ciclo de violencia”, expresó el jefe de la diplomacia europea. Esa hoja de ruta contempla también el fin de los asentamientos ilegales de Israel y la necesidad de que Cisjordania y la Franja de Gaza estén conectadas de alguna manera. 

“Decimos que la solución de los dos Estados está muerta por las estructuras sobre el terreno, pero por supuesto que teóricamente es posible revertir algunas de esas estructuras”, dice Jensehaugen. “Teóricamente se pueden devolver a Israel a centenares de miles de colonos para que Cisjordania se convierta en un territorio unido y continuo, pero la cantidad de presión que la comunidad internacional tendría que ejercer sobre Israel no veo que esté entre sus opciones políticas”.

El analista pone el ejemplo de los productos que vienen de asentamientos israelíes, declarados ilegales. Aunque la UE diferencia en el etiquetado los productos que vienen de Israel y los que vienen de asentamientos, “podría haber tomado una postura más dura de prohibir estos productos porque los asentamientos son ilegales. Es lo mismo que se hace con Ucrania y Crimea. Son políticas no solo para que no empeore la situación, sino para revertirla”.

“El mensaje que recibe Israel entonces es que no nos gustan los asentamientos, pero no vamos a hacer nada contra ellos. Mientras eso esté claro, Israel va a seguir ampliando asentamientos y, cuanto más lo hagan, más difícil será eliminarlos”, dice. Aunque considera el asunto de los refugiados o el estatus de Jerusalén como un problema mayor que los asentamientos, el investigador señala que “se puede crear un Estado palestino sin resolver el tema de los refugiados, pero los asentamientos hacen prácticamente imposible tener un Estado porque no hay un territorio que se pueda unificar”.

El propio embajador palestino ante la ONU en Ginebra, Ibrahim Khraishi, ha señalado esta semana que la solución de los dos Estados es “difícil”, pero “posible si hay voluntad”. “Ahora es el momento. Y es bueno para Israel, por cierto. Si no aceptan la idea, será demasiado tarde para ellos, no para nosotros”. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, nunca ha sido un gran defensor de los dos Estados. Su posición en los últimos años es que está abierto a la creación de un Estado palestino siempre y cuando no tenga poder ni soberanía en términos militares y de seguridad, algo intolerable para los palestinos. En términos de la población israelí, mientras en 2013 solo un 50% pensaban que un Estado palestino y uno israelí podrían convivir pacíficamente, en 2023 esa cifra se redujo al 35% (datos anteriores a la última guerra).

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido esta semana a través de un discurso pronunciado por la directora general de la oficina de la ONU en Ginebra la vuelta a esta propuesta, que ya planteó la Asamblea General en 1947, antes de la creación del Estado de Israel. “Hace tiempo que ha llegado el momento de avanzar de forma decidida e irreversible hacia una solución de dos Estados, sobre la base de las resoluciones de las Naciones Unidas y el derecho internacional”.

“Tiene que haber una visión de lo que viene después”, afirmó el presidente de EEUU, Joe Biden, en referencia a la guerra actual. “En nuestra visión, tiene que ser la solución de los dos Estados”. China, por su parte, solicitó este jueves ante el Consejo de Seguridad una hoja de ruta y un programa temporal concreto hacia los dos Estados con la celebración de una conferencia de paz.

Para Amirah Fernández, el “análisis” que hasta ahora había empleado la comunidad internacional era “erróneo” porque “el conflicto no estaba congelado, no estaba gestionado y no se podía puentear el conflicto Israel-palestino mediante los acuerdos de normalización entre Israel y algunos regímenes árabes, los llamados acuerdos de Abraham”. 

“El mantra de los dos Estados se ha repetido durante décadas, pero sólo ha servido para generar la sensación de que hay un proceso. No se ha acompañado de hechos, como el impulso diplomático”, afirma. Pero no ha sido el único obstáculo: “Netanyahu siempre ha dicho que es la garantía para que no se materialice la solución de los dos estados”. “Los impedimentos a la materialización de esa solución son muchos, empezando por la colonización, los asentamientos”, señala el investigador principal de Elcano, que también apunta al “debilitamiento de la Autoridad Palestina”.  

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