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La clase baja de Facebook: "Soy indigente, duermo en un aparcamiento"

Grafiti con la cara de Mark Zuckerberg y la frase: "Eres mío".

Julia Carrie Wong

Como uno de los lugares más deseados para trabajar en Silicon Valley, Facebook ha construido un pequeño pueblo para sus empleados en su sede central en Menlo Park. Tras dejar el vehículo a un aparcacoches, los trabajadores pueden hacer ejercicio en el gimnasio, coger las bicicletas para ponerse en forma, llevar la ropa a la lavandería, ir al dentista o al doctor de la empresa, jugar a la consola en el salón recreativo o incluso cortarse el pelo.

Facebook tiene dos tipos de trabajadores: unos que son muy ricos y otros que son muy pobres

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Pero mantener todos esos servicios en marcha requiere un ejército de trabajadores de contingencia subcontratados, incluidos mecánicos de bicicletas, guardas de seguridad y conserjes.

María González, conserje en Facebook, es parte de ese batallón. Dice que le gusta trabajar en Facebook y que no tiene resentimiento a los ingenieros y gerentes de producción para los que limpia. “Sé que ellos son los que están haciendo dinero”, cuenta en español. “Ellos son los que hacen el trabajo duro y reciben un salario justo”, añade.

Pero también le parece irónico que los trabajadores mejor pagados sean los que reciben todos los servicios de forma gratuita. “Tienen lavandería gratis, cortes de pelo, comida gratis a cualquier hora, gimnasio gratis. Todas las cosas por las que normalmente tienes que pagar, ellos las tienen gratis”, cuenta González que, junto con su marido, se gasta más de la mitad de sus ingresos en un alquiler en el cercano San José. “No ocurre lo mismo con los conserjes, nosotros solo recibimos nuestra nómina”.

La empresa de 424.000 millones de euros ha sido meticulosa a la hora de asegurarse de que sus trabajadores subcontratados estén relativamente bien pagados. En mayo de 2015, en medio de una campaña a nivel nacional para aumentar el salario mínimo, la compañía estableció un mínimo de 15 dólares la hora (12,7 euros) a sus subcontratas, así como derechos como bajas remuneradas, vacaciones y una ayuda de 3.400 euros por hijo.

Pero esos salarios coinciden con unos costes de vivienda fuera de control. San Francisco y San José ocupan el primer y tercer puesto de las ciudades de EEUU con los alquileres más caros, según un reciente análisis. Los apartamentos de una habitación en San José rondan los 2.000 euros. El precio extremo de la vivienda es la razón por la cual California tiene la mayor tasa de pobreza del país, de acuerdo con los datos de un censo estadounidense que toma en consideración el coste de vida de una región.

“Trabajas para una empresa que gana mucho dinero y que no paga lo suficiente para permitirte vivir aquí”, cuenta Jiovanny Martínez, guarda de seguridad en las instalaciones principales de Facebook. “Tienes que tener un segundo trabajo. Es probable que nunca te puedas permitir una casa. Es una lucha”, añade.

Martínez, de 30 años, tiene tres trabajos para sostener a su familia. Su horario en Facebook es de 13.15 horas a 22.00 horas, lo que le permite trabajar como conductor de Lyft por las mañanas. Los fines de semana trabaja como vigilante en parques. Todo ese trabajo le permite alquilar una casa de tres habitaciones que acoge a cuatro adultos y cuatro menores: su esposa, sus dos hijas, su suegra y su cuñada con sus dos hijos. Estos últimos duermen en el garaje.

“Soy indigente”

Facebook está dando algunos pasos para abordar la crisis de vivienda. El cambio planeado a unas nuevas instalaciones incluye la construcción de 1.500 unidades, de las cuales 225 estarán por debajo del precio de mercado. Mientras tanto, Unique Parsha, trabajadora de Facebook, continuará llevando su casa al trabajo.

En un caluroso día de julio, un empleado de Facebook alertó a la seguridad de que había un perro en un coche aparcado en el parking. Al empleado le preocupaba el bienestar del perro, pero para Parsha, explicar por qué dejó a su caniche en el coche mientras hacía su turno en Facebook le obligaba hacer una confesión personal: no tiene casa. Desde abril, tras dejar a la pareja que abusaba de ella, la mujer de 47 años duerme en el aparcamiento de un gimnasio abierto 24 horas, donde aparca una vez llega del trabajo a medianoche. “Cuando me visto en el gimnasio, me entra la risa”, cuenta Parsha. “Me arreglo y todo eso, pero soy una indigente. Es realmente divertido. Nadie se lo imaginaría”.

Parsha es consciente de la incongruencia que supone ir a trabajar todos los días a una de las empresas más ricas del mundo tras dormir en el asiento trasero de su coche. “A veces la gente me pregunta dónde vivo y yo me siento avergonzada”.

Parsha gana bastante más que el salario mínimo de Facebook, es especialista en contenidos y modera vídeos en directo y otro tipo de contenidos, pero aun así no ha podido encontrar un apartamento o habitación que pueda permitirse junto a su préstamo de estudios y otros pagos. La trabajadora ha iniciado una campaña de crowdfunding en GoFundMe y la ha compartido en Facebook.

“No es una paga suficiente para sobrevivir en función a los alquileres que hay ahí fuera. ¿Cómo puede sobrevivir la gente? Una habitación cuesta al menos 1.500 euros”, se lamenta haciendo un cálculo muy a la baja de lo que tendría que pagar por un apartamento para ella sola. “Eso es todo mi salario”.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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Publicado el
14 de octubre de 2017 - 19:15 h

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