Habla una trabajadora de la Corte Penal Internacional que acusa de abuso sexual al fiscal jefe: “Fue una invasión gradual”
Dos mujeres que han acusado al fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), Karim Khan, de abuso sexual, han hecho públicas sus denuncias contra el destacado abogado británico.
En una entrevista con Christiane Amanpour de CNN este jueves, una empleada de la CPI, identificada solo por su nombre de pila, Sarah, ha hablado en públlico por primera vez sobre sus acusaciones, que han sacudido a la corte en los últimos dos años.
Sarah, abogada que trabajaba directamente para Khan, ha descrito su comportamiento como una “escalada de intentos”. Ha dicho que “fue como una invasión gradual de los límites, no solo física sino también emocionalmente”.
Ha alegado que en una ocasión, durante una visita oficial a Colombia, Khan entró en su habitación de hotel. Ha explicado que, mientras fingía estar dormida, él “comenzó a meterme la mano por debajo de las mallas, a manosearme, a lamerme la oreja”. Khan ha negado las acusaciones.
Una segunda mujer, identificada con el seudónimo de Patricia, también ha hablado con Amanpour, aunque su rostro no se ha podido ver. La mujer, que se presentó por primera vez ante The Guardian el año pasado, trabajó para Khan al principio de su carrera.
Ha declarado que, durante su periodo de prácticas en 2009, se le exigió trabajar en su casa. Ha dicho que “sin falta, cada vez que estaba allí, él me acosaba constantemente: me manoseaba, me agarraba, me besaba la cara, me tocaba el pelo e intentaba que tuviera relaciones íntimas con él”.
Una de las abogadas de Khan, Sareta Ashraph, ha afirmado que las acusaciones de ambas mujeres no eran nuevas y que Khan sigue negando las denuncias “en su totalidad”. En declaraciones a Amanpour, ha dicho: “El conjunto de las pruebas muestra una imagen muy diferente a la que se ha presentado hoy aquí”.
Las entrevistas se producen en un momento crucial tanto para Khan como para la CPI. La próxima semana, los Estados miembros del tribunal se reunirán en la sede de la ONU en Nueva York para una votación sin precedentes sobre la destitución del fiscal.
Comenzó a meterme la mano por debajo de las mallas, a manosearme, a lamerme la oreja
El mes pasado, el comité ejecutivo del órgano rector de la CPI suspendió a Khan tras concluir que había cometido una falta grave en relación con las denuncias de abuso sexual contra Sarah. El caso fue remitido a los 125 Estados miembros de la Corte para que decidieran su futuro.
Los abogados del fiscal jefe han argumentado que el proceso disciplinario en su contra tiene motivaciones políticas y que es “procesalmente injusto”.
Ashraph ha declarado: “Esta aparición en los medios se produce una semana antes de la votación del 24 de julio. Las pruebas y los testimonios presentados ya obran en poder de los Estados, junto con una gran cantidad de información relevante que no se ha presentado en este programa [CNN]”.
Khan fue elegido en 2021 para un mandato de nueve años al frente de la división de la fiscalía de la Corte, responsable de investigar y enjuiciar a las personas acusadas de atrocidades.
Sarah, de 39 años, fue asistente especial directa de Khan entre 2023 y 2024. Es de Malasia y trabajó en la CPI durante varios años antes de unirse al equipo de Khan.
La gestión del fiscal jefe en el tribunal de última instancia se vio empañada a finales de 2024 cuando salieron a la luz los detalles de las acusaciones de Sarah. Hasta ahora, ha permanecido en el anonimato.
Los representantes de Khan han insinuado en ocasiones que las acusaciones de Sarah podrían formar parte de una conspiración de agentes hostiles para desacreditarlo como consecuencia de su decisión en 2024 de solicitar órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su entonces ministro de Defensa.
Según documentos consultados por The Guardian, el proceso disciplinario contra Khan concluyó que no existían pruebas que respaldaran las afirmaciones de que Sarah estuviera siendo utilizada por terceros, incluidas agencias de inteligencia.
En su entrevista con Amanpour, Sarah, que es musulmana y sigue siendo empleada de la CPI, ha declarado: “Si hubiera existido la más mínima sospecha de que yo fuera agente estatal, me habrían despedido”. Y ha añadido: “Mi denuncia se debió a lo que me sucedió, y no a ningún otro motivo”.
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