La portada de mañana
Acceder
La monarquía cuesta a los españoles mucho más de lo que reflejan sus cuentas
Verano sin mascarillas en el exterior y con vacunas, pero aún con restricciones
Estudiantes y salud mental en la era COVID: "Creía que no podía y me preguntaba si valía para esto"

The Guardian en español

OPINIÓN

Inglaterra tiene que hacer un examen de conciencia tras lo sucedido en la Eurocopa

Dos personas colocan mensajes de apoyo encima de los insultos contra el jugador inglés Marcus Rashford.

12

Vuelta a lo de siempre. Avalanchas en las puertas del estadio de Wembley, abucheos a los himnos nacionales, miembros del personal de recepción golpeados, pintadas sobre los murales y el racismo desfilando por las redes sociales. Colocados a las puertas del Bella Pasta, muchachos hacen el signo de la victoria en Little Italy y agreden a los transeúntes en la estación de metro.

Un primer ministro que ha contribuido más a la división y a la estupidez que ninguna otra persona en Reino Unido envía un mensaje contra la división y la estupidez. Una ministra de Interior que emplea una retórica cínica y de confrontación dice estar "asqueada" al encontrar que hay gente que se la ha tomado en serio.

Mirando alrededor tras la derrota de Inglaterra en la Eurocopa, uno se pregunta vagamente por qué será que la victoria de Italia parece generar tanta satisfacción fuera de estas fronteras. Quizás, el verdadero logro podía haber sido el de los amigos que hicimos desde la invención del fútbol pero tampoco parece que tengamos muchos de esos.

Ya habrá tiempo de hablar sobre la elección de los jugadores para los penaltis y de las pérdidas y ganancias en el balance del seleccionador nacional, Gareth Southgate. Pero primero, lo otro. Inglaterra 2021, una nación que se siente una vez más agotada.

Qué hacer ahora

Creer que el bello y joven equipo de Southgate iba a "unir" a un país con graves divisiones estructurales y sociales siempre fue una idea profundamente equivocada. El fútbol solo es fútbol. Ganar partidos no es un atajo para conseguir la educación, la decencia y el liderazgo que hacen falta en otras áreas.

Hay una conclusión evidente tras los insultos miserables contra los jugadores negros de Inglaterra. A menos que haya una conversión celestial y puedan ver la luz, está claro que en este país hay un grupo de personas que necesitan ser identificadas, censuradas y hacer que cierren la boca.

La idea de que las empresas de redes sociales no son capaces de controlar estas agresiones es una ridiculez. Son su propiedad y es su código informático. No hacen falta algoritmos. Un becario adolescente con un teléfono inteligente y un botón de borrar podría haber controlado las cuentas de estos jugadores en la noche del domingo. Lo único que hacía falta era tener la voluntad genuina de hacerlo. Ese es el paso número uno.

El paso número dos, un paso largo y minucioso, es hacer el reconocimiento integral y sincero de un país donde tanta gente ha normalizado el racismo y la canallada sin gracia. 

Se trata de un problema en el que el fútbol tiene algo que decir, porque el fútbol es un negocio con un liderazgo y con un conjunto de normas. Si esto se gestiona mal, con un personal que no lo toma tan en serio como debería, el negocio del fútbol servirá de punto de reunión para los fanáticos, un lugar para radicalizarse y recrudecer las opiniones. Pero es un problema que el fútbol puede controlar, no resolver.

En el pasado, cada salida de la selección de Inglaterra de un torneo incluía por defecto un repaso integral de todo. Esta vez, todo el país es el que debería exponer a la luz sus vergüenzas y preguntarse qué es lo que le está pasando exactamente.

El partido

Y sobre el juego, ¿qué fue lo que pasó? En este punto vale la pena abrir un poco la perspectiva: Inglaterra ha perdido en la tanda de penaltis de la final de la Eurocopa. Fueron 45 minutos de buen juego inglés en el estadio de Wembley, hasta que fueron empujados hacia atrás cuando Italia demostró que también sabía practicar este deporte.

Más allá de eso, Inglaterra se mantuvo invicta a lo largo del torneo, con dos centrocampistas que nunca habían jugado un partido de la Copa de la UEFA. Pasaron por encima de selecciones que habían sido cuatro veces campeonas del mundo, que habían sido finalistas de la Copa del Mundo, o que ya habían ganado la Eurocopa, como Croacia, la República Checa (cuando formaba parte de Checoslovaquia), Alemania y Dinamarca. Solo la inmerecida arrogancia inglesa podía hacerlas parecer como indignas de una nación que nunca ha ganado la Eurocopa.

Entre los que creen que Southgate simplemente tuvo suerte y los que dicen que hizo un mal trabajo como seleccionador, al final lo que parece es que se trata del trabajo imposible. Para llegar a esa conclusión hace falta cierto grado de disonancia cognitiva: desde que Southgate es el seleccionador, Inglaterra ha llegado a dos semifinales en dos intentos. Antes de él, Inglaterra había llegado a tres semifinales en 70 años. Antes de Southgate, la selección había perdido contra Islandia y había jugado tan mal en la Eurocopa 2012 que era difícil mirar los partidos sin migrañas ni sensaciones de náusea. No puede atribuirse al seleccionador todo el mérito de la mejora pero él es una gran parte de la solución.

Esto no quiere decir que Southgate haya controlado a la perfección todos los aspectos del juego el domingo. En los detalles finos y la gestión del juego aún tiene que demostrar los instintos y el talento de los más exitosos entrenadores de clubes. Por cierto, ahora mismo ni uno solo de esos está haciendo cola para entrenar a Inglaterra.

Acusarán a Southgate de haber dejado la final a la deriva, de no haber inyectado alguna dosis extra de energía poniendo a los jugadores Jack Grealish o Jadon Sancho cuando Italia empezó a dominar. En otra versión de los hechos, lo que ocurrió fue que Southgate escuchó los ecos de Croacia 2018, cuando Inglaterra se replegó y fue arrollada, y que por eso decidió atacar.

No es un fracaso

Probablemente era lo que tenía que pasar, ahora que nos decimos que Inglaterra va a seguir con las derrotas. Pero hay dos razones por las que esto no debe ser interpretado como un signo inequívoco de fracaso. En primer lugar, no es así como ha funcionado la prudente selección de Southgate. Aquí hubo un método que les llevó hasta ese punto. Vivir por el escudo, morir por el escudo.

En segundo lugar, Inglaterra sigue siendo el equipo que ha empatado con la mejor selección de Europa y que sería ahora campeón de la Eurocopa 2020 si hubiera tirado mejores penaltis. Este es el otro tema de preocupación. Ha habido objeciones sobre la identidad de los jugadores que tiraron los penaltis de Inglaterra.

¿Por qué Southgate eligió, o permitió, que Sancho, Bukayo Saka y Marcus Rashford lanzaran los penaltis? De ese grupo, dos acababan de entrar en el campo de juego. Uno de ellos tiene 19 años y en su club tampoco es el que tira los penaltis.

La respuesta evidente es que Inglaterra había entrenado y se había preparado para esto. Estamos hablando de algunos de los jugadores más hábiles del equipo. Rashford suele tirar los penaltis en el Manchester United. En la Liga de Campeones, Sancho ha metido gol desde la línea de penaltis para el Borussia Dortmund. No hay una falta de lógica aquí. Los jugadores se habrán sentido preparados. Las objeciones solo llegan con el mal resultado en el marcador.

El caso de Saka es más complicado. No tiene experiencia pero sí juego. Por supuesto, él dirá que estaba preparado. Y existe la tentación de presentar al seleccionador nacional como una especie de padre pesadilla de hijo deportista, donde Saka sería su joven y talentoso mini-Gareth Southgate, nuevo en el equipo, versátil, maduro, y del que se espera que reescriba el propio fracaso deportivo de Southgate cuando falló el penalti en la final de la Eurocopa de 1996, que marque los cientos de goles que él nunca marcó, que juegue en los equipos locales a los que él nunca llegó.

Es mejor resistirse a ese relato. Saka no es un niño. Es un futbolista profesional con talento y recursos. Sobrevivirá a esto. Hubo otros cuatro jugadores que también fallaron. No se puede permitir que el impulso de protegerlo, el miedo a la agresión, prime sobre lo que realmente sucede. Esa es la verdadera cuestión. Southgate ha sido elogiado, con razón, por dar espacio a los futbolistas más jóvenes, por confiar en ellos, ofrecerles una puerta abierta y responsabilidad, con todo el peligro y toda la esperanza que eso implica. Poner a Saka en los penaltis es totalmente coherente con esa estrategia. Fue una decisión trascendente de Southgate, fiel al equipo, fiel a sí mismo, y tomada pensando exclusivamente en el colectivo. Manejar los detalles de una tanda de penaltis es posible pero también hay un elemento de capricho. Dentro de este deporte, son lo más cercano que hay a lo absurdo.

La selección inglesa seguirá avanzando hacia Catar en el florecimiento del período más exitoso dentro de su historia en el torneo. Los jugadores salen de esta Eurocopa habiéndose ganado el crédito. El seleccionador tiene sobre todo aspectos positivos, con algunos fallos de su plan bajo el escrutinio más intenso. En cuanto al país, al bajón, a esas voces marginales, bueno, eso es otro asunto totalmente distinto.

Traducido por Francisco de Zárate

Etiquetas

Descubre nuestras apps