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Mi mensaje para Benjamin Netanyahu: paren el golpe o pararemos el país

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, preside la reunión semanal de su gabinete en Jerusalén, el pasado 5 de marzo. EFE/EPA/GIL COHEN- MAGEN / POOL

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Estamos en medio de un huracán histórico. Este huracán no despierta en nosotros ira u odio, sino miedo. Estamos ansiosos, no dormimos por las noches, estamos lisa y llanamente aterrorizados. Y esto está muy bien. Hay momentos en la historia en los que el miedo es la reacción más sensata. Hay momentos en la historia en los que el miedo es necesario para impulsarnos a la acción.

Hoy tenemos una excelente razón para estar asustados y tenemos una excelente razón para actuar. Que nadie se engañe: lo que este Gobierno está llevando a cabo no es una reforma judicial. Es un golpe antidemocrático. Así es exactamente cómo luce un golpe de Estado.

Los golpes no siempre se llevan a cabo con tanques en las calles. Muchos golpes de Estado en la historia se llevaron a cabo a puerta cerrada con bolígrafos y papeles, y cuando la gente comprendió el significado de lo que estaba escrito en esos papeles, ya era demasiado tarde para resistirse.

Abundan en la historia dictaduras establecidas por personas que primero llegaron al poder por medios legales. Es el truco más viejo del manual: primero se utiliza la ley para acceder al poder y después se utiliza el poder para distorsionar la ley. Al examinarlas en conjunto, las leyes que este Gobierno está promulgando tienen un significado simple (y no hace falta un doctorado en derecho para entenderlo): si estas leyes se aprueban, el Gobierno tendrá el poder de destruir por completo nuestra libertad.

61 miembros de la Knesset [el parlamento israelí, que tiene 120 miembros] podrían aprobar cualquier ley racista, opresiva y antidemocrática que se les ocurra. 61 miembros de la Knesset también podrían modificar el sistema electoral, para impedir así que sustituyamos al régimen. Cuando les preguntamos a los líderes de este golpe qué mantendrá bajo control el poder del Gobierno durante el nuevo régimen y qué protegerá los derechos humanos básicos, sólo tienen una respuesta: “confíen en nosotros”.

Primer Ministro Netanyahu; ministro de Justicia Levin; diputado Rothman, presidente del comité constitucional: ¡no confiamos en ustedes! Están haciendo trizas el contrato que de alguna manera ha mantenido unida a nuestra sociedad durante 75 años. ¿y esperan que confiemos en ustedes?

No confiamos en ustedes porque sabemos muy bien lo que quieren. Quieren poder ilimitado. Quieren hacernos callar y decirnos cómo vivir, qué comer, qué vestir, qué pensar e incluso a quién amar.

Pero no entienden a quiénes se están enfrentando. Los israelíes no son una buena materia prima para hacer esclavos [La esclavitud de los antiguos hebreos es una parte esencial de los textos sagrados judíos, recordada especialmente en la festividad de Pascua]. Los israelíes somos testarudos, de espíritu libre, y nadie ha logrado hacernos callar. No les permitiremos que conviertan Israel en una dictadura.

Entonces, ¿qué ocurrirá en las próximas semanas?

Ellos seguirán intentando aprobar sus leyes dictatoriales. También seguirán llamándonos “anarquistas” y “traidores”, y explotando o incluso iniciando acontecimientos extremos para reprimir la resistencia. Por nuestra parte, seguiremos protestando y asegurándonos de que los jueces del Tribunal Supremo tengan tanto el respaldo popular como la determinación de revocar estas leyes dictatoriales.

¿Y si el Gobierno se niega a aceptar la sentencia del Tribunal Supremo? Entonces entraremos en una crisis constitucional. Una crisis constitucional en territorio desconocido, desprovisto de normas y leyes claras. ¿De quién recibirá órdenes la policía? ¿Del Gobierno o del Tribunal? ¿De quién recibirán órdenes el Shin Bet y el Mossad? ¿A quién obedecerán las Fuerzas de Defensa de Israel? Y la pregunta más importante de todas: ¿qué harán los ciudadanos?

Las encuestas de opinión son claras: la gran mayoría de israelíes se opone a lo que este Gobierno está haciendo. Pero las encuestas no detienen a las dictaduras. La historia nos enseña que la última y más importante línea de defensa de toda democracia son ustedes, los ciudadanos.

La democracia es un pacto, según el cual los ciudadanos deben respetar las decisiones del Gobierno, a condición de que el Gobierno respete las libertades básicas de los ciudadanos. Cuando una parte rompe el trato, la otra no tiene por qué seguir cumpliendo con su parte. Cuando un Gobierno intenta instalar una dictadura, los ciudadanos tienen permitido resistir.

Esta es una prueba histórica para los ciudadanos de Israel y, si fracasamos, no se nos otorgará una segunda oportunidad. Debemos levantar la cabeza ahora o mantenerla agachada el resto de nuestras vidas. Debemos alzar la voz ahora o mantener la boca cerrada el resto de nuestras vidas. Este es el momento de protestar, de gritar… y también de permanecer quietos.

Por ejemplo, como profesor universitario, espero que, mientras dure este golpe antidemocrático, todos los centros académicos de Israel se declaren en huelga. Por supuesto, debemos seguir apoyando a nuestros estudiantes en estos tiempos difíciles, pero este es el momento de detener todos los cursos regulares y enseñar sólo sobre democracia, derechos humanos y libertad.

Si a algunos de nosotros nos resulta difícil hacer una huelga oficial, estoy convencido de que, como israelíes, encontraremos formas creativas de arrastrar los pies y hacer caso omiso de las órdenes. Cada uno de nosotros puede lanzar una pequeña llave inglesa en los engranajes del golpe antidemocrático.

Por último, como típico israelí que soy, ya que me han dado el micrófono, me gustaría aprovechar esta oportunidad para enviar algunos mensajes personales. A Esther Hayut, presidenta del Tribunal Supremo, y a Gali Baharav-Miara, fiscal general: se os ha confiado una de las misiones más difíciles e importantes de la historia de Israel. Es una gran responsabilidad, pero también un gran privilegio. Este es su momento de hacer historia. No lo duden y no se echen atrás: protejan nuestra libertad.

Al Presidente Herzog y a los líderes de los partidos de la oposición: salvaguarden nuestra libertad y no transijan con ella. Cuando un tigre viene a devorarnos, no podemos negociar que el tigre se comprometa a comer sólo la mitad de nuestro cuerpo. A los soldados de reserva de las Fuerzas de Defensa de Israel que están evaluando lo que pueden hacer: ¡no sirvan a dictadores! Su contrato es con la democracia israelí, no con sus sepultureros.

A las Fuerzas de Defensa de Israel, el Shin Bet, el Mossad y la policía israelí: si llega la hora de la verdad, tomen la decisión correcta. Pasen a la historia como protectores de los ciudadanos, no como servidores de déspotas.

A todos los manifestantes que han venido aquí esta noche y a docenas de otras protestas en todo Israel, solo quiero decirles que os quiero.

Y por último, pero no por ello menos importante, quiero transmitir un mensaje claro de todos nosotros a Netanyahu, Levin, Rothman y sus colegas: es cierto que ustedes tienen 64 dedos en la Knesset, pero eso no significa que tengan permitido meter esos dedos donde quieran. Mantengan sus manos fuera de nuestra libertad.

Paren el golpe o pararemos el país.

*Yuval Noah Harari es historiador y autor de Sapiens, Homo Deus e Imparables.

Traducción de Julián Cnochaert.

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