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Tener hijos se ha convertido en un lujo prohibitivo

Una familia pasea por una calle de Madrid.

Olvídate de los Rolex, bolsos de diseño o vacaciones lujosas, el máximo símbolo de estatus estos días es un niño. O, mejor dicho, varios niños. (¿Cuál es el nombre colectivo de niños? ¿Ingratitud? ¿Cacofonía? ¿Gasto?). Tener una gran prole parece haberse convertido en la moda para ricos y famosos. Jamie Oliver, Gordon Ramsay y Boris Johnson son parte del club de los cinco hijos, por ejemplo. Madonna tiene seis. Kim Kardashian anunció hace poco el cuarto –por gestación subrogada–, que se llamará Psalm. Nombres poco comunes también son otro símbolo de estatus, por supuesto: si puedes llamar a tus hijos como frutas, direcciones cardinales o versos religiosos sin tener que preocuparte de que les peguen en la escuela, entonces eres realmente una estrella del rock rica.

Da igual, últimamente he estado pensando mucho en niños (y su coste) porque estoy en una edad en la que mi reloj biológico suena tan fuerte que hasta mis vecinos pueden oírlo. Es increíble la cantidad de consejos no solicitados que recibe una mujer en la treintena de gente cualquiera sobre sus elecciones reproductivas. Aunque no estés desesperada por procrear, la gente no para de decirte que deberías estarlo. Que más te vale darte prisa y tener hijos antes de que sea demasiado tarde y de que tu valor como mujer desaparezca como el humo.

Cuanto más pienso en la realidad de tener hijos, más me sorprende que en EEUU, cualquiera que no sea Kardashian, se lo pueda permitir. Los hijos cuestan una fortuna a todo el mundo, claro, pero es especialmente caro en EEUU, donde yo vivo, que es el país más caro del mundo para dar a luz. Un sistema de salud kafkiano hace difícil calcular el coste “típico”, pero un estudio elaborado en 2013 estimó que un parto vaginal rutinario cuesta unos 32.093 dólares. En otras palabras, un parto estándar en EEUU cuesta más que dar a luz a un bebé real en Reino Unido. Si eres lo suficientemente desafortunado como para tener complicaciones, la factura te hará llorar. El año pasado, por ejemplo, The Guardian informó sobre una familia a la que se le cobró 877.000 dólares por el cuidado de sus trillizos prematuros. Aunque tengas un gran seguro médico, un parto complicado te puede endeudar rápidamente.

Una vez has tenido al hijo, las cosas no hacen más que complicarse. Estados Unidos es el único país rico del mundo sin baja remunerada, al tiempo que los costes del cuidado infantil son astronómicos –aunque Reino Unido es un gran competidor en este sentido–. Luego hay que tener en cuenta el hecho de vivir en una casa con más de una habitación en un contexto en el que muchos mercados inmobiliarios son inalcanzables. Además de todo eso, hay que añadir el factor de que el empleo es cada vez más precario a medida que las empresas sustituyen empleados a tiempo completo por contratistas.

Los hijos siempre han sido caros, eso no es nuevo, pero creo que nunca han parecido estar tan fuera del alcance para la gente de clase media. No hay duda de que la gente está teniendo menos hijos de los que le gustaría: los hijos se han convertido en un lujo que muchos de nosotros no nos podemos permitir. Aunque eso puede ser una buena noticia para el clima, es una triste acusación a nuestra sociedad.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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