Ecologistas denuncian que se han arrasado dos hectáreas de monte con encinas en Ocón para reconvertirlas en viñedo o campos de cereal
La asociación ecologista Rosalía Alpina denuncia que se han arrasado con maquinaria pesada hasta dos hectáreas de terreno que aspiraba convertirse en un pequeño bosque en Ocón. Unas prácticas que aseguran cuentan con la autorización del Gobierno de La Rioja a través de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Mundo Rural y Medio Ambiente. “La Consejería sigue autorizando roturaciones para convertir estos enclaves en nuevos viñedos o campos de cereal”.
Y desde la asociación ecologista reflexionan que “en plena Rioja vitivinícola y cerealista, entre extensiones continuas de viñedo o de cereal, aún sobreviven pequeños reductos de biodiversidad: pequeños trozos de monte que, con el paso de los años, se han ido regenerando de forma natural, dando lugar a bosquetes de encinas, arbustos mediterráneos y fauna asociada”. Son espacios modestos, apuntan, “pero de gran valor ecológico, especialmente en un territorio cada vez más homogéneo desde el punto de vista agrícola”.
Sin embargo, alertan de que esta regeneración natural “está siendo sistemáticamente destruida”. Y responsabilizan a la Consejería de Agricultura, Ganadería, Mundo Rural y Medio Ambiente porque “continúa autorizando roturaciones para convertir estos enclaves en nuevos viñedos o campos de cereal, incluso cuando ya se han formado bosquetes jóvenes o cuando existen ribazos con árboles, encinas y arbustos que actúan como refugio para aves, reptiles, anfibios, insectos, arácnidos y pequeños mamíferos”. En el valle de Ocón calculan que se ha eliminado un monte de cerca de dos hectáreas, “el más grande de los eliminados en los últimos años”.
Una destrucción que ocasionará una “grave pérdida de biodiversidad”. Y es que la eliminación constante de ribazos, lindes y pequeños bosquetes “rompe corredores ecológicos, empobrece el paisaje —precisamente aquel que el propio Gobierno dice proteger a través de la Ley del Paisaje— y acelera procesos de desertificación”. Y además alertan de afecciones directas a la fauna silvestre y a la actividad cinegética porque perjudicará a especies como la perdiz roja, la codorniz o la tórtola. Además, la destrucción de estas hectáreas de montes también tendrá consecuencias en la agricultura. “Estos espacios albergan insectos y aves que actúan como depredadores naturales de plagas, ayudando a mantener el equilibrio ecológico de los cultivos, por lo que su desaparición rompe estos procesos naturales y aumenta la dependencia de tratamientos químicos, con el consiguiente impacto ambiental y económico”.
Por todo ello piden a la administración que deje de conceder autorizaciones “de forma sistemática y que apueste por compatibilizar la actividad agraria con la conservación de los últimos reductos naturales que aún resisten entre los viñedos y cultivos de La Rioja”.
Sin embargo, parece que la petición de Rosalía Alpina caerá en saco roto. Y es que preguntada por esta cuestión, la respuesta de la Consejería ha sido rotunda. Desde Medio Ambiente aseguran no tener constancia de denuncia alguna y afirman, “que todo lo que desde la Consejería se autoriza en cambios de uso, cortas de resalveo, entresacas… cumple rigurosamente con la normativa y ha sido objeto de informes técnicos favorables”, sentencian y añaden “para su tranquilidad”.
La “amenaza” de las pistas forestales
Y además de esta “destrucción”, desde la asociación Rosalía Alpina también alertan del impacto que generan las pistas forestales en algunos encinares. De hecho las consideran una “amenaza” para algunos encinares que aún sobreviven en zonas especialmente “sensibles” de La Rioja Baja: Bergasillas, Enciso y Cornago.
Explican que estas pistas forestales se están construyendo para facilitar explotaciones de leña. “No estamos en contra del aprovechamiento de leñas porque es una actividad tradicional que puede ser compatible con la conservación de monte si se realiza de forma cuidadosa y proporcionada”. Lo que censuran es “la desproporción entre el impacto generado y el beneficio obtenido, especialmente cuando las pistas atraviesan los escasos encinares de La Rioja Baja”.
Y el problema no es solo paisajístico. “En un territorio semiárido como La Rioja Baja, con precipitaciones escasas e irregulares y suelos poco profundos, estas actuaciones activan procesos de erosión difíciles o imposibles de revertir. La eliminación de la cubierta vegetal, la alteración del perfil del suelo y la creación de taludes desnudos favorecen la escorrentía y la pérdida de suelo fértil”. Además, “estas pistas fragmentan el hábitat, facilitan el acceso de vehículos a zonas antes tranquilas y aumentan la presión humana sobre espacios que funcionaban como refugio para la fauna”.
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