8 de junio: volver a Santa Coloma para avanzar
El 8 de junio no es el Día de La Rioja, pero sí marca el inicio de los actos conmemorativos que culminan en esa festividad. Por eso, en esta fecha, vuelvo la vista a Santa Coloma, al año 1812, al acto fundacional de nuestra identidad como región. No como un ejercicio nostálgico, sino como un punto de partida para pensar el presente y proyectar el futuro de esta tierra que algunos parecen haber olvidado defender.
La Convención de Santa Coloma, celebrada en plena Guerra de Independencia, fue un gesto de valentía y dignidad. Reunió a representantes de 59 localidades que, con claridad y determinación, exigieron a las Cortes de Cádiz la creación de una provincia riojana unificada, gobernada desde aquí, no desde Madrid ni desde ninguna otra capital ajena. En tiempos de absolutismo, invasiones y miseria, nuestros antepasados alzaron la voz para defender algo que hoy muchos pisotean: nuestra capacidad de autogobierno y nuestro derecho a existir como pueblo diferenciado.
Esa memoria, que debería ser motivo de orgullo, se banaliza y se ignora por quienes ocupan hoy escaños en nombre de La Rioja. Me refiero a diputados, senadores y responsables autonómicos que han hecho del servilismo su única hoja de ruta. Votan lo que les mandan desde sus partidos nacionales, aunque vaya contra los intereses de esta tierra. Renuncian a defender a La Rioja para no incomodar a sus jefes en Ferraz o en Génova. No son representantes del pueblo riojano, sino delegados obedientes de agendas que nada tienen que ver con nosotros.
Por eso, hoy, no solo conmemoro una efeméride. Hago un llamamiento a todos los riojanos a sellar un nuevo pacto de identidad, de progreso y de futuro. A levantar un proyecto que haga de La Rioja un territorio sostenible, innovador, con ambición. Con Logroño como gran área metropolitana del norte de España, capital de la investigación enológica gracias a su Universidad, y capital de la lengua española por derecho y por legado. Con una Rioja Alta referente del turismo de calidad, la naturaleza, el vino y la gastronomía. Con una Rioja Baja transformada en plataforma logística e industrial del Valle del Ebro. Con unas sierras y zonas rurales que lideren el desarrollo sostenible conjugando tradición, patrimonio natural y cultura viva.
No queremos ser más que nadie. Pero no aceptamos ser menos. Queremos una Rioja sin fronteras mentales ni partidistas, que ejerza su influencia en su entorno y que piense en grande. Frente a los que dividen y enfrentan, los riojanos debemos unirnos para construir.
Es momento de recuperar el orgullo. De alzar la voz sin complejos. De dejar de pedir permiso para ser lo que ya somos. Si en 1812 lo hicieron sin libertad, sin recursos y sin estructura, ¿cómo no vamos a hacerlo nosotros hoy, con todo lo que ellos nos legaron?
Volvamos a Santa Coloma. No como símbolo muerto, sino como impulso vivo. Porque nuestra historia no es un adorno: es una responsabilidad.
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