Woody Allen abre el Festival de San Sebastián
Como ya hiciera con Barcelona en Vicky Cristina Barcelona, el genio neoyorquino firma con “Rifknis festival”, su ultimo largometraje hasta el momento, su particular carta de amor a San Sebastian y a su maravilloso festival con el que no ha podido en esta, su 68 edición, ni la maldita COVID.
De la mano de Wallace Shawn, alter ego de Woody Allen en la cinta, visitamos los lugares más emblemáticos de esta hermosa ciudad mientras asistimos a las inseguridades de un aspirante a escritor que ve como su matrimonio hace aguas. Sus sueños recurrentes nos invitan a recuperar obras clásicas de cineastas europeos de la talla de Fellini, Godard, Bergman o el mismísimo Luis Buñuel adaptadas a su propia existencia.
La película en conjunto es estéticamente bella y tiene ritmo, pero falla en el casting y no termina de despegar quedando en una obra menor con bonito envoltorio. Cabe destacar los divertidos homenajes a joyas del cine como “Al final de la escapada”, El ángel exterminador“ o ”El séptimo sello“ sin olvidarnos del fabuloso episodio en el que nuestra Elena Anaya y la estadounidense Gena Gershon se convierten en unas muy particulares Bibi Andersson y Liv Ullmann en un divertido homenaje a ”Persona“ de Irgman Bergman que ha generado la carcajada común entre los cinéfilos que se sentaban hoy en un Kursaal a medio aforo pero que celebraba con singular respeto el pistoletazo de salida de la sección oficial de Zinemaldia.
Con Akelarre, hemos viajado a la oscuridad de inicios del siglo XVII y la injusta barbarie de una inquisición que sesgó, en nombre de un dios cruel, la libertad y la existencia de muchas mujeres. El argentino Pablo Agüero firma esta tenebrosa cinta que transcurre en un pueblo costero de Guipuzcoa donde los hombres, marineros de ultramar, son como fantasmas en la mente y los recuerdos de sus mujeres. Una cinta plagada de simbolismo, arrecifes agrestes y valentía femenina y visceral que lucha en una pugna contra la sinrazón del poder bruto de la incoherencia.
Drama histórico respaldado por la excelente interpretación del siempre solvente Alex Brendemühl como salvaje inquisidor que sucumbe al influjo de sus más bajas pasiones. Aunque el verdadero protagonismo lo ostenta aquí un magnífico grupo de actrices vascas, capitaneadas por Amaia Aberasturi, que sellan la fortaleza de la hermandad femenina sostenido sobre las poderosas manos de la madre natura a la que ningún fuego fatuo hará sucumbir.
Una sección oficial donde el euskera, la tradición y los paisajes vascos han tenido una especial relevancia en el arranque de un festival que mantiene los parámetros de calidad en un momento aciago para la cultura y todos los que luchan por hacerla posible.
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