La calle Justiniano rinde su homenaje a Cervantes

Los vecinos de la calle Justiniano han decidido engalanar de nuevo sus balcones, en esta ocasión para celebrar el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, con frases extraídas de uno de sus más universales obras: El Quijote.

«Si el faro de los ingenios hispanos resucitara y decidiera dar un paseíto por la Villa y Corte, encaminando sus pasos hasta nuestra recoleta calle de Justiniano, seguro que se llevaría una grata sorpresa», expresa Luis Mayo con motivo de este literario homenaje.

La idea se le ocurrió a Manuel Cuevas, alma mater de la Galería Estampa (C/ Justiniano, 6) que colgó el primer diseño en casa de un vecino y ahora ya hay 35 coloridos letreros que homenajean al escritor a través de sus propias palabras y algunas reproducciones de su retrato.

Además, los vecinos de esta movidita calle −que lo mismo organiza una patrulla de limpieza que celebra una fiesta para recibir a la primavera− también colaboran con un sutil alumbrado navideño que hace la vía aún más entrañable.

Hasta Rafa Sánchez (www.lavidaencanciones.es), colaborador de la Cadena Ser, le cantaba a la iniciativa de los vecinos de la calle Justiniano e el programa Hoy por Hoy Madrid, que se la encargó para La actualidad cantada.



Si el faro de los ingenios hispanos resucitara y decidiera dar un paseíto por la Villa y Corte, encaminando sus pasos hasta nuestra recoleta calle de Justiniano, seguro que se llevaría una grata sorpresa. No dudéis que felicitaría a los vecinos y residentes de esta corta pero, como dicen de los frascos de las esencias, de virtud perfumada rúa.



No en vano el heroico y preclaro manco de Lepanto dejo escrito en boca de su famoso hidalgo: "Dad crédito a las obras y no a las palabras". Y hete aquí que el honrado y cariñoso vecindario de la vía dedicada al emperador romano ha engalanado sus balcones y troneras con frases que son joyas, porque son gemas y diamantes, piedras preciosas extraídas de esa mina de sapiencia, donaire y sentido común que es el inmortal Quijote.



Estas sentencias, hijas de tan excelsa madre como es la pluma cervantina embellecen la calle, nutren al selecto publico, cultivan a la clientela de sus bien surtidas tiendas, educan al infante, divierten al gracioso, hacen pensar al sesudo y en fin, nos dan una palmadita de aliento para comenzar este otoño del año del señor dos mil y dieciséis. 2016: Al escribir esta fecha Cervantes se habría dado cuenta en primer lugar de que escrito en román paladino tiene muchas más equis e ies, pero se entiende tanto peor, así que por eso hubiere preferido como nosotros el vulgar arábigo: 2016.



En segundo lugar se habría percatado de que ha caído otro centenario, otro siglo a la buchaca, cómo pasa el tiempo. De Miguel de Cervantes nos atrevemos a imaginar que, viendo la galanura de nuestra calle Justiniano, se habría hinchado de orgullo y agradecimiento ante el homenaje recibido y, de estar con vida bien pudiera haber adoptado el porte del gentil Grisóstomo, que fue único en el ingenio, solo en la cortesía, extremo en la genti

leza, fénix en la amistad, magnífico sin tasa, grave sin presunción, alegre sin bajeza, y, finalmente, primero en todo lo que es ser bueno, y si segundo en todo lo que fue ser desdichado. Quiso bien, fue aborrecido; adoró, fue desdeñado; rogó a una fiera, importunó a un mármol, corrió tras el viento, dio voces a la soledad, sirvió a la ingratitud, de quien alcanzó por premio ser despojo de la muerte en la mitad de la carrera de su vida. Con qué gallardía nos habría dicho entonces: "Gracias, convecinos y buenas gentes de la calle Justiniano".



El Miguel de Cervantes que imaginamos visitando nuestra hermosa calleja se habría percatado entonces de cómo el tiempo pasó indolente sobre su anguloso Don Quijote y su orondo Sancho, sin herirles apenas, sin empolvarlos, sin enlodarlos, sin que los olvidemos ni les dejemos de querer.



Y tened a buen seguro, queridos convecinos, amables convecinas de la calle Justiniano, que este homenaje hecho negro sobre blanco, con nuestras citas de homenaje cervantino y quijotesco, habrían desarmado al célebre escritor complutense y le habría arrancado una lagrimilla de gratitud y complicidad con nosotros.



Y si alguno no compartiera nuestra alegría y homenaje nos llevará el demonio de la ira, y guiados por la justiciera cólera del hidalgo manchego le gritaremos improperios de esta guisa: "Oh bellaco villano, malmirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Tales palabras has osado decir en mi presencia y en la destas ínclitas señoras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación sin compartir la belleza y donaire de la calle Justiniano? ¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, armario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! ¡Vete, no parezcas delante de mí, so pena de mi ira!".



Pero ea, no es momento de penas, sino de regocijo y agasajo: celebremos el día de Don Quijote sobre su Rocinante y de Sancho a lomos de su Rucio, bebamos un buen trago de buen tinto o espumosa cerveza y disfrutemos del día presente.



Luis Mayo

Octubre, 2016



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Publicado el
7 de diciembre de 2016 - 10:00 h

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