Barrios premium: qué son y cómo pueden afectar a Malasaña

La noticia saltaba la pasada semana: el Gobierno pretende aprobar una legislación para implantar en España los llamados barrios premium o, como se conocen en el mundo anglosajon, Bussines Improvement Districts (BID). Son zonas de la ciudad que, a cambio de pagar más impuestos, reciben mejores servicios por parte de la administración en el ámbito de limpieza, mantenimiento y seguridad, entre otros.

Según las explicaciones aportadas por el PP: "Los propietarios comerciales pagan tasas 'extra' para recibir servicios 'extra' en las calles públicas, lo que ha servido para revitalizar y mejorar los centros urbanos". Citan entre los beneficios de esta opción una "mejora de la limpieza, del mantenimiento de las calles, de la vigilancia y la seguridad, del diseño urbano, de la regulación de los espacios públicos o de la organización del transporte".

En la práctica y según estas palabras, lo que hace la Administración es dar mejores dotaciones públicas a las zonas que pagan más, con la evidente polémica que supone ofrecer servicios "de primera" o "de segunda" en función de las zonas de cada ciudad, servicios extra que -en principio- serían abonados por los comerciantes de la zona.

Actualmente no existe ningún barrio de este tipo en España, aunque en Madrid es fácil ver ejemplos de intentos similares, sin esperar a la futurible legislación de la que hablamos y sin que nadie haya pagado más por ello. Los vecinos de Malasaña lo han podido comprobar en la zona del barrio bautizada como Triball, un espacio inventado en el que se ha beneficiado a los intereses de un grupo empresarial con negocios inmobiliarios en la zona con calles remodeladas, plazas para organizar eventos, luces por Navidad...

Quién paga el barrio premium

Según el modelo anglosajón de los barrios BID, que está implantado desde hace años en países como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, los encargados de pagar la factura extra de servicios son todos los comerciantes de la zona, incluso aquellos que se opongan a la designación premium de su barrio. Los vecinos se quedan aparte aunque, como veremos ahora, acaban viéndose afectados por el proceso.

El efecto más evidente y de más calado que se produce en este tipo de barrios es el de la gentrificación: los comercios de toda la vida y con un bajo nivel de rentabilidad acaban cerrando o trasladándose incapaces de pagar la nueva tasa, mientras que sus puestos acaban siendo ocupados por nuevas marcas con capacidad de facturar muchos ingresos, habitualmente grandes franquicias o comercios muy exclusivos.

Paralelamente, el nivel de las calles mejora gracias a la inversión extra de la administración y los precios inmobiliarios suben, tanto de alquiler como de venta, con el desplazamiento de los grupos de población que no puede costearse estos nuevos precios y la llegada de otros con más poder adquisitivo.

Otro modelo es posible

Aunque la reforma que se ha vendido en el Congreso y que todavía está en trámites de aprobación habla de "colaboración público-privada", en realidad medidas como los barrios premium intentan ir más allá, hacia una privatización efectiva de zonas enteras de la ciudad, que reciben servicios 'extra' de la Administración que ya tiene privatizados y que contrata a empresas externas (en Madrid, por ejemplo, la limpieza de basuras o la contrucción de nuevas plazas está privatizada).

Frente a este modelo, en Madrid -y en concreto en Malasaña- se está labrando un modelo de colaboración entre administraciones públicas y asociaciones de comerciantes privadas que no buscan servicios premium del Ayuntamiento sino que promueven actividades financiadas por los propios comerciantes o por marcas que acaban en la mejora puntual o permanente de un área.

Ejemplos hay muchos y este mismo periódico, Somos Malasaña, ha sido protagonista de algunos de ellos (sin haber recibido hasta ahora ni un euro de la administración municipal). A lo largo de cinco años se han organizado encuentros de grafiteros -Persianas libres- que mejoraron el aspecto de más de un centenar de cierres de la zona, se han posicionado mejor en buscadores los comercios de Malasaña -campaña de Malasañamola, en colaboración con Google- o se ha convertido el barrio durante un fin de semana en el mejor lugar de Madrid para estar con los niños: Malakids, que se estrenó el pasado marzo y volverá después del verano.

Son tres muestras pero hay más de cómo se pueden mejorar -desde iniciativas privadas comerciales- zonas de la ciudad sin cobrar a nadie una nueva tasa. Otra es con la unión voluntaria de comerciantes en una asociación como Vive Malasaña que, con la vista puesta en éxitos como el de los comerciantes del Barrio de las Letras, intenta aportar su granito de arena mediante propuestas como el safari fotográfico que han organizado para el próximo 5 de julio, pero cuyo objetivo es mucho más amplio que el de la organización de eventos puntuales y mira hacia la consecución de mejoras de todo tipo tanto para los miembros de la asociación como para el mismo barrio.

Sergio

Horrible idea, como es horrible el servicio de limpieza que dan ahora.



Esta naciendo una asociación de comerciantes, VIVE MALASAÑA, esperamos poder luchar para evitar estas ideas tan horrible.
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