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Objeción de conciencia, un viaje al pasado

Estamos en 2008, hace dos meses que tengo 13 años y estoy cursando 2º de la ESO. Con retrospectiva, mis problemas son bastante estándares: a mi entender, tengo las tetas pequeñas; y Juan Antonio, el chico del que estoy locamente enamorada, no me mira cuando paso a su lado suspirando en la fila del colegio.

Sí, voy a un colegio. Concertado. Católico. Y desde hace algunos años, propiedad de la UCAM. En mi día a día, esto se traduce en muchas horas perdidas leyendo el santoral y un uniforme horrible que me distingue en las calles del pueblo como una miembra de 'Las Monjas'.

Desde que entré a 'Las Monjas', hace 10 años, siempre he compartido clase con las mismas personas: a la amplia mayoría la conozco desde hace bastante más tiempo que a mi último hermano (el séptimo en la línea sucesoria), que acaba de nacer. Pero este año un hecho insólito hará que nos separemos por primera vez en la historia: la Educación para la Ciudadanía. Una asignatura nueva que, según se repite a mi alrededor, nos va a comer la cabeza para que pensemos como el Gobierno del PSOE quiere.

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Busco mujer y le ofrezco la Luna

El personaje de Asami Yamazaki en 'Audition'

Como si de una escena de la película 'Audition' (1999) del director japonés Takashi Miike se tratara, el polémico multimillonario japonés Yusaku Maezawa de 44 años ha abierto una convocatoria para elegir a una mujer para que le acompañe a la Luna.

El empresario busca una “compañera de vida” para realizar el viaje turístico inaugural del Space X al satélite, programado por la compañía de Elon Musk en la nave Starship en 2023. En este viaje le acompañarán artistas de diferentes disciplinas y LA mujer de su vida (a la que pretende conocer a través de este proceso). De esta manera, Maezawa se presenta como un producto final incompleto (millonario, futuro protoastronauta busca) en busca de su media naranja, el típico ejemplo de 'tengo todo lo que el dinero puede comprar' y busco lo que no se compra con dinero. ¿O sí?

La convocatoria termina este 17 de enero y se anima a las mujeres a que se postulen a través de un “serio acto de emparejamiento” (algo curioso cuando no conoces a la otra persona y su fama le precede) en su web, en la que habla de sus sentimientos de soledad y vacío y sus ganas de encontrar una mujer a la que seguir amando ya que publicó la oferta tras una ruptura. Todo un cóctel de mitos del amor romántico en tiempos de aplicaciones para ligar por internet y amores líquidos (Bauman, 2005).

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'Haz tribu, no familia': hacia unas Navidades 'queers' feministas

Imagen del vídeo 'Cinturón sienta madres'

Ya está aquí, ya ha llegado: es Navidad. Esa época impepinable de la que no te puedes escapar: espumillón, brilli brilli y muchas luces. Seres disfrazados que traen regalos que tú mismo compraste en el Black Friday y millones de icards con los mejores deseos de gente que normalmente no te escribe. Época de consumo y malas digestiones, época de capitalismo y machismo enquistado. No es una cuestión de 'evitar hablar de política', sino que para las feministas es una cuestión política en sí misma.

En 2016 se viralizó el vídeo del 'Cinturón sienta madres'. Son ellas las que siguen llevando el peso de las fiestas y, cual señora Dalloway de Virginia Woolf, se desviven por ir a comprar y preparar cenas y comidas de las que no van a poder disfrutar: se sientan cerca de la puerta para poder ir a la cocina, traer o quitar platos, fregar, servir el café, los turrones. Seguro que os suena. Los cuidados han sido tradicionalmente asumidos por mujeres y ésto es otra muestra más de ello.

Luego están los regalos. Esos regalos en rosa y azul (ya sea el papel o el objeto en sí) que diferencian y perpetúan los roles y estereotipos de género heteropatriarcales. ¿Acaso una pelota o una muñeca tiene género? Y luego vienen esas conversaciones derivadas de los juguetes en las que se confunde el género (social), sexo (biológico) expresión (femenino, masculino, andrógino), identidad (hombre, mujer, queer) y orientación (hetero, homo, bi) que son del tipo: “Si le das una muñeca se volverá gay” o “¿Cómo quieres que sea femenina si le regalas un balón de rugby?”. En resumen, es realmente agotador educar entre brindis y recogidas de platos.

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Madre (no) hay más que una

«Pero aquellas mujeres trabajaban todas

juntas en la más grande de las tareas:

estaban creando gente, y lo hacían bien»

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Provinciana a la fuga

Hallan arsénico en los residuos mineros vertidos en bahía de Portmán (febrero de 2019)

Hoy voy a hablar de mí y de Murcia a la vez: llevo cinco años interrumpidamente, viviendo fuera de ella y como una especie de viaje astral, voy a hacer un análisis simultáneo de mi cuerpo inerte y la huerta europea de dónde vengo.

Entre el segundo y el tercer año de emigración, volví uno entero a la ciudad. Estuve saliendo nueve meses con lo que posiblemente sea el chico más relevante en mi vida hasta la fecha. Se lo presenté a mis padres, le adoraban, íbamos por las calles de El Carmen cogidos de la mano, nos dábamos algún que otro beso y abrazo largo en los momentos de espera a que el semáforo nos cediera el paso. No tuve ningún episodio de homofobia más allá de las miradas de desaprobación y alguna que otra señora aun cuestionándose por qué aberraciones como nosotros podían andar por el mundo tan libres y plácidos – porque caímos del cielo y tenemos alas, estúpida-.

El miedo siempre estaba en nuestras nucas, soplando palabras como "mariquita" "no- hombre", "error humano"… etc. Ambos sabíamos que esas cosas, más que una amenaza, era algo que nos configuraba desde bien pequeños, en la familia y en la escuela, con los iguales y superiores. Desde temprana edad he sufrido 'bullying' por no haber sido tan macho como los demás y lo llevo encima como una mochila llena de piedras y lágrimas vendidas a litro por cualquier idiota que me decía: "No vales nada, maricón", como quien hace una confesión entre líneas, o llega a un juicio acusando al abogado de defender su propio crimen.

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Por no cortar el rollo

—Quiero que te corras en mi oficina.

Me sonó a «rey en castillo», a «mira, nena, estas son mis tierras». De pronto él no era un chico apetecible al que había ido a recoger al acabar la jornada laboral para echar un casquete y picar algo; sino un potencial mandamás putero, y yo, su fulana a domicilio. No sé, que me llamen loca. Pero supe en ese instante que no me iba a correr seguro. Y así fue.

«Mi oficina».

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La autodefensa, otra de las caras invisibles de la agresión

"¿Cuántas más deben morir?": pancarta contra los asesinatos machistas

El domingo 10 de noviembre entre las 9 y las 10 de la mañana, en la calle Cebada de Cobatillas (Murcia) un hombre de 37 años fue detenido por agredir sexualmente a una joven de 23. La joven se defendió con un cuchillo (del que desconocemos su procedencia) y consiguió herir al hombre en una mano tras el forcejeo.

El hombre, que sangraba abundantemente, fue atendido por la Guardia Civil in situ (le dieron unos puntos) y alegó que el sexo había sido consentido y cree que ella miente porque tiene pareja. Todo enmarcado en una (i)lógica patriarcal perfecta: miente porque tiene (otro) dueño. La joven, en estado de shock, fue sometida a un examen forense y según fuentes próximas al caso presentaba signos evidentes de haber sufrido una violación.

En el Cairo, una joven de 15 años ha sido acusada de asesinato por apuñalar al hombre que la secuestró e intentó violar. El novio, amigo del agresor fallecido está acusado de facilitar el secuestro de la chica. La joven, que en el mismo momento se entregó a la policía y confesó los hechos, fue sometida a un test de virginidad, del que desconocemos el resultado.

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Cambiar de literatura

`Cambiar de idea´, de Aixa de la Cruz

Quería escribir sobre literatura, pero no parece posible. Me he pasado la noche en vela invocando literatura, tratando de leer literatura, encogida en un sofá haciendo daño a mi cuerpo para ser literatura, no vaciando el cenicero para oler literatura. Y nada. Como a tantas personas que crecimos en este mundillo de hombres, leyendo a hombres, contemplando obras de hombres, escuchando quejarse melódicamente a hombres, a veces me pasa que para hacer algo cuando estoy atascada, me pongo a imitar a esas maneras. Siempre de un modo paródico y, por supuesto, sin ningún resultado más que un dolor de cabeza, pasar un día medio ausente, como una muerta en vida, haciendo todas las tareas del día mal y atropelladamente. Parodiando ese desvalimiento masculino mundial, esas crisis existenciales quejicas, ese desprecio por la vida que pone a quien está escribiendo, componiendo, filmando en el centro de nada. Sí, uno solo y nada alrededor. Probablemente una de las personas más importantes para mí sea Franz Kafka, y era un hombre, y también escribiendo, en algunos trazos. Pero cuando imitamos las maneras mundiales de los hombres, no imitamos precisamente el salto al vacío que es el modo de escribir y sentir de Kakfa. No lo hacemos para nada bueno, imitamos la mediocridad en la que se sustentan, la sopa boba de la que se alimentan, el desánimo de occidente del que nunca se desapegan lo suficiente, porque es su imperio.

Y eso mismo le pasa a Aixa de la Cruz, a quien he estado leyendo esta noche y con quien me identifico ahora completamente. De hecho, estoy escribiendo en este momento como lo hace ella. Sin hacer literatura. Pensando solo con palabras, creyéndome superior a mí misma y mi vida, con algún Bukowski o Bernhard de la vida refritos tarareándome en la nuca, rememorando violencias sin conseguir elaborarlas, destilarlas, ofrecerlas más que con palabras.

Aixa de la Cruz escribió un libro que se llama Cambiar de idea, un libro malísimo. Y creo que ella lo sabe. Y no solo lo sabe sino que por el final escribe: “En todo caso, me gustan los libros que se escriben para retractarse”. No sé si ha valido la pena leer ciento cincuenta páginas para encontrar esta frase, pero esta frase vale la pena. No estoy segura de qué se retracta escribiendo esa frase, pero esa frase vale la pena. Mucha pena. Esta breve novela pasa por relatos sin vida de la vida de la autora, sordideces de por aquí, que si drogas y accidentes, que si muertes, que si mucha lectura y nombre de autorxs sin gracia, que si crisis porque sí. Y la manada de Pamplona, y las violencias sexuales, y el narcisismo y el ser consciente de ello, y que si publicar tan joven y exponer la vida de una, y que si tejer es empoderante si es una especie de ejercicio de autonomía. Fíjate, las noticias de este último mes. Igualitas. Y las movilizaciones. Y mientras en Sudamérica protestas y violencia estatal y golpes de estado. Y en España las personas migrantes continúan organizándose para ser ciudadanas, para ser vistas y escuchadas. Para decidir.

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El problema no son las putas, el problema es la putofobia

El castigo vestido de feminismo - Políticas punitivas y violencia institucional

Como sabemos gracias a la historia emancipadora de los feminismos, sólo hay sujeto político cuando se produce discurso. Esto es la política: la creación de una escena de enunciación donde representar un discurso propio en el que se visibilizan y denuncian las opresiones y en el que se articulan propuestas no sólo en un marco teórico-ideológico, sino también en un plano social y, por supuesto, jurídico. Para que ese sujeto político goce de plena y verdadera agencia, esta visibilización, denuncia y articulación tiene necesariamente que hacerse desde las voces protagonistas de esa opresión y, afortunadamente también -que para eso la política es por definición solidaria y contagiosa- desde los diversos, múltiples y transversales frentes aliados. Nombrarse desde otro lugar o, dicho de otro modo, romper con el estigma y el estereotipo para re-significarse es, gracias a lo que seguimos aprendiendo de las luchas decoloniales de los colectivos y de las personas migrantes y racializadas, un ejercicio de resistencia. Pero el colonialismo no es sólo una invasión y apropiación de los territorios y los cuerpos, la resistencia queer y la Voz Puta nos siguen enseñando que también hay una colonización violenta y una ocupación de los discursos, y no es fácil, cuando el interlocutor es el Señor Patriarcado, deconstruir las posiciones de opresión para posibilitar la creación de nuevos espacios desjerarquizados.

En este escenario, resulta evidente que nos encontramos ante una crisis de colectividad en los movimientos feministas. El Heteropatriarcado no contaba con un nuevo sujeto en la arena política, del mismo modo que para el feminismo hegemónico ha sido inesperado el surgimiento de nuevos sujetos políticos. Si la violencia ejercida en las casas del régimen heterosexual dejaba de ser algo íntimo y privado para convertirse en algo político (¡por fin!), las putas nos han enseñado que follar ya no es íntimo ni privado ni se hace gratis (a pesar de los no pocos esfuerzos de tradición romántica redoblados especialmente a partir del S.XIX); follar ahora gracias a ellas es político. Como es político el trabajo reproductivo y el trabajo maternal, como es político el trabajo doméstico, como es político el trabajo de cuidados, como es política la miseria y la precariedad.

La irrupción de partidos y discursos ultraderechistas en los medios de comunicación, en la sociedad y en las urnas está íntimamente relacionada con la creciente ola de racismo, xenofobia, persecución y criminalización que comporta todo un abanico de violencias reales y simbólicas para las personas trans, migrantes y racializadas. Observamos un fenómeno curioso, y es que con el empuje de estas ideas reaccionarias y conservadoras paralelamente está cobrando poder un discurso violento, inspirado en nostalgias censuradoras y puritanas disfrazadas de feminismo de izquierdas. A nadie se le escapa que un gran porcentaje de mujeres que ejercen el trabajo sexual son migrantes y/o racializadas y/o trans, por lo que la coincidencia de la presencia de estas voces reaccionarias con la fuerza de los discursos abolicionistas no es baladí. Los ultrafantoches están sacando pecho, las abolicionistas también. Lo vimos en las jornadas que se iban a celebrar en la Universidad de La Coruña en septiembre de este año, pero que fueron finalmente canceladas ante la presión de las abolicionistas (del mismo modo que Hazte Orín consiguió que se retirara aquella campaña publicitaria que mostraba a una familia homoparental -en este caso de dos papás- forrando los libros del nene para el inicio del cole). La censura siempre es la respuesta cuando se trata de defender el pensamiento único, grande y libre. En esta misma línea censuradora, este lunes 11 de noviembre, ocurría otro intento de boicot a la libertad de expresión en la universidad Carlos III en Madrid. Afortunadamente, desde los colectivos violentados y las organizaciones y personas aliadas, se ha articulado una respuesta para insistir en mantener el debate en las universidades, centros de expansión de pensamiento crítico y conocimiento formativo por excelencia. Libertad de expresión y libertad de pensamiento se retroalimentan, y difícilmente vamos a tener libertad de pensamiento si no habilitamos lugares donde compartirnos el pensar, reflexionar, escuchar y debatir.

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Todes contra el machismo genérico

El mes pasado cené en un restaurante donde trabajaba hace años y, después del postre, entré al back end para saludar a varias personas de las que tengo un recuerdo particularmente especial. Una a una fueron mapeando mi vida a través de preguntas, hasta que llegué a María: una cocinera que pasará los 70 años fácilmente. Le pregunté si se acordaba de mí, y me respondió que no. Al ver mi cara de decepción, me ofreció afablemente unos buñuelos que están riquísimos, y continúo su vida sin darle mayor importancia al suceso.

La primera sensación cuando alguien no sabe quién eres es parecida a cuando confunden tu nombre con el de otra persona (sobre todo si sostienes cierta rivalidad con ella): te cruje en todo el orgullo y atraviesa lo más profundo del ego. En ambos casos, lo que está en juego es la propia existencia, la identidad: por omisión o por confusión, si la persona con la que hablamos no recuerda nuestro nombre es como si fuésemos invisibles de tan insignificantes.

En el caso de las mujeres, las personas trans y los géneros no binarios, la omisión de nuestros nombres ha borrado durante mucho tiempo nuestra existencia, creando una espiral del silencio en la que la proporción de científicas, escritoras, filósofas o artistas con respecto a los hombres ha sido mínima en la historia.

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