El enigma de la momia murciana hallada en un ataúd de metal: “Solo hay siete casos como este en todo el mundo”
Apareció en un ataúd metálico, sin fecha de defunción y sin identificar. Este primer dato, en apariencia inconsecuente, ha convertido a uno de los cuerpos del departamento de Anatomía de la Universidad de Murcia (UMU) en una momia extraordinaria. Dista mucho de aquellas que plagan el imaginario colectivo. Se trata de una momia corificada, que preserva los tejidos blandos, el pelo, y hasta el maquillaje: “Desde 1950 hasta día de hoy hay unas siete referencias académicas sobre este tipo de momia”, cuantifica el antropólogo forense Miguel Ángel Calderón. “Las momias corificadas son conservadas en un ambiente hermético -normalmente ataúdes metálicos de zinc o plomo-, y presentan un color entre amarillo y pardo, con muy buen mantenimiento de las estructuras anatómicas”, define el experto.
Calderón revela que la procedencia de esta momia, única en la Región, es todo un misterio: “Sabemos que estaba en el cementerio de Espinardo, pero no sabemos exactamente en qué circunstancias llegó allí”, explica. La única pista de su origen es el ataúd metálico que, tal y como apunta el antropólogo forense, indica que el cadáver posiblemente se preparó para un traslado internacional o entre comunidades autónomas. Nunca se sabrá si su destino final era el cementerio murciano, o si, por el contrario, era el punto de partida.
La conservación de este cadáver, de acuerdo con el antropólogo forense, dista mucho de las momificaciones en seco, “bastante comunes” en la Región de Murcia: “La momia que nos imaginamos todos se produce por deshidratación de los tejidos, la flora bacteriana no puede proliferar y la descomposición se detiene. Tenemos, por otro lado, la saponificación, en la que la grasa forma una especie de cera en las partes blandas, y que se suele ver en ahogamientos. Pero, en el caso de la corificación, se cree que se produce por una polimerización de las grasas tras preservarse el cuerpo en un habitáculo metálico”, compara.
“Las momias corificadas no están tan deshidratadas, pesan mucho más y se conservan mucho mejor habitualmente. Lo característico es que una vez que se ha producido la corificación, el cuerpo forma una coraza y preserva todo lo que hay en su interior”, detalla. Calderón reconoce que, debido a la falta de ejemplares bajo estudio, quedan muchas incógnitas abiertas sobre este proceso de preservación: “Falta todavía ver cómo interactúa el metal con la piel y la grasa del cuerpo. También se trata de un fenómeno difícil de identificar, al haber pocos casos”.
“En España apenas se ha encontrado este tipo de momia. Hay una muy interesante, que no se produjo en un ataúd, sino en un tanque de agua. El cuerpo se momificó de dos formas distintas: la parte que estuvo en contacto con el metal se corificó, y la que estuvo sumergida se saponificó”, describe.
“Al ser la mayoría de casos judiciales, no suelen salir a la luz. El último caso más característico de preservación del cuerpo -que no de corificación- tuvo lugar el año pasado, cuando se encontró una mujer en su domicilio, después de haber estado momificada durante más de diez años”, abunda.
El encéfalo, la clave para reconstruir la muerte
“Por la técnica de incisión y otros hallazgos que hemos encontrado, parece que la persona recibió asistencia médica antes de morir”, explica Calderón. El cadáver está parcialmente autopsiado, y al enterramiento solo ha sobrevivido un órgano, el encéfalo. Casualmente, contiene la mayor parte del relato sobre cómo falleció esta persona: “Simplemente, con este órgano sí que tendríamos justificada de alguna manera la causa de la muerte”. “Creemos que se produjo un sangrado a nivel cerebeloso. Ese sangrado habría crecido, aumentado de tamaño y bloqueado el sistema de drenaje de líquido cefalorraquídeo, al ser el cráneo una cavidad estanco”. La presión, relata el experto, empujó hacia abajo el encéfalo y parte del cerebelo comenzó a herniarse. Como consecuencia, se comprimió el bulbo raquídeo, lo que ocasionó la muerte por parada de la respiración autónoma.
“Cuando extrajimos el encéfalo de la momia, vimos que era de un color morado y de un tamaño muy reducido. Al rehidratarlo, tomó un aspecto más habitual, con el color grisáceo que suele tener el encéfalo. Todas las zonas excepto la del cerebelo, donde tuvo lugar la hemorragia”, abunda.
Esta secuencia de eventos produce una hemorragia muy concreta, conocida como de Duret, un sangrado del tronco encefálico que provocó que la víctima entrase en un estado de coma irreversible. En cortes macroscópicos, pudieron observar la evolución y recorrido del derrame en el cerebelo.
El estado de preservación del cadáver, indica, implicó que su análisis tuvo que llevarse a cabo desde un punto de vista multidisciplinar: “Este tipo de cuerpos [corificados] son infrecuentes, y es más inusual aún la práctica de un escáner. Por suerte, la Región de Murcia es la única comunidad que tiene un escáner destinado únicamente al estudio de cadáveres”, abunda Calderón.
“Encontramos múltiples incisiones que se corresponden con las técnicas habituales de embalsamamiento”. Esto, junto al estado de las glándulas endocrinas, informó al antropólogo forense de que posiblemente se le practicasen al cadáver técnicas de preservamiento entre las 72 y 86 horas después de su muerte.
Rehidratación de un cádaver momificado
Pese a que se conoce con bastante exactitud la relación de eventos que produjeron la muerte de este individuo, Calderón confiesa que es todo un reto determinar cuánto tiempo lleva fallecido. “Las técnicas forenses habituales quedan muy limitadas cuando hablamos de cuerpos con procesos conservadores como la momificación o la corificación”. Algo similar ocurre, explica, en el supuesto contrario, cuando la descomposición está muy avanzada, como puede ser en el caso de los restos óseos.
“Estamos estudiando unas técnicas en la piel, es posible que pronto podamos dar con una estimación más adecuada de cuanto lleva fallecida esta persona”, ha adelantado. Durante la investigación también han estudiado distintos métodos para rehidratar un cadáver momificado de estas características, con resultados prometedores: “Hemos conseguido muestras con una estructura en la piel muy similar a la biopsia de una persona viva”, ha celebrado.
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