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REGIÓN DE MURCIA

Aplausos

La lucha continúa después de cuatro años [de estudiar Enfermería], pues te das cuenta de que su concepción social (que hoy se quiere limpiar con aplausos) sigue siendo nefasta

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EFE

El año 2020 fue declarado por la Organización Mundial de la Saslud (OMS) como el Año Mundial de la Enfermería, pero nunca nos imaginamos que sería así. Si algo está quedando claro durante esta pandemia es que tenemos un país de sobrevivientes, una sanidad y, por qué no decirlo, una enfermería superviviente.

Porque esta disciplina lo ha sido desde el primer momento, y esto se puede apreciar en todos los ámbitos, empezando por la Universidad. La enfermería condensa en cuatro años toda la formación teórica y práctica para que, una vez llegado el momento "sirvamos para trabajar en cualquier servicio", pero se nos olvida que, no todo es para todo. La Universidad de Murcia, concretamente, acoge 35 asignaturas teóricas y más de 1000 horas de formación práctica, y pretende encajarlas en cuatro cursos académicos, a costa de un horario que vuelve, a alumnos y profesores, esclavos del tiempo y de la universidad. Un sistema sustentado por profesores titulares y por un gran, gran, gran número de asociados que compatibilizan la actividad asistencial y la docente.

Durante cuatro años nos formamos en todos los ámbitos sanitarios bajo una visión biopsicosocial que abarca todos los momentos vitales de los pacientes y el cuidado de los mismos, algunos invisibilizados, como en el caso de la salud mental o los cuidados al final de la vida. Además, nuestra educación se ve cumplimentada con formación en gestión, docencia, educación para la salud e investigación, siendo este último un aspecto esencial para mejorar tanto el futuro de la enfermería como el de los pacientes.

Sin embargo, tras todos estos años debemos de hacer frente de manera autodidacta a una situación que desgraciadamente no depende de nosotras, la precariedad enfermera. Porque la realidad, si no quieres sufrir la penalización de la bolsa, es que te llamen de donde te llamen, tienes que ir, porque somos eso, supervivientes. Da igual que sea a un quirófano y solo hayas estado un mes en la carrera, a hemodiálisis (que no la has pisado en tu vida) o a unas urgencias extrahospitalarias (para las que estás seguro de que no vales), porque será imposible rechazarlo: el sistema te necesita.

La lucha continúa después de cuatro años, pues te das cuenta de que la concepción social de la enfermería (que hoy se quiere limpiar con aplausos) sigue siendo nefasta. El sistema de formación especializada es insuficiente ante la demanda de la población, pues solo se ofertan 1.000 plazas aproximadamente para los casi 14.000 aspirantes inscritos en cada convocatoria, y aun teniendo la vida de los demás en tus manos, el sistema estatuario te otorga una categoría profesional de A2, por debajo de ingenieros, psicólogos, abogados, o economistas.

Pero esto no es lo peor. Las consecuencias insostenibles de una enfermería precaria no solo repercuten en nosotros, sino esencialmente en la calidad asistencial y en la seguridad del paciente. Repercuten en una mala gestión hospitalaria y en una inadecuada distribución de los recursos materiales y humanos, que deriva, entre otros, en disponer de uno de los perores ratios enfermera/paciente de Europa.

Algo que nos ha demostrado esta situación sanitaria sin precedentes es que, estemos en las condiciones que estemos, nunca dejamos de luchar. Porque sí, sigue habiendo enfermeras que luchan por llegar a ser profesores titulares, enfermeras investigadoras, enfermeras optando a puestos de gestión, enfermeros generalistas que aprenden a desenvolverse en pediatría en una semana, y asociaciones de estudiantes que reivindican la mejora del sistema.

Sigue habiendo profesionales que, sin tener los equipos de protección adecuados, atienden a nuestros familiares, exponiendo incluso su propia salud. Sigue habiendo enfermeros que terminan media hora más tarde su turno por la sobrecarga de trabajo, y sigue habiendo quien, aun a punto de irse, vuelve a comprobar que todo quede en orden. Seguimos teniendo una enfermería de atención primaria que ejerce de barrera implacable para mantener la pirámide del sistema, enfermeras dispuestas a ayudar a sus compañeros que entran por primera vez en una UCI, y docentes que dan clase después de 24h seguidas de turno, y lo hacen con una sonrisa. Sigue habiendo docencia en redes sociales, porque hay quienes han logrado darle la vuelta al mundo de los "influencers" y delegaciones de alumnos que buscan atajar las posibles carencias docentes. Y si seguimos consiguiendo eso cada día que pasa, es porque enfermería es una auténtica superviviente.

Por eso, la próxima vez haya que salir a las calles a reclamar más personal en los servicios, a reclamar unas prácticas clínicas de calidad para los estudiantes, a reclamar más presupuesto para la docencia, a reivindicar el papel de la enfermería, acuérdate.

Acuérdate de todas las veces que has salido a aplaudir a las 20h. Acuérdate de a quien confiaste tu salud, y la de tus seres queridos cuando el mundo dejó de funcionar. Acuérdate de las futuras generaciones, que todavía se están formando, y de las pasadas, que lucharon durante muchos años para que ahora estemos donde estamos. Acuérdate de que nadie nos pasa la factura al marcharnos del hospital, porque no hay dinero que pueda pagar la asistencia pública que nos brindan. Acuérdate de quién te cuidó cuando tu no podías hacerlo. Y, cuando llegue el momento, vuelve a aplaudir de nuevo, pero esta vez no para agradecer, sino para reivindicar, cuidar y proteger a aquellos que nos cuidan.

A todos los sanitarios que luchan contra el COVID-19, personal de limpieza, lavandería y cocina, técnicos de emergencias, personal de laboratorio, celadores, auxiliares de enfermería, médicos y, en especial, enfermeras. A los profesores asociados de la universidad, a los titulares, a los gestores y docentes, a los estudiantes, a las delegaciones de alumnos y a los investigadores. A todos los que han luchado antes, y a todos los que lucharán después. Estamos todos juntos en esto.

 *Paula Martínez de Rituerto Rey es delegada de Facultad de Enfermería (UMU) y Coordinadora de Comunicación de la Asociación Estatal de Estudiantes de Enfermería (AEEE)

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