Entrevista
‘Matrescencia' o cómo ser madre transforma a las mujeres: “Lo pintan rosa pastel, pero para mí fue marrón mierda”
Lucy Jones es una periodista británica especializada en la cobertura de temas científicos. Ha trabajado para medios como The Guardian, The New York Times y la BBC. Después de ser madre, su visión sobre la realidad cambió, lo que la llevó a investigar sobre el tema. En 2023 publicó su libro Matrescencia, que acaba de ser traducido al español (Lunwerg, 2026). Un ensayo que combina la evidencia científica disponible sobre los cambios físicos, psicológicos y neurológicos de la maternidad con su propia experiencia como madre.
Empecemos por la palabra que da título al libro: 'matrescencia'. ¿Por qué es tan importante nombrar fenómenos como este?
Convertirse en madre es una etapa de desarrollo significativa en la vida de una persona. Tendemos a centrarnos en el bebé, pero también es un gran cambio para la mujer o persona gestante: física, mental, neurobiológicamente, social y existencialmente. La palabra 'matrescencia', acuñada por Dana Raphael en los años 70, nos da una forma de hablar y pensar sobre esta experiencia. Podemos decir: “¿Cómo va tu matrescencia?”. Esto aporta luz a aquello que es socialmente invisible.
La palabra 'matrescencia' traza un paralelismo entre la maternidad y la adolescencia. ¿Es el cambio realmente tan profundo?
Sí, gracias al trabajo de Susana Carmona, Magdalena Martínez-García, Erika Barba-Müller, Elseline Hoekzema y otras neurocientíficas, sabemos que los cambios neuronales durante la maternidad son similares a los de la adolescencia. Todo el mundo sabe que la adolescencia es una transición importante, pero la experiencia de la matrescencia ha sido subestimada y descuidada hasta ahora, con graves consecuencias.
Ya que la cita, la neuropsicóloga española Susana Carmona explica en su libro Neuromaternal que algunas personas presionan a las mujeres que se han convertido en madres para que vuelvan a su estado anterior, pero no se les ocurriría pedirle a un adolescente que vuelva a la infancia. ¿Por qué?
Creo que esto se da por la ambivalencia social que existe en torno a la figura de la madre: nuestra cultura prefiere a alguien que está sexualmente disponible para la mirada masculina, además de un sujeto económicamente productivo. El mundo está creado por y para los hombres, así que es difícil entender la vida como un proceso de cambio y metamorfosis, algo que es mucho más natural para las mujeres o personas con útero.
Sabemos que los cambios neuronales durante la maternidad son similares a los de la adolescencia (...) pero la experiencia de la matrescencia ha sido subestimada y descuidada hasta ahora, con graves consecuencias
¿Hasta qué punto es profundo el cambio que implica la maternidad? ¿Qué factores involucra?
Creo que es una experiencia individual y, al mismo tiempo, tiene aspectos comunes compartidos, uno de los cuales es que, probablemente, todo va a cambiar de una u otra manera. Biológicamente, el cambio es enorme, sobre todo si una madre ha gestado y parido al bebé. También para los padres o madres no gestantes, cuyos cerebros cambiarán por el cuidado y por el apego de criar. En mi caso personal, lo viví como un despertar en el que me di cuenta de cuánto devalúa el orden capitalista actual el trabajo de cuidados, y cuán inadecuadas son nuestras ideas filosóficas, políticas y económicas. Mi maternidad ha modificado la relación que tengo con mis padres, con mis amigos, conmigo misma, con el trabajo, con la creatividad, con el tiempo, con la idea de la muerte. Lo ha cambiado todo.
La investigación científica sobre la matrescencia comenzó en los años 70, y tras cinco décadas sin apenas abordarse, hace unos años se ha reabierto la conversación. ¿Cuál es la razón del silencio y por qué hemos empezado a hablar de ello otra vez?
Las nuevas investigaciones científicas sobre el cerebro materno nos están mostrando lo dramática que es la experiencia, tanto como la adolescencia. El embarazo provoca cambios profundos y consistentes en la estructura del cerebro. Esta nueva frontera de descubrimiento podría tener un gran impacto en la salud y el bienestar. Además, la era del neoliberalismo —el capitalismo acelerado de los últimos 50 años— ha llevado a la gente al límite, y las grietas se manifiestan en las personas más vulnerables, como pueden ser las madres recientes. Las altas tasas de problemas de salud mental, estrés, agotamiento y soledad en este segmento de la población no pueden seguir ignorándose.
En su libro recuerda que, al quedarse embarazada, se dio cuenta de que la idea social sobre la maternidad no coincidía con lo que estaba viviendo. Usted hace esta reflexión en primera persona: “Mi maternidad no era de color rosa pastel, era marrón mierda y rojo sangre”. ¿Cree que la narrativa dominante sobre la maternidad está distorsionada?
Sin duda la narrativa sobre maternidad es limitada, se ha escrito poco sobre ello. Hay tantas formas de convertirse en madre que resulta extraño lo poco interesadas que han estado la cultura y la filosofía occidentales en la experiencia materna. Así que creo que hay una narrativa muy superficial debido a la falta de representaciones culturales. Pero también la representación dominante es muy unidimensional, romantizada, naturalizada e idealista.
Mi maternidad ha modificado la relación que tengo con mis padres, con mis amigos, conmigo misma, con el trabajo, con la creatividad, con el tiempo, con la idea de la muerte. Lo ha cambiado todo
La obra es muy crítica con el patriarcado y el capitalismo. ¿Cree que deberíamos luchar por una maternidad feminista y anticapitalista? ¿El feminismo debería hablar de y con las madres?
¡Por supuesto! Me gusta la idea de Andrea O'Reilly de un “feminismo matricéntrico”; necesitamos seguir construyendo un feminismo para las madres. Mucha gente está haciendo esto de diferentes maneras, pero creo que hay muchas razones culturales por las que todavía es tabú quejarse de la maternidad, y esto impide la acción y el cambio necesarios para llevar a cabo una revolución.
Analiza la salud mental desde una perspectiva interseccional: cuantos más factores tengas –por ejemplo, una madre trans, racializada, pobre, migrante, etc.–, más discriminación enfrentarás. ¿Cree que, a veces, la gente se olvida de esto?
Sí, y la maternidad moderna muestra las injusticias estructurales como la opresión racial o el sesgo de clase. Se puede aprender mucho sobre el poder en la sociedad observando cómo se trata a los vulnerables. Los factores ambientales y sociales son componentes importantes en la salud y la enfermedad mental materna. Las desigualdades de ingresos, las condiciones de vida, el estrés vital, la violencia doméstica, el racismo sistémico y la ubicación geográfica tienen grandes efectos en la prevalencia de la depresión posparto.
Las altas tasas de problemas de salud mental, estrés, agotamiento y soledad en este segmento de la población no pueden seguir ignorándose
También habla de ambivalencia. ¿Cree que es el sentimiento más universal de la maternidad, tal vez junto con la culpa? ¿Que todas nos sentimos felices y tristes, cansadas y llenas, todo al mismo tiempo?
¡Al mismo tiempo! Yo no sabía que se podían sentir tantas cosas diferentes simultáneamente hasta que tuve hijos. Nunca he experimentado una montaña rusa de emociones tan grande. Éxtasis absoluto y profunda satisfacción, y luego terror, rabia. Todo ello incluso en la misma mañana.
Su libro ya ha recibido varios premios. ¿Cree que esto implica una validación social de su investigación? ¿Que es relevante hablar de la matrescencia?
Creo que, aunque mi libro es una historia de mi propia matrescencia, solo una historia, muchas mujeres han sentido que hay algo realmente malo en cómo tratamos a las madres en nuestra sociedad, con atención médica inadecuada, expectativas sociales opresivas, el choque del cuidado con el capitalismo, el aislamiento y la soledad de la vida moderna. La cultura y la historia occidentales, e incluso, hasta cierto punto, el feminismo liberal, nos dicen que la maternidad es aburrida, pasiva, mundana, que no merece atención y que el trabajo de la madre es una tarea ingrata y sin cualificación. Esto no es verdad. La matrescencia está llena de drama, terror, poder, conflicto, riesgo. También es una oportunidad para el aprendizaje, la pausa, el juego, el crecimiento personal, la posibilidad imaginativa y el potencial de la matrirreforma, un movimiento progresista de maternidad revolucionaria y reivindicación de poder.