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ENTREVISTA A LOS CANDIDATOS A RECTORADO EN LA UMU

Alicia Rubio: “Hay que hacer una universidad con menos barreras económicas para los estudiantes”

Alicia Rubio aspira a convertirse en rectora de la UMU a partir del próximo 5 de mayo.

Elisa M. Almagro

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Comienza la cuenta atrás para determinar el futuro de la Universidad de Murcia (UMU). Todo puede suceder en la segunda vuelta, que tendrá lugar el próximo martes 28 de abril, día en el que se determinará quién de los dos candidatos será el nuevo rector de la UMU durante los próximos seis años. Hablamos con la candidata Alicia Rubio, a la que la primera vuelta la situó como favorita por un ajustado margen, un 26,78% del voto ponderado frene al 23,97 % de Samuel Baixauli.

Ha sido vicedecana de la Facultad de Ciencias del Trabajo (2004-2006), coordinadora de Inserción Laboral (2006-2014), vicerrectora de Empleo, Emprendimiento y Sociedad (2018-2022) y, en la actualidad, vicerrectora de Estudiantes y Empleo (2022-2026). 

Alicia Rubio junto a su equipo

Tanto usted como Baixauli parten de trayectorias largas dentro de la UMU: ¿Qué decisiones concretas del actual modelo universitario mantendría tal cual y cuáles cambiaría desde el primer día?

Está claro que hay que hacer un aumento de las inversiones de docencia e investigación. Debemos, por tanto, buscar más financiación y pedir más a la Comunidad autónoma.

Otro tema que al profesorado le preocupa muchísimo es la burocracia. A pesar de los avances tecnológicos, el profesor sigue sintiendo que pierde mucho el tiempo en la entrada de papeles.

El modelo actual de docencia está basado también en una alta carga para los profesores asociados, tenemos que conseguir negociar el tercer convenio colectivo del Personal Docente e Investigador (PDI) para conseguir una equiparación salarial o permitir que participen en cursos de extensión. Por otro lado, tenemos una alta precariedad laboral del personal técnico de gestión (PTGAS), deberíamos tener un 8% de personal eventual y tenemos casi un 20%.

Por último, los estudiantes siguen teniendo muchas barreras económicas. Es cierto que tenemos muchas ayudas nuevas para estudiantes, pero tenemos que seguir trabajando. Muchos no pueden estar aquí porque no pueden permitirse pagar la matrícula. Tenemos que tener ayudas para la vivienda y para el transporte.

En materia de participación, transparencia y mejora de la gobernanza, ¿qué mecanismos concretos introducirá que vayan más allá de lo consultivo, que sean vinculantes en la toma de decisiones?

Queremos mantener reuniones periódicas con nuestros grupos de interés para no perder el norte, para saber cuál es la sensibilidad de la gente ante los problemas que estén sucediendo. También buscamos reforzar a los órganos de representación oficiales, a las comisiones de los Consejos de Gobierno.

Por otro lado, la transparencia es vital, la comunidad universitaria debería ser capaz de saber por qué se toman unas decisiones y no otras, o lo que se ha gastado en una partida. Nos debemos a la sociedad, es la que nos paga y hace que esto funcione. Por tanto, tenemos que ser exquisitos en cómo comunicamos.

Tanto usted como Baixauli coinciden en identificar problemas estructurales como la falta de agilidad, la desmotivación del personal o la infrafinanciación. ¿Cuál es la primera medida operativa que demostraría que su modelo realmente corrige esos problemas y no los reproduce?

Para el PTGAS es vital estabilizar a la plantilla interina. Por otro lado, los investigadores necesitan más apoyo para poder centrarse en sus tres funciones principales que son la docencia, la investigación y la transferencia; quiero además lanzarle un guiño a todos los que se dedican a la asistencia. Por último, respecto al estudiantado, querría eliminar las barreras económicas de entrada a la universidad y ofrecerles un mayor apoyo psicológico y emocional.

Las dos candidaturas para la segunda vuelta plantean fortalecer la colaboración con empresas, administraciones e instituciones por una universidad más conectada con su entorno. ¿Dónde ponen el límite entre una colaboración útil y de beneficio mutuo sin arriesgar orientar a la universidad hacia intereses externos?

Debemos tener una simbiosis perfecta, las empresas, las instituciones y la Universidad se necesitan mutuamente. Debemos ver qué pasa fuera y en consecuencia adecuar nuestras titulaciones.

No entiendo una Universidad que no tenga doctorados industriales en sus empresas. No entiendo una Universidad que no esté en el tercer sector trabajando activamente en inculcar valores en nuestros estudiantes. O un hospital público sin estudiantes, donde se forma a los que en un futuro serán sus compañeros. No concibo el modelo de no colaboración.

Debemos entender también que los patrocinios suponen que las empresas también están respondiendo a esa responsabilidad social. El límite estaría en el momento en el que vemos que intereses externos nos gobiernan desde fuera. Pero ahora mismo somos una institución libre, democrática y autónoma.

Otras instituciones educativas de la Región como pueden ser la UPCT o la UCAM han tenido a la cabeza mujeres, pero no es el caso de la UMU. De ganar, sería la primera mujer rectora.

No puede quedarse en un hecho simbólico, hay que llenarlo de contenido. Quiero que se me vote porque ofrezco un liderazgo distinto, tengo muchas de las competencias que se atribuyen a las mujeres y que sacan el mundo hacia adelante, como la sociabilidad, los cuidados y la empatía.

En órganos de responsabilidad como las cátedras, los decanatos y las vicerrectorías, ¿en qué punto se encuentra la Universidad en materia de igualdad?

Todavía hay techos de cristal. Hay más hombres doctorados, menos mujeres decanas. Es cierto que, por ejemplo hay paridad entre los vicerrectores.

Pero no podemos hablar solo de género, debemos buscar la igualdad para todos los colectivos. Tenemos, por ejemplo, pocos profesores con discapacidad, de otras culturas y religiones o trans.

¿Qué tiene pensado hacer para fomentar una universidad plural a todos los niveles?

Tenemos intención de reforzar todos los temas relativos a la atención a la diversidad y el voluntariado. Necesitamos que todos se sientan orgullosos de venir aquí porque pueden ser quienes son sin ningún problema.

Tenemos, por ejemplo, que luchar para que una persona trans pueda ir a la universidad, por eso vamos a hacer el primer plan para el colectivo LGTBI. Precisamente, el último artículo que he mandado para publicar es cómo incluir en una universidad al colectivo.

En estos comicios cada persona no vale un voto. Es un sistema común en las universidades, donde el voto del alumnado, por ejemplo, suele tener poco peso. ¿Considera que garantiza la democracia del proceso o que, por el contrario, es un sistema arcaico?

El sistema se decide de forma democrática por los estatutos, que se acaban de aprobar con mucho consenso y unanimidad.

En números absolutos, la participación estudiantil ha sido baja en la primera vuelta (en torno al 20%). ¿Cree que el alumnado siente que su voto no tiene peso real en estas elecciones?

La baja participación de los alumnos es habitual en estos procesos. El problema está en que los estudiantes están muy alejados de del sistema de gobierno de la universidad. No todos, por ejemplo los delegados y representantes del Claustro y Consejos de Gobierno son gente superimplicada.

Deberíamos analizar qué ocurre con el resto de estudiantes, si no tienen interés o si piensan que tener un rector u otro no interferirá en su vida.

¿Qué cambiaría en el sistema electoral o en la cultura universitaria para revertir el bajo porcentaje?

Hay que mejorar los canales de comunicación para aumentar la conciencia de la importancia de la participación estudiantil. Necesitamos que el estudiante sea capaz de ver más allá del aula, los estudiantes que están en la representación salen mejor formados que los que no lo están. Están acostumbrados a tomar decisiones, a leerse normas, a hacer propuestas, a negociar.

La campaña ha estado inmersa en polémicas -una demanda por difamación, denuncias sobre el supuesto acompañamiento de profesores a alumnos en el voto anticipado y críticas públicas entre candidaturas, además de episodios controvertidos en los debates. ¿Recuerda unas elecciones como estas en el pasado?

Por supuesto, recuerdo, por ejemplo, las elecciones de José Antonio Cobacho, en las que incluso se metían con sus hijos.

Me ha sorprendido, he intentado ser limpia, transparente. He sido el foco de muchas de las críticas y no sé muy bien por qué, realmente creo que es una estrategia electoral. No sé trabajar las tuberías de la maldad, no las sé manejar.

¿Cree que el personal de la universidad o el alumnado lo han visto con buenos ojos?

Creo que mucha gente ha vivido el proceso con tristeza.

¿Cómo valora estos comicios, considera que han sido limpios?

Ha sido un proceso limpio, aunque no siempre las artimañas para ganar las elecciones han sido las adecuadas. No creo que fuera necesario parar un debate, se estaban cumpliendo las normas.

Pero debemos hablar de la universidad como lo que es, una institución limpia, transparente y donde hay muchísimas buenas personas, en las que me incluyo junto al resto de candidatos.

De ser elegida rectora, ¿qué reformas introduciría para reforzar la confianza y evitar cualquier duda en futuras elecciones?

Si soy rectora, me encantaría poder abordar esto, pero es muy difícil. En las redes sociales cualquiera puede colgar lo que quiera. Yo solamente he podido denunciar a una persona por difamación (porque lo hemos podido identificar) antes incluso de que tuviera lugar la primera vuelta. La maldad normalmente se cuenta con los dedos de una mano, pero puede hacer mucho daño.

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