Alicia Rubio, candidata a rectora de la UMU: “No solo vengo a romper el techo de cristal, sino otras muchas barreras”
Romper, sacudir estructuras que llevan años funcionando por inercia y, al mismo tiempo, proteger aquello que sí funciona. Ese es el equilibrio que plantea Alicia Rubio Bañón en su salto a la primera línea de la Universidad de Murcia (UMU), donde aspira a convertirse en rectora a partir del próximo 5 de mayo. No lo hace desde fuera, sino tras años ocupando responsabilidades clave dentro de la institución, lo que le permite hablar tanto desde la experiencia como desde cierta autocrítica.
Catedrática del Departamento de Organización de Empresas y Finanzas, Rubio ha construido su candidatura sobre una idea clara: la universidad necesita cambios, pero también reconocimiento a lo conseguido. “No solo vengo a romper el techo de cristal, sino otras muchas barreras”, resume, en una declaración que combina el simbolismo de poder convertirse en la primera rectora de la UMU con un programa centrado en reformas estructurales.
Su trayectoria en gestión universitaria avala ese discurso. Ha sido vicedecana de la Facultad de Ciencias del Trabajo (2004-2006), coordinadora de Inserción Laboral (2006-2014), vicerrectora de Empleo, Emprendimiento y Sociedad (2018-2022) y, en la actualidad, vicerrectora de Estudiantes y Empleo (2022-2026). Un recorrido que, según defiende, le ha permitido conocer de cerca tanto los aciertos como las carencias del sistema universitario.
Durante ese tiempo, su gestión ha estado ligada a medidas concretas: el aumento del 31% en la financiación de becas propias, la remuneración del 100% de las prácticas extracurriculares o la creación de la Oficina de Atención Social para estudiantes en situación de vulnerabilidad. Iniciativas que ahora quiere escalar al conjunto de la universidad.
Transformar sin destruir
“Me presento para transformar lo que no funciona y proteger lo que va bien”. La frase resume el eje de su candidatura y también su forma de situarse frente a etapas anteriores. Rubio evita el discurso de ruptura total, pero no esquiva la crítica.
Reconoce que hay decisiones que han generado “desafección” dentro de la comunidad universitaria. “Hay cuestiones que nos han enfadado —a mí la primera—”, admite. Sin embargo, matiza su posición: “Cuando estás en un equipo debes ser leal y respetar las competencias de los demás”.
Ese equilibrio entre crítica y lealtad institucional es una constante en su discurso. No se presenta como una outsider, sino como alguien que ha formado parte del sistema y que, precisamente por eso, cree que puede mejorarlo. “Retos que parecían complejos se han logrado gracias al trabajo conjunto. Ese modelo de colaboración e innovación puede extenderse al conjunto de la institución”, sostiene.
Su objetivo final es una universidad más habitable: “donde todo el mundo se sienta valorado, no se castigue la iniciativa y no se ahogue el talento con procedimientos innecesarios”.
Contra el “piloto automático”
Uno de los diagnósticos más repetidos por Rubio durante la entrevista es la falta de revisión de ciertas dinámicas internas. “A veces tenemos el piloto automático activado”, afirma.
Esa inercia, en su opinión, explica por qué hay problemas compartidos por toda la comunidad universitaria que, sin embargo, no se abordan. “Hay cosas que nos disgustan a todos, pero nadie sabe muy bien por qué no se cambian”, señala.
Frente a eso, propone un equipo rectoral “con ambición de transformación”, capaz de cuestionar rutinas y de impulsar cambios reales. La clave, insiste, está en abandonar la cultura del conformismo y avanzar hacia una gestión más ágil y eficiente.
Su modelo de gobernanza se apoya en tres pilares: escucha activa, innovación y participación. Defiende una universidad construida “de abajo a arriba”, con mayor protagonismo de departamentos y grupos de investigación, y rechaza “cualquier forma de imposición o intervencionismo”.
Esa apuesta pasa también por mantener el contacto directo con la comunidad universitaria más allá de la campaña. “No podemos aislarnos en una torre de marfil”, advierte.
Reordenar las relaciones internas
Uno de los puntos donde Rubio pone más énfasis es en la convivencia entre los distintos colectivos universitarios. Parte de una idea clara: “somos interdependientes y funcionamos mejor cuando la colaboración fluye”.
Rechaza jerarquías implícitas entre el Personal Docente e Investigador (PDI), el Personal Técnico, de Gestión y de Administración y Servicios (PTGAS) y el estudiantado. “Nunca me ha gustado pensar que el PDI está por encima del PTGAS o que a los estudiantes hay que tratarlos como niños”, afirma.
Sin embargo, reconoce tensiones habituales. En muchos casos, explica, derivan de marcos normativos “asfixiantes” que obligan a aplicar reglas que ni siquiera quienes las ejecutan comparten.
Por eso, su propuesta pasa por simplificar la normativa, clarificar funciones y vincularlas a una retribución justa. Una reorganización que, en su opinión, permitiría reducir fricciones y mejorar el funcionamiento interno.
Una campaña sin ruido
La campaña electoral universitaria no es ajena a tensiones personales, algo que Rubio reconoce abiertamente. “Veo otras candidaturas llenas de gente valiosa a la que respeto tanto que el proceso se me hace difícil”, confiesa.
Habla incluso de una comunidad con “el corazón dividido”, donde la competencia convive con relaciones personales y profesionales consolidadas. Precisamente por eso, marca una línea roja: evitar ataques personales o presiones.
“Los medios que usas para lograr tus objetivos importan”, afirma. Ese compromiso se materializó, según explica, en la firma de un decálogo ético al registrar su candidatura.
También lanza una advertencia poco habitual en campaña: no prometer lo que no se puede cumplir. “Eso daña irreparablemente la confianza en la institución”, sostiene.
En materia de transparencia, su propuesta incluye retransmitir en directo las sesiones del Claustro y del Consejo de Gobierno, así como elaborar informes anuales de seguimiento de los compromisos electorales. El objetivo: que la comunidad universitaria pueda evaluar el grado real de cumplimiento.
Profesorado, investigación y financiación
Uno de los compromisos más concretos de su programa es impulsar el nuevo convenio colectivo del profesorado en los primeros cien días de mandato.
Su propuesta incluye actualizar el modelo de encargo docente (Valdoc), reconocer mejor el trabajo del profesorado —especialmente en grupos numerosos— y simplificar los sistemas de evaluación de la calidad docente para evitar cargas burocráticas excesivas.
También pone el foco en las figuras más precarizadas, para las que plantea mejorar las condiciones laborales a través de la negociación colectiva.
Pero el debate, en su opinión, no puede limitarse al ámbito interno. Rubio sitúa la financiación como uno de los grandes retos de la universidad pública: “Ahora mismo no competimos en igualdad de condiciones con las universidades privadas”, afirma. Por ello, reclama mayor compromiso político y más recursos para ampliar plazas en titulaciones con alta demanda y evitar que estudiantes con capacidad se queden fuera del sistema público. “Cada euro invertido retorna a la sociedad en forma de avances útiles”, defiende.
En investigación, apuesta por un enfoque más flexible y menos penalizador: permitir explorar, equivocarse y volver a intentar. “Ahí es donde nace el conocimiento que realmente cambia las cosas”, sostiene.
Al mismo tiempo, aboga por mantener la autoexigencia y adaptar la oferta académica a los cambios sociales, impulsando nuevas dobles titulaciones en un contexto cada vez más interdisciplinar.
Más allá del aula
Rubio insiste en que la experiencia universitaria no se limita a las aulas. Por eso, su programa incluye medidas centradas en el bienestar cotidiano del estudiantado.
Vivienda, salud mental, movilidad e igualdad de oportunidades son sus cuatro ejes prioritarios. Entre las propuestas, plantea acuerdos con residencias para ampliar plazas asequibles y la creación de una Unidad de Escucha y Acompañamiento psicológico accesible también por teléfono y WhatsApp.
Además, propone reforzar las ayudas propias, adaptándolas a la inflación e incorporando nuevos conceptos como el alquiler o los materiales necesarios en titulaciones con costes elevados.
En paralelo, sitúa la empleabilidad como un objetivo estratégico. No solo en términos de adaptación al mercado laboral, sino también como motor de transformación.“La universidad debe responder a las demandas del mercado, pero también impulsar la innovación empresarial”, señala. Su modelo pasa por un desarrollo basado en el conocimiento y en empleo con derechos.
Liderazgo y cambio
La posibilidad de convertirse en la primera rectora de la UMU es, para Rubio, un elemento importante, pero no suficiente por sí mismo. “Es un horizonte ilusionante, pero hay que dotarlo de contenido”, afirma.Su planteamiento va más allá del simbolismo: utilizar ese hito para abrir nuevas vías de cambio. “Quiero ser la primera rectora para que pasen más cosas por primera vez”, explica.
Defiende un liderazgo que “inspire y no imponga”, basado en escuchar, cuidar y comprender, que son las cualidades que imprimen su forma de dirigir que, además, se apoya en su experiencia investigando sobre gestión del capital humano.
También tiene claro que “no se pueden conseguir resultados excelentes si las personas no tienen condiciones de desarrollo excelentes”, resume.De ahí que uno de sus objetivos centrales sea reducir la distancia entre los órganos de gobierno y la base universitaria. “Tenemos que reconciliar e incluir”, insiste.
Universidad y compromiso social
En su visión, la universidad pública debe desempeñar un papel activo en la sociedad. No solo como generadora de conocimiento, sino como motor de desarrollo.
Ahí Rubio plantea tres líneas de acción: mejorar el bienestar ciudadano a través de la transferencia de conocimiento, dinamizar el tejido productivo y reforzar el compromiso social de la institución. Esto último incluye situar a la universidad “a la vanguardia de la conciencia medioambiental, la cultura de la paz y la justicia social” porque “no somos una isla”, recuerda.
Más allá de programas y medidas concretas, Rubio resume su aspiración en una idea sencilla, la de reconstruir la confianza, y en una promesa difícil de medir, pero decisiva: cambiar la forma en la que la universidad se relaciona consigo misma.
Si logra convertirse en rectora, le gustaría que su mandato se recordara de una forma muy concreta: “Siempre nos escuchó, nunca nos engañó y nos defendió donde había que hacerlo”.
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