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Solos en el Gran Sol: el cineasta gallego Adrián Canoura sube al barco pesquero de su padre para filmar la incomunicación

Fotograma de la película 'Fomos ficando sós', de Adrián Canoura

Daniel Salgado

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Un barco pesquero navega solitario hacia el Gran Sol. Lo hace por un océano Atlántico no demasiado encrespado que despliega toda su fuerza visual, dispara reflejos, satura colores. El cineasta los manipula hasta disolverlos. La secuencia, musicalmente aderezada por una suerte de jazz ambient, se extiende durante casi diez minutos. “Fomos ficando sós / o Mar o barco e máis nós”, arranca el poema del vanguardista Manuel Antonio que presta el título al primer largometraje de Adrián Canoura (Burela, A Mariña, 1991). Esas imágenes por momentos oníricas dan paso a bordo: el Raúl Primeiro, un buque con base en el puerto de Burela cuyo patrón es el padre del director. Fomos ficando sós, estrenada en el festival Punto de Vista de Nafarroa, es la película con la que Canoura reflexiona sobre las relaciones paterno filiales, el estancamiento emocional y el paso del tiempo.

El filme comienza en el desván de los Canoura, en Burela, hace unos diez años. Allí encontró Adrián las cintas de vídeo que su progenitor, Raúl, había ido registrando durante años de travesías por los mares del norte a la busca de la merluza do pincho. “Él siempre decía que grababa para enseñar después a la familia, pero yo no recuerdo que nos pusiera nunca esas películas”, explica el hijo en conversación con elDiario.es al día siguiente de la primera proyección pública de Fomos ficando nós. Ese material, que abarca tres décadas de trabajo en el Raúl Primeiro, conforma uno de los tres núcleos visuales de la obra. Los otros dos son el recopilado por el propio Canoura en dos mareas -campañas de pesca- acompañando a su padre y una instalación que recrea algo así como un camarote y el puente de mando.

Fotograma de 'Fomos ficando sós', filme de Adrián Canoura, en el que aparece su padre, Raúl

“Las cintas tienen una fuerza increíble. También plástica, con todo ese grano del VHS que casaba con lo que yo hacía”, relata. El cine de Canoura suele experimentar con las texturas y los colores, buscar los extremos menos transitados de la imagen. También ha incursionado en el videoarte -con el que acompaña la propuesta musical de Baiuca, electrónica folk- y colaborado en directo con Oliver Laxe. Pero los vídeos de su padre en el Raúl Primeiro escondían además un retrato casi antropológico del trabajo en el mar. Como de otra manera Vikingland (2011, Xurxo Chirro), que montó el diario filmado de un marino mercante gallego entre alemania y Dinamarca. Hombres -solo hombres, una profesión masculinizada al extremo- que pasan semanas en un reducido espacio físico, rodeados de la inmensidad del océano, y sin los medios de comunicación de la actualidad.

Fomos ficando sós no trata solo sobre eso. “Yo no quería hacer un retrato documental de cómo se pesca. Ya existen otras películas y seguramente realizadas mejor de lo que yo podría hacer”, aduce Canoura, “si en la mía hay un hilo es esa grieta, ese hueco que, a nivel íntimo, se abría entre mi padre y nosotros, su familia. Como antes se había abierto entre él y su padre, mi abuelo, también marinero”. El Raúl Primeiro solía navegar hasta Escocia y su tripulación -sobre 15 personas-, pasar más de un mes fuera de casa. Ahora se queda al sur de Irlanda o cerca de la costa francesa, y las mareas duran entre 20 y 30 jornadas. “Nunca lo expresamos abiertamente, pero nuestra comunicación siempre fue difícil, había ese estancamiento emocional de la gente del mar. El tópico habla de gente ruda”, dice.

Distancia emocional

Canoura recuerda la falta de comunicación, cierta “distancia emocional” respecto de su progenitor. Fomos ficando sós es, también, una tentativa de comprender qué sucedía y por qué sucedía. Además de los VHS, el cineasta y su cámara se embarcaron en dos travesías y las filmaron. La primera en 2019, a la brava, sin saber muy bien a qué se iba a enfrentar. “Fue casi una grabación pirata”, recuerda, “medio escondido, con un aparato pequeño. Tampoco quería incomodar al resto de los marineros”. La segunda hace dos años, ya con la productora Zeitung respaldando el proyecto y un boceto de guión en la cabeza. Las imágenes recogen los trabajos y los días de un barco en alta mar, aunque el protagonista indiscutible es el patrón, Raúl Canoura. Y esa cierta sensación de marasmo y soledad que enlaza con la poesía de Manuel Antonio, tan querida del cineasta y que también sucede en un buque, un pailebote.

“Hay mucha distancia entre el pailebote de Manuel Antonio y el Raúl Primeiro, pero también similitudes”, asegura. Su padre y la tripulación andan sobre todo a la pesca de la merluza do pincho, que se captura con anzuelo, una por una, “la técnica más artesanal dentro de la pesca industrial”. “Es un método repetitivo, con un punto aburrido”, se extiende, “la gente en Burela me decía, 'pero qué vas a grabar si es todo el día lo mismo”. Ese cierto estatismo provoca reflexión existencial. “No cuadrante estantío das estrelas / ficou parada está hora: / O cadáver do Mar / fixo do barco un cadaleito [en el cuadrante estancado de las estrellas / quedó parada esta hora: / El cadáver del Mar / hizo del barco un ataúd]”, dice el poema que da título a la película. La performance que funciona como tercer elemento de la narración dialoga con esos versos.

Fotograma de la película 'Fomos ficando sós', de Adrián Canoura

“Me interesaba añadir un ejercicio de juego, llevar el filme a una poética más plástica, no solo documental”, apunta, “a la frontera entre lo plástico y lo etnográfico”. Canoura reconstruyó un camarote y un puente de mando, y estableció un paralelismo entre el patrón de barco y el cineasta: “Compartimos aparatos, pantallas, botones. Y hay elementos en común entre dirigir un barco y dirigir una película. Al fin y al cabo, en los dos casos das órdenes a una tripulación”, señala. Al mismo tiempo, la instalación buscaba representar ese umbral entre el sueño y la vigilia en el que, explica, a menudo vivía su padre embarcado. Si Fomos ficando sós es un documental, lo es utilizando varios lenguajes, no todos habituales en el género.

Tras su estreno en Punto de Vista, la película estará en el Play-Doc de Tui (en la frontera gallega con Portugal) el 1 de mayo. A finales de ese mismo mes pasará por el Documenta Madrid. Y en invierno se estrenará en salas comerciales.

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