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Reyno Arena: un monumento al derroche

La instalación, en la que se han invertido más de 58 millones de euros, afronta la fase final de sus trabajos mientras se espera que se anuncie para qué servirá.

Error de planificación, proyecto ambicioso y “oscurantismo” en torno al estado actual de las obras son algunas de las críticas que la oposición realiza a esta infraestructura deportiva.

Los parlamentarios analizan qué posibles usos puede tener el recinto, tras descartar prácticamente el deporte de élite.

El Reyno Arena, aún protegido por el vallado.

El Reyno Arena, aún protegido por el vallado.

De Reyno Arena a imperio desértico. El gran proyecto para crear este pabellón deportivo se ha convertido, a ojos de la oposición en el Parlamento de Navarra, en “un monumento al despilfarro”, a la falta de planificación, a la obra faraónica. Hay incluso quien la identifica como un aeropuerto de Castellón en Navarra. Pero, mientras las obras se acercan aparentemente a su fin, queda una pregunta pendiente: ¿qué usos tendrá este recinto? Parece que el denominador común es su empleo como sede cultural o de eventos, pero tampoco hay un apoyo unánime de los grupos si eso supone un gasto extra para una infraestructura que ya supera los 58 millones de euros de coste.

La construcción de esta instalación empezó a adjudicarse en 2008, cuando habían pasado siete años desde que el Portland San Antonio conquistara la Copa de Europa de balonmano. Entonces, desde el Gobierno de Navarra se pensó que se podía crear una sede con mayor capacidad para el equipo que el Pabellón Universitario, y los planes no se fueron muy lejos. En un terreno vecino al estadio de El Sadar (que por entonces aún se llamaba temporalmente Reyno de Navarra) se planteó un recinto ambicioso: el proyecto entonces aprobado incluía una pista central multiusos para 10.000 espectadores, una auxiliar para 2.500, la posibilidad de un frontón con capacidad para 2.500 personas, salas y aparcamiento subterráneo. Su uso no era sólo deportivo, sino también como sede de conciertos, convenciones o ferias de muestras. Y se anunció un final previsto: el primer trimestre de 2011.

Obviamente, las fechas no se han cumplido. Conforme avanzaron las obras, y la crisis económica, el proyecto perdió apoyos en el Parlamento. Por ejemplo, el  PSN, cuando gobernaba junto a UPN, lo respaldó como parte del programa Plan Navarra 2012, que en época de mayor bonanza contemplaba una serie de hasta 25 inversiones. Sin embargo, el parlamentario socialista Juan José Lizarbe subraya que, de esas actuaciones, dos generaban dudas en el partido: el Museo de los sanfermines, que “por fortuna no se hizo”, y el Reyno Arena. “Siempre fuimos críticos porque era una muestra de la megalomanía de UPN. Porque, en vez de hacerlo, se podía haber apostado por cubrir una plaza de toros que apenas usamos nueve días al año”, apunta.

Otros grupos, como el Partido Popular, aseguran haber tenido más claro desde el principio el mal panorama de la instalación. “Lo que mal empieza, mal acaba”, apunta la parlamentaria Amaya Zarranz. “Desde el principio advertimos de que no era el momento de un proyecto tan grandilocuente como el Arena. Con el Pabellón Universitario recién terminado, Navarra no necesitaba otro espacio de grandes dimensiones para eventos deportivos. Es un gran proyecto, es un edificio espectacular, pero en absoluto necesario”.

El gran problema de la instalación fue haberse iniciado cuando, entre 2012 y 2013, Portland San Antonio inició y confirmó su desaparición. A este inconveniente se han sumado las dificultades económicas del deporte de élite, y ni el baloncesto ni el fútbol sala parecen poder asumir el coste del recinto. Cabe recordar que, según calculó en marzo de este año el consejero de Políticas Sociales, Íñigo Alli, solo el mantenimiento cuesta unos 400.000 euros, entre vigilancia, luz, agua, gas e impuestos. “No se me ocurre qué equipos podrían jugar ahí. Me cuesta imaginarlo, nadie se puede permitir ese gasto”, advierte el parlamentario de Izquierda-Ezkerra Txema Mauleón.

¿Han terminado las obras?

Ahora se acerca por fin el final de los trabajos. La última fase de la construcción, valorada en 500.000 euros, consistía en los suelos, la contracancha del frontón, los servicios y otros remates. De ahí que parezca urgente empezar a sacar rendimiento al Arena, aunque algunos parlamentarios dudan de que haya interés por acabar las obras y denuncian cierto “oscurantismo” en torno a su estado actual. Para el parlamentario Xabier Lasa, de Aralar, UPN se encuentra ahora ante la necesidad de elegir: o alarga las obras y deja el Reyno como un reflejo de “la megalomanía injustificada” o se termina y se saca “un conejo de la chistera” para buscarle una finalidad. Él apuesta por la primera opción.

¿Y en qué puede consistir ese truco de magia? La mayoría de los parlamentarios consultados cree que el Gobierno Foral o bien atrae a un equipo deportivo prometiéndole acarrear con gran parte de los gastos o bien, como en el circuito de Los Arcos, busca una concesión a una empresa privada que intente sacar provecho de la instalación. Otra 'opción', apuntada por Bikendi Barea, de Bildu, es que “hagan un gran evento” de cara a las elecciones. Es decir, unos fuegos artificiales de cara a la galería para que parezca que la instalación tiene un uso que, por ejemplo, desde Bildu ahora creen que es “nulo”.

Esa es la pregunta pendiente del Reyno Arena. Alli también explicó que, dado que el plan de gestión del recinto se había planteado en plena recesión económica (el trabajo se llevó a cabo en 2009), era necesario replantearlo y consultar su modelo con diferentes promotores deportivos y culturales. En principio, se espera que en septiembre el Gobierno de Navarra anuncie alguna novedad sobre el recinto, que presenta una valla en su perímetro, unos jardines algo crecidos pero, por lo demás, un aspecto cercano a la inauguración. Los grupos consultados ven más probable un uso cultural, y puntual, que algo continuado. No será fácil, auguran, atraer actividad a un recinto que, aunque esté bien conectado con el transporte urbano, no es céntrico y resulta demasiado grande, por lo que no parece una alternativa por ejemplo a la plaza de toros o Baluarte. Hay quien, como el PSN, apuesta por vender todo el edificio y que pase a manos privadas, “siempre que no sea a precio de ganga”. Es solo una más de las muchas apuestas para un edificio sin un final claro.

De ahí que, como explica el parlamentario de Geroa Bai Patxi Leuza, lo único que está claro es que este recinto, al que describe como “el más tonto del mundo”, será “un marrón para quien resulte elegido tras las elecciones, sea quien sea, porque le tocará inaugurarlo y buscarle una finalidad”.

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