'The Boring Company'
Bueno, pues lo han hecho. Ya han firmado el acuerdo entre Estados Unidos y Rusia para que Elon Musk construya el túnel submarino más largo del mundo, cruzando los 88 kilómetros que separan ambas potencias en “conflicto”. Cabe recordar que el Estrecho se ha cruzado históricamente a pie en invierno, cuando el mar se congela, aunque es extremadamente peligroso e ilegal. Por tanto, hace falta este túnel.
¿Para intensificar las amigables relaciones entre Trump y Putin? Pues va a ser que no. ¿Recuerdan el empeño de Trump en comprar Groenlandia para ampliar su acceso al Ártico?. Bueno, pues ya lo tiene más fácil. Lo que verdaderamente interesa es el intercambio comercial de recursos, especialmente, minerales y energéticos, de los que Siberia -ergo, Rusia- va sobrada. Porque la compañía de ingeniería civil de Musk, The Boring Company -que sí, que es así como se llama-, también va a construir un gasoducto y un oleoducto por el mismo precio. ¿Cómo? ¿Pero no nos habíamos comprometido a sancionar a Rusia no comprándole petróleo ni gas? ¡Ah!, que eso queda para los europeos…
Ya lo adelantamos hace meses en este periódico, cuando comentamos la jugada maestra de la Unión Europea prohibiéndonos a nosotros mismos la compra de crudo ruso y sus derivados a Rusia y a otros terceros países. Excepto a los amigos, claro. Porque, en el Consejo Europeo del 17 de julio de 2025, sancionamos a Rusia con la decisión de que sólo compraríamos petróleo ruso a nuestros amigos: Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Suiza y Noruega. Al resto del mundo, no, que nos lo vendía más barato.
Se trataba de una más de los centenares de sanciones individuales y colectivas aprobadas entre los 20 paquetes legislativos -en preparación, el 21º- que el Gobierno de Bruselas aplica al Kremlin desde la invasión de Ucrania en febrero de 2022. No somos los únicos, claro, también Estados Unidos o Canadá, Corea del Sur y Japón están entre los países aliados que condenan con sanciones políticas y económicas la “operación especial” rusa. Pero unos lo saben aprovechar mejor que otros. Es el caso de Estados Unidos.
Bajo una lluvia de drones, Kirill Dmitriev confirmó la firma de este proyecto en el Foro Económico Internacjonal de San Petersburgo, donde, pese al incremento de las sanciones estadounidenses a Rusia 48 horas antes, la presencia de enviados de Trump no pasó desapercibida. “Funcionarios rusos y estadounidenses firmarán mañana un acuerdo para la construcción de un túnel bajo el estrecho de Bering, entre Chukotka y Alaska”, comentó el enviado del Kremlin.
Mis fuentes en Moscú me acaban de pasar la información, que en el mundo occidental tarda en llegar por la censura europea a los medios rusos: “El jefe del Fondo Ruso de Inversión Directa (RFPI, por sus siglas en ruso) informó sobre la firma de un acuerdo para el diseño de un túnel a través del Estrecho de Bering, que conectaría Rusia y Estados Unidos. No proporcionó detalles sobre el proyecto. Esta ambiciosa idea ya había sido considerada hace más de cien años”, según informó Russia Today (RT).
La historia es muy bonita. Las ideas para conectar Rusia y los Estados Unidos por una carretera de transporte a través del Estrecho de Bering surgieron a finales de los siglos XIX y XX. Según publicaba The Telegraph en 1890, el gobernador de Colorado, William Gilpin, propuso construir un puente sobre el estrecho de Bering. The New York Times lo recogía también en 1906, cuando el emperador ruso Nicolás II permitió que el sindicato estadounidense, representado por el francés Loic de Lobel, comenzara a trabajar en un proyecto para crear una conexión ferroviaria de Siberia a Alaska con la construcción de puentes y túneles a través de este Estrecho.
Pero el proyecto se puso sobre la mesa en octubre del año pasado, tras reanudar ambos países las relaciones durante la visita de Putin a Alaska. La siguiente etapa es la preparación de un estudio de viabilidad del proyecto, al que se ha invitado a los representantes de los países asiáticos para participar en el diseño. No creo que haya ningún problema con Elon Musk, dada la ilusión que le hizo visitar China con su hijo pequeño, como parte de la comitiva comercial de Trump en su encuentro institucional con Xi Jinping.
Además, fue el mismo Dmitriev quien propuso la construcción de un túnel a Elon Musk, a través de un twit en X: “Imagina que el túnel Putin-Trump conecta a Rusia y Estados Unidos (sic). ¡Construyamos el futuro juntos!”. Efectivamente, el sueño de Donald Trump cuando llegó de nuevo a la Casa Blanca con una original propuesta para Vladimir Putin: “Te ayudo a reparar el Nord Stream -al parecer, sabían por dónde se había ‘roto’- y, cambio, yo me ocupo de distribuir tu gas por toda la Unión Europea”. Es que no tenemos memoria, pero en las hemerotecas podemos hallar esta feliz idea, alrededor de marzo del año pasado. Aunque parezcan mil años.
Seguimos con el ambicioso túnel. Según el jefe de RDIF, “el proyecto puede implementarse en menos de ocho años, y su coste no superará los ocho mil millones de dólares”. Una minucia si, con ello, Estados Unidos consigue el petróleo y el gas que necesita Europa. Es decir, cumplirá su promesa de convertirse en el distribuidor de los recursos energéticos que tanto necesitamos desde que decidimos “auto sancionarnos” no comprándole el petróleo y el gas -barato- directamente a Rusia. Aunque, para ello, el gas ruso tenga que dar la vuelta al mundo…
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