Ayuso o cómo hacer amigos en Catalunya

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, un desayuno informativo este lunes en Barcelona.

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De la antología de frases brillantes que nos regala Isabel Díaz Ayuso, llega ahora la de que el 155 debió “ser más firme y duradero” en Catalunya. La presidenta  de la Comunidad de Madrid ha viajado a Barcelona a hacer más amigos. Más de los que tenía ya el PP, que en las últimas elecciones autonómicas de 2021, con Alejandro Fernández de candidato, cosechó el peor resultado de su historia al obtener tan solo tres escaños y un 3,85% de los votos, lo que le situó como última fuerza parlamentaria y sin representación en las provincias de Girona, Tarragona y Lleida. En las últimas generales, con Cayetana Álvarez de Toledo -prima hermana de los postulados de Ayuso-, los populares pasaron de 6 a 1 escaño en el Congreso de los Diputados y se dejaron por el camino de la radicalidad 264.000 votos. Pero dimitir para algunos sigue siendo un verbo ruso, y tanto Fernández como Álvarez de Toledo siguen, pese a la hecatombe, en sus respectivos escaños.

Alberto Núñez Feijóo, a quien se le atribuye una supuesta intención de conducir al PP por el carril de la centralidad, reconoció este verano en una entrevista en El País que su partido lo tendría muy difícil para gobernar si no mejoraba los resultados en Catalunya. Y añadía que el PP no había tenido “un mínimo de empatía” en aquella Comunidad para hacer ver sus planteamientos. Por si había alguna duda, su coordinador general, reafirmaba el mismo argumento hace una semana en conversación con El Periódico de Catalunya y apostaba por un PP moderado, centrado y que representase a la mayoría del votante moderado constitucionalista.

En una clara demostración de no haber entendido nada de lo que pasó hace cinco años y de salirse del guion de la dirección nacional de su partido, Ayuso ha viajado a Barcelona para decir que, de falta de empatía, nada y que Rajoy se quedó corto. La centralidad, para la baronesa, está sobrevalorada, la moderación es un cuento chino y el diálogo sobra en democracia. “Ha quedado demostrado que se hizo [la aplicación del 155] por poco tiempo y como no fue duradero, se generó una ilusión a muchos ciudadanos catalanes que estaban hartos de ser despreciados, apartados, para desembocar rápidamente en unas elecciones”, afirmó en una disertación en la que también reprochó al Gobierno de Sánchez que “no esté centrado en hacer cumplir la ley”. 

¿Más duradero? El 155 estuvo en vigor ocho meses y 218 días, desde que el Gobierno de Mariano Rajoy destituyó en un Consejo de Ministros extraordinario al entonces president de la Generalitat hasta que se celebraron unas elecciones autonómicas convocadas por el Gobierno de España. 

¿Más firme? El decreto por el que se aprobó el controvertido artículo incluyó el cese del president de la Generalitat, el del vicepresident y el de todos sus consejeros; los ministros de Rajoy asumieron todas las competencias de la Administración catalana y el Gobierno central adquirió capacidad de veto frente a cualquier iniciativa que pudiera aprobarse en el Parlament catalán.

¿Qué propone, entonces, Ayuso? Al parecer, un 155 bis. La reflexión de Ayuso, en todo caso, no es solo una andanada a los catalanes, independentistas o no, que padecieron en primera persona el desgarro provocado por un tiempo de tensión territorial que jamás se había vivido en democracia. Con su habitual desparpajo, la presidenta madrileña no solo carga contra el último presidente de Gobierno que tuvo su partido, sino que enmienda la plana a quienes desde su partido han hecho, en el pasado y en el presente, un reconocimiento explícito de los errores cometidos durante aquel tiempo y pone en cuestión, de paso, la estrategia de la nueva dirección de Alberto Núñez Feijóo. 

¡Fuera caretas! Ayuso vuelve por sus fueros. Cinco meses, como contaba hace unos días Aitor Rivero en este mismo diario, ha tardado la baronesa en revolverse contra su presidente nacional para enfatizar en público sus diferencias ideológicas y estratégicas con la dirección de Génova y desligarse a la vez de algunos actos de partido. Si el gallego pensaba que con darle rienda suelta y mantenerla entretenida en el diseño y organización del PP de Madrid no se entrometería en el marco nacional, erró. Sus aspiraciones van más allá de los límites de Madrid y nada ni nadie la frenarán. A Casado le debía una candidatura que ni en sus mejores sueños jamás imaginó y aun así lo sentenció. A Feijóo no le debe nada.

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