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Diez reacciones del PP propias de acosadores de manual

7 de febrero de 2026 22:03 h

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Se dice que los asesinos regresan al lugar del crimen, donde con facilidad se les pilla. Los acosadores sexuales no vuelven a ningún sitio, pero despliegan tácticas discursivas que suenan a confesión de culpa. Su respuesta es la más contundente prueba de cargo. El acoso se da en el contexto de una relación de poder. De ahí que la reacción del acosador y su entorno parta de una premisa: la víctima no ha comprendido su posición de inferioridad en la escala del poder. Merece un escarmiento: entonces la siguen acosando, ahora en la esfera pública. Si un acusado o personas de su entorno de poder incurren en alguna de estas diez actitudes, lo podemos interpretar como una autodelación:

1. Mentir. Dada la sensibilidad de la sociedad con este asunto, es la única salida cuando se ha protegido al acosador. Al conocerse la información sobre el desamparo de la concejala de Móstoles, Feijóo reacciona asegurando que “se investigó y se consideró que no estaba probado”. Después hemos sabido que no se investigó. Ayuso sí que recibió al alcalde, lo que probablemente empeoró el hostigamiento a la denunciante. 

2. Invocar teorías conspiranoicas. También de manual fue la respuesta de la propia Ayuso: “Es un caso fabricado contra el PP”, dijo ese mismo día. Esta reacción nos da pereza.

3. Negarlo todo. La presidenta añadió en la Asamblea otra frase de puro negacionismo: “No he venido a este pleno a hacerle la campaña a Pilar Alegría”.

4. Deslegitimar a la víctima. Se trata del recurso fundamental cuando no abordaste el fondo del problema: desacreditar a quien te acusa. Ayuso redirigió esa mañana el ataque hacia el PSOE diciendo que “las verdaderas víctimas de acoso” son las de Salazar. Con ello, está diciendo que la concejala de Móstoles de su partido no es “una verdadera víctima”. Por cierto, los acosadores sexuales evolucionan a acosadores laborales cuando reciben negativas reiteradas. Eso también es de manual. 

5. Culpabilizar a la víctima. El 5 de febrero se publican audios en numerosos medios que acreditan reuniones de la concejala con dirigentes del PP regional, para pedir ayuda. Pese a todo, nunca recibió amparo. Alfonso Serrano, mano derecha de Ayuso, la acusa públicamente de “mala fe” y de “prefabricar pruebas para una vendetta personal”. 

6. Coordinar las mentiras. Feijóo vuelve a insistir en que el PP de Madrid investigó y “no había indicios para actuar” y que se trasladó al Comité de garantías que “avaló como veraz la indagación”. Otras declaraciones similares sugieren que los dirigentes populares se coordinaron en la mentira.

7. Destapar la “ambición oculta” de la víctima. Esta reacción casi mueve a la risa, porque no falla nunca. En este caso, el alcalde acusado afirmó: “Esta persona tenía aspiraciones de ser vicealcaldesa y al no conseguirlo comenzaron las desavenencias”. Al día siguiente se publica una grabación en la que él mismo reconoce que “ella nunca le pidió nada”. La operación para desacreditarla queda en evidencia. 

8. Hacer luz de gas orgánica. Pese a que ya hay evidencia documental de que en la primera reunión de la concejala con Ana Millán y Alfonso Serrano le dicen que “se le quite de la cabeza denunciar”, Serrano asegura en público: “Es falso que el PP presionara a nadie para tapar nada”. 

9. Banalizar el acoso. A una pregunta incómoda de un periodista, Alfonso Serrano se revuelve y le pregunta: “¿Cómo ligas tú?”. Equiparar el acoso a un ligue fallido es banalizar un presunto delito. 

10. Abandonar la responsabilidad institucional y orgánica. ¿Dónde está Ayuso? Desde el jueves pasado no ha hecho declaraciones, con lo locuaz que es otras veces. Entretanto la bola de nieve crece: más mentiras, más pruebas, más audios… Su responsabilidad es evidente: su gabinete recibió nueve correos de la concejala, la presidenta nunca se reunió con ella, su círculo estrecho intervino para presionar, la concejala acabó dimitiendo… Su responsabilidad es doble: orgánica e institucional. ¿Dará la cara? 

Le preguntaron a Hemingway en cierta ocasión cuál era el don más esencial de un escritor y contestó: “Un detector de mierda integrado, a prueba de golpes”. Siempre imagino ese detector como un velocímetro, que oscila según lo que una lee o escucha. Esta semana la aguja de mi detector ha reventado.