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OPINIÓN | Semana fantástica en el bipartidismo, por Antón Losada

Llueve sobre Dachau

Rafael Pañeda Reinlein

Responsable de Cooperación en la Embajada de España en Túnez —

Llovía en Dachau el domingo 3 de mayo, conmemorábamos  el 29 de abril de 1945, 70° aniversario de la liberación del primer campo de concentración nazi, por el 7° Ejército de EE UU.

Tenía una deuda con un familiar que fue deportado allí al ser detenido por la Gestapo (junto con un General y 7 Jefes del ejército republicano), en diciembre de 1943. Pertenecía a la Resistencia del Interior Francesa -RIF. La lluvia ha ayudado a empatizar más con las víctimas de este primer campo de concentración, operativo ya en marzo de 1933. Ha más que llovido.

Jose Maria García-Miranda Esteban-Infantes nació en Toledo en 1897 (era el hermano mayor de mi abuela Elvira, viuda de Reinlein), y en febrero de 1939 cruzó los Pirineos camino del exilio junto con su brigada del Ejército Republicano del Este.

Como digo fue detenido por la Gestapo, junto con sus compañeros militares,  y conducido a la Ciudadela de Perpiñán, después al campo de internamiento de Vernet D'Ariege, hasta que con el desembarco aliado en Normandía el 6 de Junio de 1944, los alemanes decidieron deportarlos al campo de Dachau, no sin antes pasar mil peripecias en el famoso e infausto tren Fantasma que en casi dos meses de percurso los transportaba.

Había leído sobre la extraña sensación –noche y niebla– que cubre los campos. Es cierta. Pero nada comparable a la impresión que produce estar físicamente en las cámaras de gas. Las imágenes que hemos visto en cientos de documentales de cadáveres amontonados listos para el crematorio han desgastado la experiencia. Hay que estar allí dentro, con el cuerpo y la imaginación, para atisbar el Mal, esa maquinaria de exterminio que devoraba a seres humanos a los que se había negado esa condición llamándolos untermeschen-subhumanos.

Quizá por ello sí se ha escrito después poesía (se dijo que no se podía) pero desde un silencio forjado con lo inenarrable de esa huella, ese vértigo.

Desde que siendo joven supe del paso del tío-abuelo José María por Dachau, he tratado de imaginar muchas veces los diálogos, ya a la vuelta del exilio, en su amado Toledo, con su tío Emilio,  el que fuera Jefe de la División Azul en Rusia desde finales de 1942 a finales de 1943.

Creo relevante que los españoles de hoy nos entendamos en algunos hechos esenciales.

José María fue el único militar español que sobrevivió a Dachau, eso sí ¡con 39 kilos! y dejó escrito cómo murieron sus compañeros militares; se estima en 200 los españoles supervivientes de unos 756 deportados, pero hubo más de 200.000 prisioneros en este campo de más de 30 países.

Es mejor que le oigamos a él, a través de la carta que escribió a su mujer recién liberado, el 8 de mayo 1945:

"Ha sido un año horrible; hemos sufrido malos tratos, vejámenes y tormentos tales que no pueden contarse porque se hace imposible creerlos. ¡Cuántos miles de españoles han perecido, y lo mismo puede decirse de franceses, polacos, etc.!

Los que quedamos vivimos de milagro pues incluso en los últimos días los organismos criminales del nazismo habían decidido exterminarnos ¡y éramos 25.000!  para que no pudiéramos hablar ni contar nada de la cámara de los gases, de los palos, del horno crematorio donde han sido quemados nuestros compañeros, etc, etc. 

Hemos vivido unas horas de gran zozobra; afortunadamente la oportuna llegada de los americanos hizo fracasar en parte  los siniestros planes fascistas y ahora ya vivimos como hombres. Paso a darte noticias de los otros compañeros de Vernet:

El Coronel  Velasco se puso muy enfermo al poco tiempo de llegar, lo sacaron del campo y no hemos vuelto a saber de él; lo más probable es que lo gasearan. El Coronel Blasco murió en Diciembre y el Cte. Amer en Febrero, los dos porque perdieron la moral y el ánimo, se acobardaron y esa fue su perdición; Tte. Coronel Salavera murió en Enero consumido por la diarrea, los piojos y los malos tratos; Cte. Marín murió en Febrero del tifus, y el Coronel Redondo murió en la noche del 8 al 9 de Marzo de fiebre, piojos y sobre todo hambre; dormíamos juntos y murió abrazado a mí, hablándome de sus hijos; toda la noche desde las 11 la pasé con el pobre cadáver y a la madrugada, ayudado de otro español, pudimos lavarlo y arreglarlo un poco antes de que se lo llevaran. Yo vivo de milagro pero vivo, y prefiero no seguir hablando de cosas tan trágicas.

Contéstame enseguida pues tendré tiempo de recibir tu carta.

Escribe al general Gamir para que se interese por mi evacuación pues soy el único militar que queda (han muerto aquí también el Tte. Coronel Luengo, el Tte. Coronel Díaz- Tendero, el Comandante San Martín y otros) y que nos manden tabaco que es lo que ahora nos falta.

A Vidal de Vernet le he escrito una carta para su mujer; visítala de todos modos y dila que está bien. Cuéntame muchas cosas del pueblo y noticias de la familia.

Mis señas; Joseph García- Miranda - Colonel espagnol. Block 12 - Chambre 2ª. Mil abrazos de tu marido que te quiere. Pepe”.

… José María volvió del exilio en 1957 (ayudado por la familia), debió encontrar muchas dificultades para explicar a sus amigos y parientes el horror que había vivido (¿Y qué le diría a su tío Emilio, general vencedor en nuestra guerra, y perdedor en la campaña de Hitler contra Rusia?).

Con el que nunca pudo volver a hablar fue con su amigo y cuñado, Guillermo Reinlein, medalla militar individual con la División Azul, y muerto todavía joven de una mala operación en Barcelona, en Julio de 1947.

Creo que ese diálogo debemos prolongarlo aún hoy, precisamente para superar tanto tiempo de silencio en tantos hogares españoles con historias parecidas.

Lo llaman semillas de conciliación junto con el esfuerzo por la verdad, justicia y reparación.

La mayoría de los casi 10.000 españoles deportados lo fueron a los campos de Mathaussen y Gussen, de ahí que los actos de conmemoración se centren más en ellos, pero todas las víctimas nos interpelan y hurgan en las versiones oficiales sobre si los aliados no pudieron o quisieron hacer más para minimizar o anticipar el fin de su sufrimiento.

Esta dolorosa reflexión es inevitable en este domingo de mayo en Dachau en que la lluvia persistente parece desgranar los nombres de todos esos niños, mujeres y hombres que nuestra memoria debe honrar en silencio y con los que debemos completar el monumento al prisionero desconocido.

Honrar, celebrar, conmemorar, está bien si somos consecuentes en el presente, si prevenimos guerras y pateras mortuorias y si, por fin, los españoles damos digno descanso a los aún más de 100.000 desaparecidos forzosos, esparcidos como espectros por el territorio.

¿Tan difícil es lograr a nivel institucional lo que a nivel familiar se ha ido reparando, al fin cuidando?

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Publicado el
5 de junio de 2015 - 19:22 h

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