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La OTAN y el aborto

Protesta ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos en Washington (EEUU), este 25 de junio de 2022. EFE/EPA/Will Oliver

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La OTAN es una alianza de democracias y sobre ella manda Estados Unidos. Y ese es un problema pues EE UU se ha convertido en una sociedad polarizada y enferma. El actual presidente, Joe Biden, es fiable para los europeos, comparado con lo que fue Donald Trump que puso en duda la Alianza Atlántica. Pero no está garantizado que los demócratas sigan gobernando en 2025, ni siquiera que conserven una mayoría en el Congreso este noviembre. La decisión del Tribunal Supremo sobre el aborto es un golpe a la democracia y a las libertades, que socava la credibilidad democrática de la OTAN, ahora militarmente y políticamente resucitada por la invasión de Ucrania ordenada por Putin, como lo plasmará o lo ha plasmado la Cumbre de Madrid.

La historia de la relación de la OTAN con la democracia tiene varios puntos negros, desde la dictadura de Salazar en Portugal, a la de los coroneles en Grecia o la de los militares turcos. Y ahora dudas sobre Hungría y la propia Turquía. Pero sí, es una alianza de democracias que a su vez están pasando por malos momentos internos, debido a causas y crisis diversas.

El Tribunal declaró que el aborto voluntario ya no es un derecho constitucional, casi 50 años después de que el caso Roe v. Wade protegiera el acceso de las mujeres a este procedimiento, y muchos estados se han apresurado a prohibirlo. Cuidado pues al impacto del aborto en EE UU sobre la credibilidad democrática de EE UU en la OTAN. 

¿Es Estados Unidos un líder fiable? ¿Política y/o moralmente? Lo es con Biden y los demócratas al frente. Está por ver cómo evoluciona. Trump -que en un momento dado puso en duda el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte sobre la defensa colectiva-, está demostrando estos días su influencia en las primarias del Partido Republicano de cara a noviembre próximo, a la vez que está quedando como un golpista en la Comisión parlamentaria que está investigando los hechos del 6 de enero de 2021. Pero Biden pierde fuerza, hay más que dudas sobre si volverá a presentarse en 2024, y su vicepresidenta Kamala Harris ha sido una decepción. Para tener opciones en 2024, los demócratas tendrán, previsiblemente, que buscar otras opciones.

El nuevo fallo sobre el caso Roe vs Wade que legalizó el aborto en todo Estados Unidos hace casi cinco décadas puede verse como un retroceso democrático, de derechos y libertades, aunque corresponda a los estados federados mantener la legalidad o no de la interrupción voluntaria del embarazo. No es lo mismo que ese derecho no exista, algo ya grave en sí (como ocurre en la UE en Polonia y Malta) a que se dé marcha atrás. Trump no era partidario de este fallo, pues sabe que más de un 80% de los estadounidenses están a favor de aquella legalidad, y no quiere que las próximas elecciones, como pretenden ahora los demócratas, giren en torno a este tema (aunque girarán en torno al tsunami económico que está llegando). Pero Trump sí es partidario del derecho a tener armas, cuyo peligro se está demostrando en los numerosos tiroteos. Este Tribunal Supremo radicalizado ha echado para atrás una prohibición de llevar armas en la calle en Nueva York.

El fallo sobre el aborto del Tribunal Supremo dominado por archiconservadores y otros fallos que pueden llegar, por ejemplo, sobre el matrimonio gay pueden suponer graves retrocesos en las libertades y socavar aún más la democracia con el gobierno de unos jueces que representan a una minoría de un país, la derecha radical cristiana y trumpista ya bastante dividido. Cabe recordar que la Constitución americana no entró en el tema de la familia para evitar la cuestión de la esclavitud. Con lo que todo esto puede acabar teniendo una relación con el racismo y el supremacismo blanco sobre el que se basa el trumpismo.

Pero hay más: el impacto sobre las fuerzas armadas estadounidenses, sobre las mujeres en ese colectivo. Algunas veteranas han empezado a pedir que se codifique el derecho al aborto en los ejércitos, pues el fallo del Supremo crea algo más que confusión. Lo consideran un “asunto de seguridad nacional”. El Pentágono ha reaccionado con rapidez y ha señalado este martes que algunas militares podrán seguir interrumpiendo voluntariamente sus embarazos en bases en estados prohibicionistas. Es lo que pedía Ashley Ehasz, graduada de West Point y ex piloto de helicópteros Apache que busca desbancar en noviembre al representante republicano Brian Fitzpatrick en Pensilvania. Hay dos millones de mujeres en las fuerzas armadas en EE UU. Para Ehasz “las mujeres que son miembros del servicio activo no pueden elegir en qué estado viven, lo que significa que podrían perder el acceso al aborto por el capricho de cualquier estado con una prohibición del aborto”. Y añadió en un comunicado: “Ahora que las mujeres de uniforme han perdido sus derechos reproductivos, la fuerza de combate de nuestro país se ve obstaculizada y nuestra seguridad está en peligro”. 

La OTAN se refuerza. El Tribunal Supremo de EE UU la debilita. Y cuidado con lo que pueda venir. Para sobrevivir, la OTAN no necesita solo una más robusta postura militar, sino un liderazgo sensato y moral que, guste o no, tiene que aportar en primer lugar Estados Unidos.

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