Podría ser peor

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Hay veces que los contratiempos se suman y no respetan ni el antaño tranquilo mes de agosto. El mundo vive una nueva escalada de tensión provocada –como detonante– por la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense Nancy Pelosi a Taiwán. Y, en medio del riesgo cierto global, de las secuelas no resueltas de la guerra sobre Ucrania, España pare unas nuevas “terracitas de libertad” en forma de un absurdo rechazo al ahorro energético decretado por el Gobierno.

Nancy Pelosi se ha convertido en la funcionaria norteamericana de más alto rango en visitar Taiwán en 25 años. Una provocación a China en toda regla. Una llama a azuzar cuando todavía permanece ardiendo el conflicto con Rusia sobre Ucrania. Pekín ha reaccionado con notable virulencia esta vez, desplegando maniobras militares en torno a Taiwán, con fuego real e incluso misiles de largo alcance que obstaculizaron el espacio aéreo y marítimo. Anuncia sanciones –sin determinar– a Pelosi y suspende la cooperación en varias materias con EEUU. Algunas importantes como seguridad, judiciales o medio ambiente.

La antigua Formosa, República China nominalmente –aunque solo una quincena de países la considera así–, Taiwán, con su historia ancestral, es reivindicada por la República Popular China y no es la primera vez que EEUU toma parte en la disputa. Tres grandes crisis se sucedieron, dos en los años 50 y una en 1995 del siglo pasado, como resume con precisión BBC.

Trump mantuvo tal rivalidad con la China que le comía el terreno que llegó a firmar en las postrimerías de su mandato hasta un decreto que obligaba a ByteDance a vender Tik Tok a una empresa estadounidense, porque la plataforma era seguida por 100 millones de estadounidenses, dijo. No lo consiguió. Se lo tuvo que comer.

Perdidas las elecciones y ya en tiempo de descuento, su secretario de Estado Mike Pompeo levantó las restricciones a los contactos entre funcionarios estadounidenses y sus homólogos taiwaneses para molestar a China.

Es una guerra comercial y tecnológica. Con una particularidad decisiva: la isla en disputa alberga a la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, que controla la mitad del mercado mundial de microprocesadores. Compañías menores se suman para dar a Taiwán dos tercios de todo ese mercado mundial. Si ya, por la pandemia y la guerra, las restricciones de estos productos esenciales hoy ocasionaron problemas logísticos en todo el mundo, un eventual bloqueo representaría un auténtico caos. Paralizamos los cereales en Rusia y Ucrania, los microprocesadores desde Taiwán. Es un momento inquietante que se ha agravado.

La información en algunos grandes medios españoles se sirve con claridad desde el lado estadounidense. Así van hablando de “firmeza de Estados Unidos” y similares. Y no, es un fiasco monumental e interesado.

En elDiario.es varios periodistas contamos raíces del conflicto. Ese puente avistado entre Ucrania y China en la actitud estadounidense lo resumía Olga Rodríguez en mayo: “En este trazado de patios traseros y reparto de zonas de influencia la guerra de Ucrania es presentada como un mensaje para China; como ensayo, ejemplo y advertencia de lo que podría ocurrir en el Indo-Pacífico”.

Pelosi, 82 años, tercera autoridad del Estado, justificó su visita a Taiwán para apoyarle en la pugna que se vive entre el autoritarismo y la democracia, explicó. Sí, en su propio país ocurre de una forma preocupante para la estabilidad mundial. Hasta el desnortado presidente Biden se ha mostrado inquieto por la actitud de Pelosi. Aunque varias veces él mismo ha amenazado con una respuesta militar si China “intervenía por la fuerza” en Taiwán.

Ucrania, China, vuelven a hervir los Balcanes… Las consecuencias, advertidas con rotundidad, incluían la inflación. Está desbocada, con desmesurada alza de precios a la que sin duda contribuyeron también los abusos de las compañías energéticas. Hay que pagar las consecuencias de la guerra esa tan “patriótica” que no se quiso evitar y mucha gente no relaciona hechos con consecuencias. La respuesta rusa de racionar su gas, por ejemplo. Además, el cambio climático nos vino a ver en forma de un calor agobiante que tiene asada a Europa y desde luego a España. Con sus consiguientes problemas de sequía y lo que implica en falta de agua para todos los usos, lógicamente. La negación de la realidad es tan ostentosa y escuece tanto en algunos casos que provoca reacciones alteradas.

Y en medio de este contexto surge la Arcadia Feliz de Ayuso para oponerse a las medidas de ahorro energético que el Gobierno está implantando como el resto de los europeos. Madrid anuncia que las va a desobedecer y su prensa de propaganda aplaude. Ayuso hasta quiere llevar el decreto al Tribunal Constitucional. Es de no creer si no conociéramos el patio español. Las manipulaciones de su derecha insolidaria y torpe. Sus servidores mediáticos apuntados a la tarea con fruición. Quieren carbón y nucleares. Y poner zancadillas al Gobierno de España una vez más, como en la pandemia. Se diría que actúan en equipo, y no precisamente informativo y cívico. Y a menudo llegan al esperpento.

Europa implanta restricciones. España también, menores. Si alguien se molesta en leer el decreto, cosa que no hace el Gobierno de Madrid, ni el de Murcia, y ante el que el PP de Feijóo se pone de perfil, verá algunos detalles relevantes en el largo texto, eso sí, mucho más que un tuit en el que prodigar mentiras e insensateces. Nadie ha de decirles a qué temperatura vivir, ni a qué hora apagar las luces de su negocio. La reducción de la demanda de gas en España y Portugal es, tras haberlo negociado, del 7% en lugar del 15% del resto de la UE. España no tiene tanta dependencia del gas ruso como otros países europeos. El decreto explica todos los porcentajes y sus consecuencias.

El Gobierno solo requiere apagar escaparates y edificios públicos que permanecen iluminados por la noche, a partir de las 22.00 en adelante, pero no el alumbrado de las calles, que además es competencia municipal. La derecha nacional –el PNV no, por ejemplo–, la ultraderecha y su prensa de apoyo entran entonces en la campaña destinada a meter miedo a los ciudadanos. “La policía y la guardia civil alertan de que aumentará la inseguridad en las calles”, aludiendo al socorrido “fuentes de” que no incluye declaraciones concretas. Antena 3 Noticias, La Razón, ABC y la tropa completa. Como si todas las vías urbanas, de ciudades y pueblos, zonas residenciales, etc… tuvieran escaparates como medio de iluminación. Y en uno de los países más seguros del mundo, a excepción del latrocinio de algunos de sus gobernantes.

Todo este desastre pudo ocurrir a gran escala en toda España si, tras doblegar y echar a Casado, Ayuso se hubiera hecho ya con el mando. Pudo ser peor. A Feijóo en realidad lo tiene ya medio engullido. Puede ser peor. O parecido.

Pero fuera de esa indignación que produce la inmensa arbitrariedad, cuya implantación en España fuerzan, está la realidad de un mundo tan extraviado como este en el que ahora vivimos. Ese cúmulo de desastres que se arrastra desde la pandemia y antes, la guerra y sus consecuencias, los abusos tolerados, diezma ya sociedades enteras. En África está siendo catastrófico. Aquí, ya lo vemos. Y, por si faltara poco, unos Estados Unidos en descontrol encienden mechas por su cuenta. Podría ser peor, puede serlo. O no. Hay que evitarlo. Los medios existen.

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