Reflexiones de guerra

Trump extiende la guerra comercial con China a las divisas

Cuando Estados Unidos giró hacia el proteccionismo con la llegada de Trump al poder, hizo saltar todas las alarmas en medio mundo y se empezó a hablar de una posible vuelta a un periodo similar al vivido durante la década de los años 30, preámbulo de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hoy esas predicciones siniestras parecen completamente fuera de contexto. Es cierto que China se está desacelerando, y sí, también es cierto que empresas occidentales presentes en China como Apple, han sido duramente golpeadas. Lo cierto es que al menos durante 2018, el crecimiento global ha sido aceptable, el desempleo cayó y los beneficios empresariales aumentaron. Finalmente, si las conversaciones durante los próximos meses conducen a un acuerdo entre Trump y Xi Jinping, los mercados concluirán que la guerra comercial habría acabado, y esta se habría convertido en una suerte de teatrillo político, más que el hecho de tratar de frenar la expansión de China.

Pues bien, amigos, tal complacencia es del todo errónea y hoy por hoy persisten múltiples puntos de conflicto. Uno de ellos es la ingente cantidad de productos que China exporta a EEUU en comparación con la cantidad que EEUU exporta a esta. Por otro lado, China está convulsionando el mercado laboral americano, desplazando puestos de trabajo desde la manufactura de EEUU a otras regiones asiáticas, no solo chinas, con menores costes laborales. Finalmente, también debemos tener en cuenta que existen transferencias forzosas de tecnología de las firmas estadounidenses que trabajan en China a sus socios locales y, por supuesto, transferencias de propiedad intelectual.

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Muchas son las áreas en las que EEUU ha atacado a China en términos comerciales. Creo, sin embargo, que esto representa tan solo cómo los problemas de rivalidad entre estos dos países se han convertido en crónicos en los últimos años. Existe, no obstante, un profundo desconocimiento acerca de cuánto ha contribuido el comercio internacional a la disminución de la manufactura en los Estados Unidos. Paradójicamente, la principal causa de la pérdida de empleos en EEUU es la tecnología y no el comercio con China.

Durante la edad de oro de la globalización, entre 1990-2010, el comercio global se disparó a medida que disminuían los costes de transportes de las mercancías, se abarataban las llamadas telefónicas, se reducían los aranceles y se liberalizaba el sistema financiero. El optimismo y exuberancia que mostraban los mercados escondía sin embargo una realidad mucho más sombría. Lo realmente cierto es que la globalización hoy ya no sigue extendiéndose a la velocidad de la luz, y ello tiene su origen en diversas razones: los costes de transportes se incrementan y las empresas locales presentan una feroz competencia para las grandes corporaciones internacionales; la actividad está girando significativamente hacia los servicios, que son más difíciles de vender a través de las fronteras; y la manufactura, sobre todo en China, se ha vuelto más local, por lo que necesita importar menos que hace unos años.

Por otro lado, existe la idea errónea de que China tiene poca capacidad innovadora y esto simplemente no es cierto. China está mostrando una enorme capacidad para la innovación en el sector de la tecnología, la inteligencia artificial, así como en otros aspectos fundamentales. Si China realmente acomete la transición de una potencia de fabricación a una potencia de innovación, tendrá que proteger su propiedad intelectual. Esta es una de razones por las que EEUU demanda a China para que reforme su sector de la propiedad intelectual y detenga las transferencias forzosas de tecnologías de las empresas estadounidenses. Esta es una cuestión que a todas luces China necesita acometer, ya que sus empresas nacionales también requerirán de esta protección más pronto que tarde. Hoy por hoy, si una empresa estadounidense vende en China o forma una empresa conjunta con un socio local chino, deberá transferir su tecnología principal a esta. Esta es la práctica común y ha sido uno de los puntos principales de conflicto en las recientes tensiones comerciales.

Para China, el objetivo más importante es evitar una confrontación total con los Estados Unidos. Esta es la razón por la que hemos visto muchas concesiones por parte de China en muchos de los términos acordados. China ha aceptado proteger mejor la propiedad intelectual, importar más productos de EEUU y prohibir las transferencias forzosas de tecnología. Sin embargo, China quiere lograr sus aspiraciones económicas en sus propios términos. No se subordinará a todas las demandas de Estados Unidos sobre cómo desarrollar su economía o cómo invertir en el resto del mundo. En China, la hostilidad reciente ha avivado el nacionalismo y esta es una tendencia muy peligrosa. Mientras que antes los jóvenes realmente miraban a Occidente para estudiar, trabajar e intercambiar conocimientos, los recientes acontecimientos los aleja de esta idea.

Este es el frágil telón de fondo de la guerra comercial que el señor Trump ha declarado prácticamente a medio mundo. Es difícil decir qué lado, si Estados Unidos o China, será el más afectado. Ambos países resultarán heridos, por supuesto, y el resto del mundo también será víctima. El impacto indirecto de la guerra comercial es muy significativo, y hemos presenciado cómo los mercados internacionales responden a una mayor incertidumbre. Desde un punto de vista diferente, puede que China también esté jugando a ganar tiempo, a través de disputas y regateos sobre aranceles, para fortalecer su propia economía interna. Mientras las discusiones sean sobre comercio, en lugar de temas más espinosos, como la total falta de democracia y libertad, el gobierno chino no tendrá miedo. Muy al contrario, afianza su posición internacional y ayuda a evitar una discusión más allá de lo que China realmente puede y está dispuesta a hacer.

En mi opinión, las presiones políticas de los Estados Unidos sobre China no servirán a su propósito. Las demandas comerciales agresivas están obligando a China a fortalecerse, a confiar mucho más en su economía doméstica, en su propia tecnología e innovación. La consecuencia involuntaria de esta guerra comercial podría ser hacer que China sea aun más fuerte. A veces, las negociaciones comerciales perdidas pueden ser mejores que las negociaciones comerciales ganadas. Aviso a navegantes.

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinión del/la autor/a y esta no compromete a ninguna de las organizaciones con las que colabora.

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