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Opinión - Las mentiras que nos tragamos, por Neus Tomàs

Salvajes y caníbales

Toni Cantó

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Éramos pocos y parió Toni Cantó. Como si no hubiésemos tenido ya suficiente con los roñosos delirios imperiales de Ayuso y los chistes flojos de Aznar, el director de la Oficina del Español de la Comunidad de Madrid (creo que así se llama el chiringuito) sintetizó magistralmente el nuevo discurso de la derecha sobre lo que ocurrió en América tras los viajes de Colón: el continente no fue conquistado, sino "liberado de un poder absolutamente brutal, salvaje, incluso caníbal".

Vamos por partes.

-Es cierto que en la América precolombina había guerras y violencia. Que los imperios azteca y maya sometieron con brutalidad a numerosos pueblos vecinos y practicaban espeluznantes rituales en que decenas de miles de seres humanos fueron sacrificados a los dioses. Sin embargo, la empresa conquistadora comenzó antes de que entraran en escena tiranos terribles. En su primera carta tras el descubrimiento, Cristóbal Colón describió así a los indígenas: "Ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen que no". Y más adelante: "No he hallado hombres monstruosos, como muchos pensaban, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento". Pese a la actitud pacífica y bondadosa de los nativos, Colón dice que ha "tomado por la fuerza" a algunos de ellos para que le informen sobre el territorio, habla repetidas veces del oro que se puede obtener, se ofrece a enviar esclavos a los reyes y concluye: "En tornándose tantos pueblos a nuestra santa fe, y después por los bienes temporales, no solamente España, mas todos los cristianos tendrán aquí refrigerio y ganancia". Así empezó la 'liberación' de América.

-La conquista se facilitó porque muchos pueblos indígenas vieron en los recién llegados de Europa unos aliados contra sus opresores. Pero la alegría les duró poco: muy pronto empezaron a caer como moscas, en su mayor parte por enfermedades importadas por los conquistadores, pero también por la brutal explotación en minas y encomiendas a que se vieron sometidos durante las etapas de conquista y colonia. Algunos historiadores calculan que la población nativa pasó de 60-70 millones a poco más de tres millones y medio. Y estos sobrevivientes, por mucha protección jurídica que recibirían con el paso del tiempo, quedaron convertidos hasta el día de hoy, en virtud de ese colonialismo clasista y racista, en unos parias en su tierra, como lo evidencia la enorme brecha económica y social que los separa de las élites blancas. Algo similar sucede con los descendientes de los esclavos negros traídos de África. Al menos a ellos les sigue sin llegar la paz y prosperidad de la que habla Ayuso.

-Echemos ahora un vistazo al continente que se precia de haber llevado la civilización a América y al mundo. Cuando Colón pisó América, España acababa de derrotar a los musulmanes y de expulsar a los judíos que no se avinieron a convertirse al cristianismo. Decenas de miles de judíos (se calcula que unos 40.000) huyeron con lo puesto; miles de conversos fueron perseguidos por la Inquisición bajo la acusación de seguir practicando su fe original. Dos siglos después, la Guerra de Sucesión española dejó entre 400.000 y 700.000 muertos en Europa. Pero no vayamos tan lejos: hace muy pocos años, cerca de medio millón de personas murieron en la Guerra Civil española y más de 50 millones perecieron en solo seis años en Europa en la Segunda Guerra Mundial. Sí: en la América precolombina hubo atrocidades; pero tengamos un poco de humildad cuando hablemos en Europa de barbarie, por mucho que hoy estemos disfrutando de un período inusual de paz del que, con razón, nos enorgullecemos.

-Nuestra derecha imperial se ha revuelto contra el papa Francisco por recordar que la Iglesia ha pedido en varias ocasiones perdón "por las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización". En 2007, Benedicto XVI fue algo más lejos al hablar del "sufrimiento y la injusticia que infligieron los colonizadores a las poblaciones indígenas, muchas veces pisoteadas en sus derechos más fundamentales". La Iglesia no ha pedido nunca perdón por la evangelización en sí, sino por los errores que se hubieran producido en el camino; pero incluso este asomo de contrición les parece inaceptable a Ayuso y su combo. Ellos consideran que el proceso de cristianización fue impecable y que eso de pedir perdón es cosa de blandengues. Solo por curiosidad histórica, recordemos cómo se practicaban las conversiones de los indígenas en los primeros años de la Conquista. Se hacía mediante el Requerimiento, un texto que se leía en voz alta ante grupos de nativos, en muchas ocasiones sin la presencia de traductores, en el que se les conminaba a abrazar el cristianismo. Y concluía con el siguiente aviso: "Si no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos (…)". La verdad es que se me ocurren muchas maneras más amables de persuadir al prójimo de que les tengo una religión superior a la suya.

-¿Qué habría pasado con América si no hubiese llegado Colón? ¿Sería 'mejor' o 'peor' de lo que es hoy? Vaya usted a saber. ¿Fue todo terrible en la conquista? No: hubo hechos y personas admirables, actos de generosidad, epopeyas asombrosas y, si nos abstraemos del sufrimiento que costó, nos quedó una comunidad lingüística que hoy deberíamos fortalecer en lugar de reventar con aspavientos coloniales. ¿Debe alguien pedir perdón por lo ocurrido hace más de medio milenio? ¿Debe España pedir perdón a México? ¿Debe Italia pedir perdón a España por el dominio del imperio romano? Que cada cual haga lo que considere oportuno. Yo prefiero centrarme en el presente. Si los líderes latinoamericanos están de verdad conmovidos por la tragedia de los indígenas y los negros, que empiecen por darles un trato más justo y digno en sus países. Si España siente algún arrepentimiento por el pasado, que aumente los fondos de cooperación. En cuanto al discurso neoimperial del PP y Vox, merecería la mofa si no fuera porque, en el fondo, refleja una corriente de pensamiento supremacista que merece ser tomada con seriedad, por las implicaciones que esa visión puede tener en el mundo de hoy. Y no me salgan con que si no me gusta esto que me vaya al Imperio azteca o a Venezuela, que los veo venir.

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Publicado el
7 de octubre de 2021 - 22:06 h

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