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La Thatcher del Primark

Isabel Díaz Ayuso

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Succesion es la serie que todo el mundo debería ver para conocer la moral de los que mandan y creen que el poder les pertenece por clase social. En una escena, Shiovan, una de las hijas y herederas del capo de los medios que es su padre, se reúne con el director de la cadena para exigirle que cambie la línea editorial contra el presidente de los EEUU debido a que no está siendo todo lo sensible que la familia necesita en un momento en el que se encuentran en problemas legales serios. El periodista se resiste y advierte con hacer pública la presión, pero el final del diálogo muestra y desnuda la psique y la moral de toda una clase social que funciona de la misma manera, sin importar el lugar del mundo donde se desarrolle la acción: “¿Y si hago público este acoso? Sería muy vergonzoso para ti”, responde el periodista ante las exigencias. “Ya, pero si algo nos caracteriza, ya deberías saberlo, es que no nos avergonzamos”, sentencia la heredera del imperio mediático.

Ese es su gran valor. Les da igual todo. No tienen vergüenza. Por eso pueden presentar a Enrique Arnaldo para el Tribunal Constitucional y a la vez hablar de despolitizar la justicia sin cambiar el rictus y sin sentir un ápice de sonrojo. Para medrar en la derecha española es imprescindible manejar con habilidad el ejercicio de la desvergüenza. Y en eso no hay nadie mejor que Isabel Díaz Ayuso. 

Somos muchos quienes defendemos que Ayuso no tendría peligro en una disputa nacional debido a su nacionalismo hispano-madrileño que tiene cabreado a cualquier ciudadano con un mínimo respeto por su región cuando se sale de las fronteras del kilómetro 0. Pero eso puede empezar a cambiar pronto, si se limita en su desfase verborreico y deja de insultar a quienes no son madrileños, sobre todo viendo cómo se la convierte en icono pop libertario. Le basta con centrarse en insultar a quienes no pensamos como ella para seguir creciendo. Y eso es fácil de cambiar en un momento en el que la memoria no alcanza al desayuno. 

Fanatismo, desprecio de clase y un pastiche referencial. Esos elementos unidos en un contexto de primavera reaccionaria y el declive de las culturas políticas que estructuran el pensamiento pueden convertir en referente reaccionario a cualquier inepto deslenguado. Ayuso es la candidata perfecta para ese puesto, una hidra de Lerna con cara afable cuando ríe e ira cuando colapsa al encontrarse con un periodista que no trabaja con guion filtrado por Miguel Ángel Rodríguez.

La lideresa necesita grandes apoyos mediáticos que en Madrid los contrarios a su gestión están sufriendo de manera concreta. Porque ella no duda en ejercer su poder y laminar a quien osa perturbarla levantando los teléfonos que hagan falta. El Mundo ha tomado parte por Ayuso en la disputa genovesa, no ha sorprendido a nadie, pero van a hacer daño. La portada en la que conceden a la dama de lata la potestad de acabar con el enfrentamiento si el líder del PP se pliega a sus designios y la llama para considerarse magnánima es demasiado cruel en un mundo donde el ego prima hasta por encima del poder. Estas dinámicas la hacen peligrosa. Cuenta con una masa acrítica en los medios, ego desmesurado, ningún escrúpulo para ejercer el poder contra sus críticos y ninguna vergüenza para mostrar su sociopatía. Pero además, Ayuso es muy limitada intelectualmente. Por eso es mucho más peligrosa. Cualquiera que haya cruzado dos frases con ella sabe que no es capaz de mantener una conversación adulta fuera de los marcos establecidos por sus asesores. Esa incapacidad la hace imprudente, algo que cuando se acierta se llama valentía pero que cuando se trata de gestión pública es negligencia.

Ayuso tiene potencial para convertirse en la Margaret Thatcher de España pero con materiales mucho más defectuosos, de peor calidad, sin poso ideológico, sin cultura ni capacidad para ser por sí misma algo más que la voz de Pecas pero con la suficiente inteligencia para saber que su escaso nivel precisa de un equipo que le dicte hasta qué pensar en temas que la superan. Es una líder de material de tercera, de comida rápida, de mercadillo y Aliexpress. Es nuestra Thatcher del Primark. Despreciarla como lo que es no significa minusvalorar el peligro que tiene para crecer en entornos ideológicos en los que Casado jamás logrará apoyos y trascender Madrid. Ayuso es la mejor arma del PP contra VOX, paradójicamente es la kriptonita de la extrema derecha porque ella representa todo lo que quiere el posfascismo. Abascal jamás será presidente, pero Ayuso sí puede serlo porque todo es susceptible de empeorar.

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