Una verdad del Caso Nóos

El año que verá a una infanta en el banquillo

Arranca mañana el juicio del Caso Noos con las cuestiones previas y con una Infanta de España y su marido sentados en el banquillo de los acusados. Sus letrados intentarán exculparla usando una estudiada doctrina jurídica que fue pensada cuando la ignominia del banquillo había caído sobre el hombre más poderoso de España. Poderoso caballero es don Dinero. No cabe duda de que el poder estimula de forma prodigiosa la creatividad jurídica. En un caso y en el contrario. También cuando se trató de que una genialidad fantástica para un caso no se convirtiera en la balsa salvavidas de un perverso soberanista que se iba a ir de rositas después de pasarse por el arco al sistema judicial. No me cabe duda de que nos esperan brillantes construcciones en el caso que amenaza con llevar a prisión a la hermana del Rey. Ardo en deseos de leerlas.

Tendremos pues que atender y esperar a la decisión imparcial e independiente del Tribunal juzgador para conocer la verdad judicial. No intentaré ni intentaremos suplantarles en tal tarea. La verdad judicial nos dirá si los hechos probados encajan o no en los moldes de los delitos que se invocan,si fueron cometidos y hasta que punto por las personas encausadas. En el supuesto de que ello sea así nos indicarán el castigo que como sociedad vamos a imponerles. Siento reconocer que a mí eso de que la Justicia se siga impartiendo en nombre del Rey y no del pueblo me parece un despropósito. En este caso casi una broma de mal gusto.

No obstante no vamos a caer en la trampa iniciada por los políticos según la cual serán los jueces los que determinen si los comportamientos de estas personas son delito o no son nada. No es cierto. A miembros de la Familia Real -lo eran cuando se cometieron los hechos- no sólo les pido que no sean delincuentes. La única razón de ser de la monarquía, según nos dicen, es su utilidad como referente de institución ejemplar y alejada de los intereses partidistas. Por tanto, además de la ejemplaridad que le pediríamos a cualquier ciudadano, que supongo mucho más amplia que la de no ser un delincuente, tenemos la ejemplaridad especial debida en este supuesto.

La investigación judicial ha sacado a la luz los suficientes elementos como para poder lamentarnos amargamente por la falta de honorabilidad que,como poco, se dio en personas de las que podíamos exigir una honorabilidad amplificada. No cabe duda de que se creó una institución sin ánimo de lucro para realizar negocios privados ni de que se conseguían contratos públicos, pagados con nuestro dinero, con el gancho del yerno del Rey. Y todos sabemos que en este país lo último que se hacía era tomar el nombre del Rey en vano. También sabemos que utilizaron argucias, facturas falsas,trabajadores fantasmas y otras para ingresar menos dinero en las arcas públicas. Esas que son de todos. Sacaron dinero de España y lo ocultaron en cuentas en otros países.

Sabemos, pues, que se utilizó la relación de familia con el Jefe del Estado para obtener contratos públicos y que no contentos con ello  y en un alarde de avaricia evitaron después pagar la parte que les correspondían para el bien común. Sabemos también que hubo cargos públicos que estimaron que convenía más pagar determinados peajes con el dinero de todos. Hubo empresarios que contra toda razón pagaron cantidades exorbitantes por cosas que no lo valían. Estos últimos no están procesados. La Justicia entiende que una empresa privada es libre de hacer las gilipolleces que estime conveniente aunque siempre nos quedará la duda de si lo hacían por mera furia monárquica. No tenemos duda, por último, de que una sensación de impunidad rondaba por todas estas actuaciones como si todos hubieran pensado que cobijados bajo determinado manto todas las posibilidades se abrían ante sus ojos sin riesgo alguno. Este es el grito continuo de Torres.

Lo que mañana se sienta en el banquillo, como un triunfo del Estado de Derecho, es una forma de entender el uso del poder de la Monarquía que no podemos consentir. Tengo mis cábalas sobre lo que sucederá. Puedo equivocarme pero mi instinto me dice que la Infanta no sufrirá el juicio completo y que Urdangarin terminará ingresando en prisión que será atenuada y acolchada con los mecanismos que la Administración tiene en su mano.

Pase lo que pase el daño fue hecho y las consecuencias de la lucha por hacer Justicia también. No me cabe ninguna duda de que no volveremos a asistir a una forma de entender la proximidad a la Jefatura del Estado ni su desempeño de la misma manera. Suceda lo que suceda en la sala de vistas, sabemos que hubo un momento en el que la Monarquía nos falló y eso costó a la dinastía la abdicación de un Rey.

Lo de mañana es un triunfo de la constancia del Estado de Derecho, un hecho histórico que ha tenido grandes consecuencias y un hito que marca un punto de no retorno para la forma de entender el papel de la Monarquía en nuestro país. El monarca actual lo tiene meridianamente claro aún sin haber oído al tribunal porque el sabe que el honor, la decencia y la ejemplaridad no precisan de sentencias. Dicho sea con todo respeto republicano.

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