No nos defraudemos
“El indio, tanto cuando ataca como cuando huye, es inconstante. Abandona pronto. No comprende que se pueda perseguir algo sin descanso, y nosotros no descansaremos. De modo que al final daremos con ella, te lo prometo.” En “Centauros de desierto (1956)”, de John Ford, Ethan Edwards (John Wayne) le dice eso a Martin Pawley (Jeffrey Hunter) mientras buscaban a Debbie Edwards (Natalie Wood), sobrina del primero y hermana adoptiva del segundo, raptada de pequeña por los indios. La búsqueda se prolongó durante cinco años.
Estas frases de una película mítica describen la idea que me viene a la cabeza para representar las posiciones del electorado. Unos persiguen sus objetivos con tenacidad, sin descanso; aunque tengan intereses no del todo coincidentes, se centran en sus puntos comunes para intentar lograr sus metas. Otros son inconstantes, no comprenden que la tenacidad es una cualidad muy importante para lograr sus propósitos y suelen abandonar pronto. Tal vez cabría añadir que estos últimos confunden sus prioridades y suelen centrarse en las pequeñas diferencias con quienes comparten la mayoría de sus objetivos, lo que hace que se sientan más rivales de sus aliados que de sus contrincantes -Frente Popular de Judea,... en “La vida de Brian (1979)”-.
Estos días una parte importante del electorado que dice ser de izquierda esperaba que se unieran sus partidos para formar una coalición que les permitiese ilusionarse hasta el punto de votarla. Quienes votan a la izquierda suelen ser muy críticos con los políticos de su órbita, achacándoles su desunión y sus errores como causas principales para no merecer su voto. Podríamos trazar un paralelismo y decir que “es inconstante, abandona pronto,...”. La consecuencia es que el voto pasa a la abstención o a opciones de castigo, representadas por partidos sin ninguna posibilidad de obtener representación. Por contra, otras personas son constantes, tenaces e indiferentes ante cualquier error o actividad ilícita de sus políticos, votándolos siempre. Con todo ello se da la paradoja de que una población con aparentemente mayoría de centroizquierda, se ve casi siempre representada por una centroderecha que queda en ventaja.
Ese elector que se resiste a votar a algunos de los varios partidos que coinciden con sus ideas, que necesita una gran motivación para hacerlo pero muy poca para quedarse en su casa, también precisa autojustificar su actitud culpando precisamente a esos partidos; la culpa si no gana el centroizquierda no es suya, sino de todos aquellos que, en general, coinciden con sus intereses e ideas, y además por múltiples razones: no ser suficientemente de izquierdas, ser demasiado ambiciosos o todo lo contrario, unirse para unas elecciones o no hacerlo, etc.
Aceptar que es imposible responder adecuadamente a todas las expectativas, que siempre estaremos algo o muy descontentos con los partidos que coinciden con buena parte de nuestras ideas, no parece ser algo admisible para un votante de centroizquierda. A veces vota, luego cambia su voto y otras veces no vota. Es inconstante y abandona pronto.
Parece haber un pesimismo ante la anunciada llegada al poder de la derecha más extrema desde hace más de 40 años. Me pregunto qué pasará con las conquistas sociales de todo tipo, con la educación y la sanidad públicas, con la vivienda, con las pensiones, con la libertad periodística, con la cultura, etc. No es difícil contestar: “Nada bueno” -como dice el robot TARS a Joseph Cooper (Matthew McConaughey) en “Interstellar (2014)”, de Christopher Nolan-.
En este punto, creo que no es muy importante si unos se unen o no, si salen estos o aquellos entre los que propugnan más o menos lo que pensamos; aunque solo logren unas cuantas cosas de las que creemos que son necesarias, sabemos que será enormemente mejor que si nos gobierna esa derecha extrema que plantea sin complejos recetas que nos llevan a los mismos fracasos que otros ya experimentan. Puede que parezca una postura poco ambiciosa y que tengamos que taparnos mucho la nariz cuando votemos; tampoco debemos resignarnos, sino exigir siempre mejoras sociales coherentes y sensatas que puedan mantenerse en el tiempo. Lo que parece claro es que si el centroizquierda no vota a opciones que claramente puedan obtener representación, tanto en una cámara como en la otra, lo que ocurra en los próximos años no será culpa de otros; será nuestra y solo nuestra, y pagaremos un precio altísimo por ello.
No nos defraudemos.
Jao (saludo indio)
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