El “Super Tazón” y Bad Bunny, nuevo símbolo de resistencia latina
Con la actuación del pasado domingo, Benito Antonio Martínez Ocasio, también conocido como Bad Bunny, protagonizó el que ha sido el último episodio de resistencia latina ante la narrativa estadounidense que, desde los años en los que se puso en marcha la doctrina Monroe, ha tratado de invisibilizar. Sin embargo, el prólogo del Super Tazón lo encontramos días antes, en otro gran escenario de la cultura estadounidense, los Grammy’s.
Para poder entender el peso y la importancia del medio tiempo de la Super Bowl, necesitamos prestar unos segundos de atención a lo que ocurrió en la alfombra de los premios musicales por excelencia y, sin duda, uno de los escenarios que mayor autoridad y legitimidad otorga a aquellos que pronuncian un discurso desde su tarima. En esta edición, el discurso y el mensaje fueron inéditos, marcando un antes y un después para el conjunto de la cultura y la comunidad latina, pues nunca antes un álbum íntegramente en español había conseguido el galardón al mejor álbum del año y, mucho menos, el discurso de agradecimiento también. Esta decisión de Benito rompió la frontera simbólica de que el español sea considerado un idioma local, exótico y de nicho para que pase a ser una lengua de autoridad cultural; sin pedir el reconocimiento, más bien forzando a reconocerlo y sentando la base para lo que sería el eje central de su half-time show en la Super Bowl.
Con esto claro, podemos hacer un análisis rápido del gran impacto y el mensaje político que Bad Bunny introdujo en el principal escenario cultural y de orgullo nacional en los Estados Unidos. Precisamente, todo el espectáculo trata de reencuadrar el concepto de “America”, que hasta ahora la narrativa dominante había conseguido reducir un término de talla continental a únicamente un país.
En la lucha de Benito por poner en valor una América plural, atravesada por memorias, historias, culturas e identidades diferentes, la lengua cumple un papel central. Al no explicarse ni adaptarse, el español deja de ocupar un lugar subordinado y pasa a cuestionar la hegemonía simbólica del inglés dentro del espacio público estadounidense. De esta manera, aunque Estados Unidos controle el escenario, el formato y la difusión global del evento, ya no consigue controlar el contenido simbólico y político que circula a través de él. Bad Bunny consigue resignificar la Super Bowl, introduciendo una identidad latina que no se ajusta al marco tradicional de representación estadounidense, desafiando la narrativa y los prejuicios hegemónicos en un momento donde la comunidad latina dentro del país está pasando verdadero miedo y donde desde el inicio del último mandato presidencial, ser latino era un motivo de vergüenza y señalamiento dentro de la sociedad estadounidense.
Se puede afirmar que el show del medio tiempo subraya todo el mensaje que el artista lleva
trabajando desde hace mucho tiempo tanto en su discografía como en las decisiones extra-
musicales, entre otras no hacer su gira por Estados Unidos y, en su lugar, hacer residencia en Puerto Rico. Finalizar el evento con la frase “Together we are America” es más que una simple toma, es un grito de resistencia y orgullo latino. Es precisamente por eso que Bad Bunny se ha convertido, aun sin quererlo, en el referente de los latinos para poner en valor su lengua y su cultura, al mismo tiempo que visibiliza a toda una comunidad dentro de una narrativa que trata de criminalizarla.
Así pues, dando un golpe encima de la mesa se une a un grupo selecto de referentes de la lucha por la comunidad latina de talla mundial, como Maná en la música, Diego Luna en el cine o Ayrton Senna en el deporte, que tuvo que enfrentar los prejuicios de una competición dominada por europeos por tener y vivir la identidad latina. Estas figuras de distintos países y ámbitos evidencian que América no es un bloque homogéneo, sino una identidad plural que disputa espacios globales.